La microbiota se ha convertido en uno de los conceptos más relevantes para entender la salud humana en la actualidad. Aunque muchas veces pasa desapercibida, su impacto en el bienestar general es profundo y constante.
Se trata, en términos sencillos, del conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, especialmente en el sistema digestivo.
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Asimismo, de acuerdo con la médica funcional Valentina Díaz, la microbiota está compuesta principalmente por bacterias, pero también incluye virus, hongos y otros microorganismos que cumplen funciones esenciales:
“Son microorganismos que nos van a aportar cosas benéficas para la salud y van a contribuir a que diferentes funciones del cuerpo se puedan dar”.
Explica.
Lejos de ser algo negativo, esta comunidad microscópica es clave para procesos como la digestión, la absorción de nutrientes e incluso el funcionamiento del sistema inmunológico. Además, su presencia no es reciente: comienza a formarse desde etapas muy tempranas.
“Se empieza a formar desde el vientre materno y se va modificando con nosotros a lo largo de la vida”.
Señala Díaz, destacando que su evolución depende de múltiples factores como la alimentación, el entorno y los hábitos diarios.
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Justamente, este ecosistema interno nos acompaña durante toda la vida, por lo que su estado influye directamente en la salud física. Según estudios recientes, también en la salud mental, puesto que el intestino es considerado ‘el segundo cerebro’.
¿Cómo mantenerla equilibrada?
Según la experta, esto se logra cuando existe una mayor proporción de bacterias beneficiosas frente a aquellas que pueden causar enfermedades:
“Es importante que haya un balance donde predominen las bacterias benéficas sobre las patógenas”.
Afirma.
Para lograrlo, uno de los factores más determinantes es la alimentación. Dietas ricas en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados ayudan a fortalecer las bacterias buenas. De igual manera, la experta profundiza en esto en Vida Sana, espacio del Noticiero 90 Minutos:
También influyen hábitos como el manejo del estrés, la calidad del sueño y la actividad física. Un estilo de vida saludable favorece un entorno adecuado para que la microbiota cumpla sus funciones correctamente.
En definitiva, cuidar la microbiota es cuidar la salud desde adentro. Mantenerla en equilibrio no solo previene enfermedades, sino que también mejora la calidad de vida, recordando que incluso los organismos más pequeños pueden tener un impacto enorme en nuestro bienestar.
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