Miércoles, Septiembre 19 2018

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Vértice

  Hagamos las paces Solo los mezquinos pueden recibir con reservas y desconfianzas los nuevos aires de paz que refrescan la realidad nacional. Incluso, en medio de ataques de la misma guerrilla en zonas rurales de Cauca, Santander y Putumayo, y solo días después de los petardos que hirieron a seis policías y a un …

Vértice

 

Hagamos las paces

Solo los mezquinos pueden recibir con reservas y desconfianzas los nuevos aires de paz que refrescan la realidad nacional.

Incluso, en medio de ataques de la misma guerrilla en zonas rurales de Cauca, Santander y Putumayo, y solo días después de los petardos que hirieron a seis policías y a un periodista en Cali, atribuidos a bandas criminales, el anuncio del presidente Santos de unos contactos exploratorios con las Farc, llega como una suave brisa en medio de los acostumbrados vendavales de malas noticias.

Mucho cuidado que la propuesta de dialogar con los grupos guerrilleros sí es una buena noticia. Y no debió presentarse como una denuncia como lo hizo Álvaro Uribe, quien creyó que estaba destapando una olla podrida, donde criminales se habían confabulado para cometer la paz. Como si fuera un delito apostarle a la paz en Colombia!

El problema, y en eso no se debe equivocar el Presidente, es que cesar las hostilidades con la guerrilla y, de alguna manera, permitir que sus miembros se reintegren a la vida civil no es la paz. No hay que olvidar que el ELN existe y que hay facciones del EPL todavía en el monte. Sin su vinculación a los posibles diálogos, el campo seguiría en guerra.

Y, por otro lado, están los herederos de los grupos paramilitares. Sus maquinarias de guerra están ahí haciendo de las suyas: minería ilegal, narcotráfico puro y duro y extorsión urbana y rural son solo algunas de sus acciones actuales. Sin su desactivación no hay paz completa.

Colombia es un país de guerras. Y debe convertirse en un país de paces y por ellas hay que luchar. Desde el Presidente hasta el más humilde de los colombianos debemos ser conscientes de que a la paz con las Farc, le espera la paz con las otras guerrillas y a ésta, las más difíciles, las paces con los herederos de los grupos paramilitares.

Por ahora, debemos recordar las lecciones que nos han dejado dos de los últimos procesos de paz, el de El Caguán y el de Ralito. Primero, nada de zonas de distensión y segundo nada de negociaciones bajo la mesa. Todo de cara al país.

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