Viernes, Diciembre 14 2018

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Una Miranda Diferente, por ‘J.J.’ Miranda

  De cuando el diablo se fue del América   Buscar explicaciones a por qué el América está a punto de quedarse un año más en la B no es fácil, si queremos ser simplistas señalemos solo a jugadores y cuerpo técnico como responsables y concluyamos, cómodamente, que por su incapacidad tienen al equipo a …

Una Miranda Diferente, por ‘J.J.’ Miranda

 

De cuando el diablo se fue del América

 

Buscar explicaciones a por qué el América está a punto de quedarse un año más en la B no es fácil, si queremos ser simplistas señalemos solo a jugadores y cuerpo técnico como responsables y concluyamos, cómodamente, que por su incapacidad tienen al equipo a punto de seguir en la más profunda fosa. Pero, hurgando un poco más, el análisis puede estar atravesado por detalles tan humanos como espirituales.

A los cabaleros no les debería sonar extraño que la época dorada del equipo llegara, curiosamente, cuando el médico Gabriel Ochoa Uribe “expulsó” al diablo del escudo. Es probable que el exitoso entrenador entendiera que no era suficiente el poder económico o tener una nómina de lujo, también era necesaria esa “ayudita” que viene de quién sabe dónde. Años después el diablo volvió y aunque los títulos no desaparecieron, tal vez una que otra visita al templo hubiese ayudado.

Pero para quienes no creen en cosas del más allá y tienen sus pies bien puesto sobre la tierra, podría ser suficiente con hablar de malos manejos administrativos que, luego de la salida del gran mecenas, hicieron que el equipo se fuese empobreciendo, sumado a la tan maligna Clinton que cerró la posibilidad de mantener la grandeza, sin embargo, y pongo de nuevo a la “curiosidad” como testigo, durante la permanencia en tan funesta lista, el América consiguió tres títulos nacionales, uno internacional y llegó a su cuarta final en Copa Libertadores.

Ya sea por haberse alejado del “Dios Todopoderoso” o por la terrible combinación del “patrón” en la cárcel y el equipo en la Clinton, cada que comenzaba una nueva temporada las contrataciones se iban distanciando de lo que necesita un equipo grande para seguir siéndolo, a la dirección técnica comenzaron a llegar entrenadores con preparación académica, pero faltos de lo que una institución como el América necesita para conducirla.

En el 2011 llamaron a filas a los veteranos generales, “tigre” Castillo, Jersson González, Julián Viáfara y otros, para que defendieran el territorio que la institución estaba a punto de perder, pero como en una tragedia griega, las tropas rojas sucumbieron y se hizo realidad la más grande pesadilla.

Los dos recientes años han sido de ilusiones y sufrimientos, ambos sentimientos del mismo tamaño y, sobre todo de indolencia de quienes deberían haber regresado al equipo al sitio que merece.

Hoy dirigentes, jugadores y técnicos repiten frases incoherentes que riñen con lo que se ve en cada partido, hablan de sacrificio, entrega, respeto, pero en el campo lo que muestran es impotencia, falta de garra e incapacidad para hacer respetar la camiseta, dejándose superar por rivales inferiores en todo, absolutamente en todo y eso para el hincha es lo más insoportable.

Lo aficionados ven como el equipo de sus amores, ese que llegó a ser el segundo del mundo, el América de las 13 estrellas, del pentacampeonato, el rojo de Montaño, Volken, Paz, Pascutini, Bataglia, Cáceres, Falcioni, Gareca, Cabañas, Willington, Antony, Da Silva y Ochoa Uribe, vive del recuerdo de años dorados, de esa época en la que el diablo se fue del escudo, cuando los dirigentes sabían contratar y cuando hablar del América era sinónimo de verraquera, esa que ahora solo sienten los hinchas cuando ven al equipo del presente.

 

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Una Miranda Diferente, por ‘J.J.’ Miranda

 

Falcao, un niño que nació para ser grande

 

“Mi sueño como futbolista es ser alguien famoso, salir de Colombia, aportarle a los niños de Colombia cuando esté grande…”. Esas palabras eran pronunciadas por un pequeño que con  solo 11 años de edad ya era figura de la copa “Tittu frutti”, torneo en el que marcó más de 50 goles en 15 partidos, una cifra premonitoria. Su nombre llamaba la atención, era poco común y para algunos, hasta gracioso: Radamel Falcao, el hijo de Radamel, un ex futbolista recio, que como central se destacó en Unión Magdalena, Santa Fe, Tolima, Atlético  Bucaramanga y Deportivo Táchira de Venezuela, entre otros, pero su muchacho estaba para cosas más grandes.

No es necesario ir paso a paso por el camino de la vida de Falcao, basta con decir que gracias al fino ojo de Silvano Espíndola, este niño fue enviado para Argentina donde adelantó estudios en la academia de River Plate, equipo que lo formó en sus categorías menores hasta que llegó a primera. Su ascenso en el fútbol es tan grande como su capacidad goleadora, Gonzalo Ludueña, compañero de Falcao, le puso “tigre” debido a un premio que le dieron a  Radamel por ser la figura de un partido que ganó River en el torneo de séptima división ante Huracán con dos goles suyos, desde entonces ese sobrenombre se integró a su identidad.

Lo demás es historia conocida, sus goles con el cuadro millonario, su paso a la liga portuguesa donde se hizo ídolo de la hinchada de Porto, su incuestionable talento como goleador, su llegada a la “liga de las estrellas” para ponerse la camiseta del Atlético de Madrid donde tuvo que luchar contra todo, incluso contra los hinchas del equipo que no lo recibieron de buena gana, pero que hoy tratan al “tigre” como su niño mimado.

No tengo la menor duda de que Falcao García es el mejor futbolista colombiano de la historia, sus números, sus goles, su reconocimiento, sus títulos, sus records, su despliegue, el estar entre los candidatos para ganar el balón de oro y especialmente su comportamiento personal hacen que podamos ponerlo como ejemplo a nuestros hijos y decirles: “hagan como Falcao”, y así ese pequeño de escasos 12 años que alguna vez soñó con aportarle algo a los niños de Colombia hoy puede sentirse con la misión cumplida y eso que aún falta mucho más.

Por último, si Messi y Cristiano son calificados como extraterrestres, para mi Falcao Garcia es el más grande de los terrícolas.

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Una Miranda Diferente, por ‘J.J.’ Miranda

 

El “pase” de Wílder Medina

 

Leo algunas columnas, escucho a algunos colegas, veo algunas notas de televisión y confirmó que nuestra sociedad tiene muy poca capacidad para construir, en cambio cuenta con una aberrante habilidad para juzgar, criticar y señalar.

Hoy, Wílder Medina es visto como un delincuente. Pocos se han puesto en el lugar del jugador para entender que este es el momento de rodearlo, eso sí, quien primero que debe ser conciente de su problema es él, pero eso no significa que a un talento de nuestro deporte se le deje solo, al contrario, Wílder necesita hoy más acompañamiento que nunca.

Gabriel Camargo, máximo dirigente del Tolima, manifestó que a Medina se le han dado todas las oportunidades, que se le acompañó en un proceso de rehabilitación, pero ya no pueden ayudarlo más. Mi pregunta para Camargo es: ¿Pensaría igual si quien estuviera en ese problema fuese un hijo?, tal vez no, a lo mejor el señor Camargo le dedicaría todo el tiempo, la dedicación y la paciencia necesaria. Y me surge otra pregunta: ¿No son los jugadores de fútbol como hijos de los equipos o es que los futbolistas sólo son importantes, para los mal llamados clubes, cuando representan negocio? Hoy Wílder Medina, como futbolista no vale un peso, tal vez por eso ya no importa ayudarlo en su necesaria rehabilitación.

No he visto el resultado de las famosas pruebas internas que demuestran el consumo de cocaína de Wílder Medina, es más no me importa si el jugador hace o deshace con su vida, pero veo con tristeza como una familia tiene a uno de sus seres más queridos dando vueltas en un remolino, y los que pueden darle la mano, en vez de hacerlo, le arrojan un yunque.

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Una Miranda Diferente, por ‘J.J.’ Miranda

 

Silencio en la noche, ya todo está en calma

 

Así comienza uno de los más famosos tangos del histórico Carlos Gardel, una canción que pareciera haber sido escrita para el momento por el que atraviesa la selección Colombia.

“El músculo duerme, la ambición descansa”. Los músculos de los jugadores que como verdaderos gladiadores le han demostrado al país que sólo con entrega se le puede dar descanso a la ambición de llegar al mundial de Brasil 2014.

“Un clarín se oye, peligra la patria”. Antes de la llegada de Pékerman sonaban ruidos de eliminación, generados por la preocupante actuación de un equipo que había perdido el norte, peligraba la clasificación de la patria a la máxima cita del fútbol mundial, pero con el entrenador argentino el panorama ha cambiado.

“Hoy todo ha pasado, florecen las plantas, un himno a la vida los arados cantan”.  Ha pasado la angustia, atrás se quedaron las críticas por los malos resultados ante Argentina y Venezuela, para dar paso a los aplausos y elogios por el trabajo, a veces incomprendido, del “malevo” gaucho. Hasta los arados cantan con fuerza el himno de un país que ve cercana la meta, sin desconocer que aún falta la segunda vuelta de la eliminatoria.

“Silencio en la noche”. Silencio también para la prensa, que señaló de forma ruda las decisiones de un técnico que por ahora cumple con un rendimiento del 75% , después de haber disputado 4 juegos de eliminatoria con 3 victorias y una derrota. La crítica debe guardar silencio, aunque se mantenga agazapada esperando el momento para saltar sobre la presa, pero por ahora, nobleza obliga: buena esa, don José.

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