Lyan José Hortúa Bonilla, un niño de 11 años, estuvo secuestrado durante 18 días en zona rural de Jamundí, Valle del Cauca.
presuntamente por integrantes del Frente Jaime Martínez de las disidencias de las FARC.
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El miércoles 21 de mayo, Lyan fue liberado y entregado a la Defensoría Regional Valle, entidad que confirmó que Lyan se encontraba en libertad.
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“Las autoridades trasladaron al niño a un centro médico para evaluarlo. Está en buen estado de salud”.
Informó Iris Marín, defensora del Pueblo.
Su madre describió el reencuentro como “un milagro”, luego de casi tres semanas de angustia.
Así ocurrió el secuestro
3 de mayo: irrupción violenta en su casa
Cinco hombres armados y encapuchados ingresaron a la vivienda de la familia Hortúa Bonilla. En minutos, se llevaron al niño por la fuerza: Lyan estaba descalzo y sin camisa. Mientras unos lo sujetaban con fuerza, otros intimidaban con armas a sus padres. También secuestraron a una trabajadora doméstica, pero la liberaron horas después.
5 de mayo: investigación y recompensa
El Gaula de la Policía Nacional asumió la investigación. La Gobernación del Valle del Cauca ofreció una recompensa de hasta 200 millones de pesos por información que ayudara a encontrar al menor.
“El niño fue llevado a la zona montañosa de Jamundí”.
Afirmó el brigadier general Carlos Oviedo, comandante de la Policía Metropolitana de Cali.
Los padres afirmaron que no habían recibido amenazas ni intentos de extorsión. Sin embargo, por las características del hecho, las autoridades consideraron que se trataba de un secuestro con fines extorsivos. Todo apuntaba al Frente Jaime Martínez, estructura disidente de las FARC bajo el mando de alias Iván Mordisco.
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Movilización y presión ciudadana
6 de mayo: protesta en Poterito
Los habitantes del corregimiento de Poterito, lugar de residencia del menor, se movilizaron pacíficamente para exigir su liberación. A la jornada se unieron líderes comunitarios, religiosos, amigos y vecinos. Ese día, se difundieron imágenes del momento del secuestro.
12 de mayo: primeros puentes humanitarios
A una semana del secuestro, la Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo y organizaciones de Derechos Humanos empezaron a tender puentes humanitarios.
“Tenemos que mantener la esperanza y continuar los pasos para lograr su regreso”.
Manifestó el sacerdote Diego Fernando Guzmán, de la comisión de la Pastoral Social.
13 de mayo: más protestas y avances en el proceso
Las protestas se multiplicaron en Jamundí y otras localidades del Valle del Cauca. La comunidad exigió el regreso del niño y el cese de la violencia contra menores.
“Lyan tiene derecho a vivir ¡Libérenlo ya!”, se leía en una pancarta.
La alcaldesa de Jamundí, Paola Castillo, confirmó avances: “Los captores han mostrado intención de liberar a Lyan. No conocemos los detalles, pero hay conversaciones privadas en curso”.
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Clamor de una madre desesperada
16 de mayo: solicitud al presidente
Gerardo Mendoza, personero de Cali, pidió al presidente Gustavo Petro que facilitara las condiciones de seguridad para permitir la liberación a través de entidades humanitarias.
19 de mayo: testimonio de la madre
Angie Bonilla, madre del niño, le suplicó públicamente al presidente atención urgente. “Mi niño sufre de inflamación en los pulmones y no puede recibir atención médica. Pido misericordia, presidente, que me mire con compasión. El perdón ya está”.
También expresó un mensaje para su hijo: “Hijo de mi alma, eres un niño valiente. Gracias por estar firme. Sé que lo vas a lograr”.
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21 de mayo: el reencuentro
Después de 18 días de angustia, Lyan se reencontró con su familia en horas de la tarde. Una comisión humanitaria de la Defensoría del Pueblo recibió al menor y lo trasladó a la Clínica Valle del Lili.
“El niño se encuentra estable y continuará bajo supervisión multidisciplinaria para favorecer su pronto regreso al entorno familiar”.
Comunicado Clínica Valle de Lili.
22 de mayo: el luto llega a la familia
Un día después de la liberación, sicarios asesinaron a Antonio Cuadros primo del padrastro de Lyan, Jorsuar Suárez. Según fuentes cercanas al caso, él habría tenido contacto con los secuestradores y habría participado en la entrega del dinero para obtener la liberación del niño.
Reflexión: ¿qué sigue?
El secuestro de Lyan José refleja el drama que viven muchas familias en zonas rurales del país. También plantea preguntas sobre el rol de las comunidades frente a la extorsión armada.
Mientras Lyan inicia su proceso de recuperación física y emocional, su familia enfrenta un nuevo dolor: la pérdida de un ser querido sin esperanza de reencuentro.
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