Domingo, Noviembre 17 2019

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Uno y van…

El cierre de Noticias Uno, así como el despido masivo de periodistas, es una pésima noticia para la democracia, pues el periodismo con todos sus defectos y debilidades, es en efecto, el último bastión de los pueblos para ejercerla.

Uno y van…
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

A los más de 300 empleados de la casa Editorial El Tiempo despedidos, los 100 de Publicaciones Semana, otro tanto de medios regionales, y a los salarios de miseria sin cumplir las obligaciones de ley, se sumará en septiembre todo el equipo de producción y periodístico de Noticias Uno. La razón, la que esgrimen todos: situaciones económicas derivadas de la convergencia tecnológica y el nuevo modelo de producción de contenidos. Algo que pareciera estar cambiando el paradigma, sino de la comunicación, por lo menos del periodismo. Ninguno argumenta –ni más faltaba- problemas de censura emanados de la enorme concentración de la propiedad de los medios, en manos de los grandes grupos económicos.

Todos sabemos que ningún medio es independiente, que todos tienen diversos intereses, que ante todo son unidades de negocios y, como tal, organismos que dependen de un sinnúmero de variables y dinámicas que los sostienen en el mercado. Sin embargo, todos sin excepción venden la idea de libertad y de independencia, porque son los principios rectores del ejercicio periodístico que les generan credibilidad y rentabilidad. También sabemos, que una de las más efectivas formas de la censura, es el ataque jurídico o el bloqueo financiero. Si se trata de sacar de la competencia al adversario, somos santanderistas hasta los tuétanos; y si de quebrarlo, pues para eso están los poderosos torniquetes de dinero.

RCN y CARACOL pueden sobrevivir porque hacen parte de grupos económicos que operan como verdaderas sombrillas que cobijan diversos sectores y se colaboran estratégicamente para obtener beneficios. El manejo de la pauta publicitaria en los canales privados, podría asemejarse con la idea de esas personas que se pasan plata de un bolsillo a otro, por precaución o agüero, o aquellos jugadores de Hágase rico que mueven todas las fichas de su monopolio, para tener sus inversiones aseguradas. El otro gran proveedor de pauta es el estado, pero nadie va a invertir en un medio cuyas denuncias se convierten en publicidad negativa.

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Desconfianza

Hubo en algún tiempo en Colombia, variedad informativa. Desde la llegada de la televisión en el 54 y hasta la promulgación de la Constitución Política de 1991, en nuestro país hubo tantos noticieros como castas periodísticas. Y era posible hablar del noticiero de los Gómez o los Turbay y hasta el del M-19 o el de García Márquez. Algunos nombres: Noticiero Nacional, Noticiero 12:30, Noticiero Criptón, Noticiero AMPM, Noticiero de las 7, Noticiero 24 horas, Noticiero TV Hoy, Noticiero Cinevisión, Noticiero CM&, Noticiero QAP, NTC Noticas, entre otros. Pero con el cierre de Noticias UNO, la información en Colombia tendrá solo una cara: la de la moneda.

La noticia comprueba que a pesar de las denuncias y alharacas que puedan armarse en las redes sociales, en Colombia siempre pasa lo que se advierte. Aunque hasta la semana pasada su imagen desfavorable del 61% entre los colombianos, solo la supera Nicolás Maduro, hace 20 años que en Colombia ocurre lo que piensa, dice y hace Álvaro Uribe Vélez, el enemigo público número uno de Noticias Uno. Desconocer esta premisa, es como no reconocer que si bien ha sido acusado hasta la saciedad por un cúmulo de delitos tan amplio como su trayectoria, no ha sido vencido en juicio porque las pruebas suelen ser de índole ético y moral, pero no jurídico. O desconocer que la justicia ha llegado a tal nivel de cooptación, que puede hablarse del cartel de la toga.

El cierre de Noticias Uno, así como el despido masivo de periodistas, es una pésima noticia para la democracia, pues el periodismo con todos sus defectos y debilidades, es en efecto, el último bastión de los pueblos para ejercerla. Pero requiere de la diversidad e inclusión de múltiples voces. Habla muy mal de nuestra democracia que el noticiero más premiado y considerado en mejor de Colombia, se acabe. Y mal del periodismo, que el mismo noticiero entregue su acta de defunción con un lapidario argumento que notifica problemas financieros. No es una muerte natural, es una muerte provocada. Otra jugada a tres bandas: la política, la económica y la censura definitiva. ¡Carambola!

Como están las cosas, al periodismo colombiano solo le quedan el periodismo de opinión y el periodismo narrativo, para intentar buscar y comunicar la verdad sobre la compleja realidad nacional. Aunque el primero, debe leerse desde la pluralidad diseminada. Hay columnas y columnistas de todas las corrientes ideológicas, aunque los más leídos siguen en los medios tradicionales y poderosos, de modo que su influencia puede ser mayor. Así como se sacó la historia de los programas académicos, se sacaron los programas periodísticos de la televisión, el medio como mayor penetración e influencia. Nos queda pues, el periodismo que utiliza las herramientas literarias para hacerse notar y leer, pero debemos mejorar nuestros índices de lectura.

El panorama es desalentador. Un breve repaso por indicadores internacionales, muestra a una Colombia que como buena cáncer, cuando parece que avanza retrocede. Transparencia Internacional nos ubica como un país corrupto. En una escala de 100 (muy limpio) a 0 (muy corrupto), el Índice de Percepción de Corrupción se mueve entre 30 y 39. Puesto 99 en una lista de 180 países. El Índice de Democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist clasifica a Colombia como una democracia defectuosa; el Índice Libertad en el Mundo elaborado por Freedom House, como parcialmente libre y el Índice de Libertad de Prensa, como uno con problemas significativos. ¡Uno se asombra!

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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