Lunes, Julio 23 2018

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Un TAL Osshun

No se merca con el prestigio, aunque sí se tocan puertas con las estatuillas, las placas y los trofeos. A veces se abren. Otras veces esos símbolos se llenan de polvo en alguna repisa o de miradas lascivas en la vitrina de alguna empresa de medios. Siempre llenan de satisfacción.

Un TAL Osshun

Los buenos realizadores de televisión están condenados a ganarse premios y el resto, a trabajar en medios de comunicación. Suena a contradicción, porque esa gran mayoría tiene a lo sumo -en medio del acelere de la producción mediática-, un par de veces al año el tiempo y el espacio para hacer algo reposado -léase bien pensado-, que valga la pena poner a concursar. Muy poco en los noticieros, casi nada, aunque más frecuente en otros formatos. Y aun así, se ganan reconocimientos. Representados en algo de prestigio, pero casi nunca en dinero. Pero no se merca con el prestigio, aunque sí se tocan puertas con las estatuillas, las placas y los trofeos. A veces se abren. Otras veces esos símbolos se llenan de polvo en alguna repisa o de miradas lascivas en la vitrina de alguna empresa de medios. Siempre llenan de satisfacción.

Pero los realizadores -esos que no trabajan en medios-, son los que andan a la caza de proyectos, al acecho de estímulos y licitaciones, de convocatorias y concursos para hacer televisión de alta calidad. O por lo menos, con el tiempo y los recursos convenientes. Y ellos suelen ser los llamados a recibir los premios. Aunque esa independencia es dura. Difícil. De recursos que deben estirarse. Es la realidad laboral de los periodistas. Quienes tienen un contrato y cierta estabilidad laboral, trabajan avasallados por la producción en serie, por el cubrimiento permanente de noticias prefabricadas, impuestas por los editores y el medio. Un periodismo de reacción que no construye contenidos, sino que falsea realidades. Una prueba de esta premisa, es que ningún corresponsal de noticiero nacional alguno, estuvo nominado en la edición 37 de los Premios Alfonso Bonilla Aragón que se entregaron anoche en Cali. Su calidad se mide por hacer lo que les mandan.

Por eso cuando Maurice Armitage -de nuevo con la voz entrecortada y sus ojos a punto de las lágrimas- hizo un llamado a los directores de medios (debió hacérselo a los propietarios) para que repensaran en los sueldos de los periodistas -cuya labor reconoció como mal paga-, el silencio ensordeció las instalaciones de Metrocali donde se desarrolló la ceremonia. Molesto me llamó un camionero a preguntarme de dónde había sacado el alcalde que un chofer de tractomula se ganaba más de un millón doscientos mil pesos. Es empresario le dije, no sin antes advertirle que los dos ganan mal. Y que es más fácil manejar un camión de 22 ruedas, que hacer buen periodismo. Lo sencillo es echar a rodar una noticia u ordeñar una chiva.

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Por eso los dos están condenados. Porque es tan complejo trabajar amarrado a las dinámicas empresariales de una profesión que es humanista, como laborar de forma independiente en un escenario donde hacer empresa es una labor titánica y quijotesca. Los independientes se gastan la mitad de lo poco que se ganan en contadores y abogados. Hacer un documental es poco comparado con llenar un pliego o cumplir con la documentación ante la Dian. El diseño de la estructura de una producción audiovisual, es nada comparado con las complejas tareas administrativas que les impone disponer meticulosamente de los recursos que les entregan.

Así trabajan Osshun Televisión y Cuervo producciones. Así trabajan Harold Romo y Rodrigo Cuervo. Así trabajan muchos periodistas en Colombia que tomaron la temeraria decisión de no trabajarle a un medio de comunicación, sino de producirle contenidos. Así trabajan dos amigos con los que anoche tuve la fortuna de compartir la nominación en la categoría de Mejor Documental en los Premios ABA 2017. Ganó el mejor, que podría haber sido cualquiera. Se llevó los laureles ´El día que secuestraron a los diputados´. Una excepcional pieza reflexiva en torno del cubrimiento periodístico de uno de los episodios más nefastos de este conflicto que pareciera acercarse a su fin.

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Otro reconocimiento para Osshun Televisión, para Carlos Alberto Castaño, para Lucía Cedeño, para Jorge Mario Rodríguez, para Guillermo Arias, para todo un equipo de luchadores que no olvidará el 2017. Fueron nominados al Premio Simón Bolívar en Bogotá, se ganaron el Premio (TAL) Televisión de América Latina en Montevideo, el más importante galardón del gremio al que se postularon 182 producciones de 22 países; y que anoche se alzaron con el Bonilla Aragón. Con razón Harold Romo director de este combo escribió en su estado: “Ayer un reconocimiento más, hoy a seguir trabajando”.

10 años de experiencia acumulada en más de 40 producciones audiovisuales entre proyectos, series y unitarios para Señal Colombia, Discovery Channel, Ministerio de Cultura y el Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC) de Colombia, entre otras entidades e instituciones. Una década de siembra que ha comenzado a dar frutos. Un reconocimiento más al esfuerzo, al sacrificio, a la responsabilidad, a la constancia, a la disciplina y al trabajo de quienes optaron por ser sus propios jefes.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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