Lunes, Mayo 20 2019

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Tragarse el sapo

Uno que dibujan como cerdo y al otro como sapo. Y si hay que tragárselo, como se debieron tragar muchos sapos quienes derrotaron a Hitler y salvaron al mundo del nazismo, pues hay que tragárselo.

Tragarse el sapo
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Colombia da para todo, para noticias falsas -una estrategia tan vieja como efectiva- y para falsos análisis. Casi todos viciados, amañados, sesgados, ideologizados. Éste no será la excepción, pues la interpretación está anclada en un descreimiento casi absoluto del buen ejercicio de la política. Con Duque y Petro en la segunda vuelta, Colombia sigue en la misma vuelta: polarizada. Una propuesta con el proyecto de país que es la respuesta profunda que necesita la nación en este momento histórico y otra que es más de lo mismo. Solo una ganará. Entonces varias mentiras comienzan a instalarse en el colectivo para lograrlo. Como se instaló aquella de que las Farc, con sus lingotes de oro y dinero a raudales, comprarían la presidencia para Timochenko. Y la rosa marchitándose.

Que Fajardo es el gran ganador. Falso. Perdió, no está en primera vuelta. Es un eufemismo simplista. Y un barato premio de consolación decir que con esta votación ganaron él y la democracia. Carreta. Aunque es paisa y admirador del Uribe gobernador de Antioquia: perder es ganar un poco. Ni a Carlos Gaviria, ni a Antanas Mockus, ni a ningún perdedor en Colombia que haya sido alternativa a lo tradicional, le alcanza el impulso para dentro de cuatro años (Quien mejor lo sabe es Uribe: ayer Zuluaga hoy Duque. Y Pastrana, que esperó cuatro años y a la sombra de un elefante llegó a la Casa de Nariño). Colombia vota por emociones, por momentos, por impulsos apasionados y no por análisis racionales. Por miedo, por viejos odios y torpes remedios. También por rabia, porque es un pueblo beligerante y camorrero. Y por plata.

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Que Fajardo ganó en Bogotá y eso comprueba lo mal alcalde que fue Petro. Falso. Petro prometió más de lo que ejecutó, pero ahí están las cifras para contrastar la versión de la prensa bogotana, que hoy enfrenta -como sus dueños y la élite capitalina- un gran dilema: aceptar que el finquero se les meta otra vez al club o escoger al pobretón que debe siete meses de administración en su conjunto. No hace malo a Fajardo que Duque haya ganado en Medellín y en Antioquia. Tampoco hacen malo a De la Calle sus resultados. Es un hombre digno y un caballero probo. En cualquier país civilizado del mundo se le agradecería haber detenido el baño de sangre y se le daría la oportunidad de gobernar esta fosa común. Es arrogante Petro nos dicen los medios privados, pero callan la patanería de Vargas Lleras. Populistas y demagogos son todos, sin excepción.

Que las maquinarias ya no funcionan. Falso. No le funcionaron a Vargas Lleras, porque las elecciones presidenciales no operan como las mal llamadas parlamentarias (no tenemos Parlamento, sino Congreso). En aquellas la maquinaria se aceita con cargos. Funcionarios públicos que recogen votos para no perder sus puestos y dirigentes que reclutan para no perder sus beneficios. Cacaos y contratistas inyectan recursos que recuperarán con creces. Firmas no son votos, eso son cuentas chimbas, diría el billonario patán. Y tampoco le funcionaron a De la Calle, porque Gaviria y Santos exprimieron su jugo y después escupieron la fibra. Siempre piensan más en el futuro propio, que en el de la nación. Hay unos delfines que alimentar y una insaciable sed de poder.

Que el bipartidismo colombiano está muerto. Falso. Es tal vez la más grande de las mentiras que nos repiten por estos días. Se corea como un verso feliz, tal vez para hacer olvidar la novela de terror que desató: la Violencia de los años cincuenta, esa de la que apenas intentamos recuperarnos. Ni el partido liberal ni el conservador han desaparecido. Se han mimetizado. Como el camaleón se han camuflado. Como la serpiente que tras engullir duerme para cambiar de piel y poder crecer. Uribe, Santos y Vargas Lleras, son liberales de cuna. Martha Lucía Ramírez es conservadora. Ahora utilizan otros alias: Cambio Radical, Partido de la U, etc. Y lejos están de ser partidos, ahora más que nunca son empresas electoreras partidas en feudos politiqueros que funcionan para obtener votos y acceder a la inmensa y escurrida teta del Estado. Las lentejas se han convertido en mermelada. Todo cambia. Ni auxilios parlamentarios ni cupos vindicativos. Otro nombre vendrá. Hemos avanzado, ya nadie se mata por un trapo rojo o azul. Ahora se insulta en las redes.

Que vencimos el abstencionismo. Falso. Sigue siendo uno de los más altos de la región. Que votaron más por Duque que por Zuluaga o Santos hace cuatro años. Si, éramos menos en 2014. 47% del censo electoral no concurrió a las urnas. Es una cifra muy inferior para un país cuyos líderes pregonan el cambio de rumbo democrático. Que triunfó la Registraduría. Si es solo por entregar resultados a tiempo a una sociedad inmediatista sí. Si por otras razones que la MOE declaró, habrá que esperar resultados de las denuncias y posteriores investigaciones. Las redes atrapan y a veces motivan. Hoy estamos más informados -no mejor-, y eso ayuda.

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Que ganaron las encuestas. Falso. Bien nos dejó dicho Álvaro Gómez Hurtado, que éstas son como las morcillas: es mejor no saber cómo se hacen. Una frase adaptada de las salchichas de Otto Von Bismarck, que nos recuerda que más que recoger información para elaborar un pronóstico, manipulan los datos para imponer un orden. Las encuestas siembran una idea y su germinación depende de qué tanta tierra tiene el elector en su cabeza. La basura es un excelente abono.

Que Petro nos llevará al Castrochavismo. Falso. Es como asustar a un niño con el coco. Ni Castro ni Chávez están vivos. Yo a carta Cabal, no sé si estarán en el infierno (¿existe?), pero no me asustan. Petro no tiene ni el carisma, ni de los militares su apoyo, ni Colombia el petróleo, para pensar en la posibilidad de un régimen absoluto. Uribe en cambio, tiene hoy mayoría en el legislativo; si Duque triunfa tendría en sus manos el ejecutivo; y el próximo año se haría con el poder el judicial al unificar las altas cortes. Razón tiene el títere en llamarlo presidente eterno.

Que toda la propuesta de Petro es nueva. Falso. Retoma ideas que nunca se concretaron. Un acuerdo sobre lo fundamental (Álvaro Gómez Hurtado); un proceso para transformar a Colombia que tomaría 20 años y supondría el concurso de todos los partidos (Luis Carlos Galán); y de una redistribución de la tierra con una reforma integral (Alfonso López Michelsen). Lo propone un ex guerrillero que dejó las armas hace 28 años. Que las tomó cuando en contubernio Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana Borrero le robaron las elecciones a Rojas Pinilla en el 70. Un títere militar puesto por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo para acabar con la Violencia que ellos mismos habían creado.

Que Uribe es el gran elector. Falso. Es como escoger empresario del año a un narcotraficante. Un contrasentido a los valores éticos y morales. Así como es el gran colombiano porque un concurso diseñado para que lo ganara lo determinó, tampoco puede ser el gran elector quien apela al todo vale para hacerse con el poder. No solo no juega limpio, sino que es sucio. No tiene pasado sino prontuario. No puede ser el gran elector, no al menos en una democracia madura, honesta, transparente y real. Estamos ad portas de un Frente Nacional de 20 años. Y todos sabemos las nefastas consecuencias del pactado por Lleras y Gómez. Más que un congelador político, una morgue de 16 años que se prolongó hasta 2016.

Que Duque es el cambio. Falso. Es el continuismo y, pero aún, el unanimismo. No estamos ante dos males. Estamos ante dos hombres que encarnan doctrinas diferentes. Uno sin criterio y el otro con carácter. Uno que recita y el otro que argumenta. Uno muy chusco, dicen las señoras bien de Rosales; y el otro muy feíto. Uno que dibujan como cerdo y al otro como sapo. Y si hay que tragárselo, como se debieron tragar muchos sapos quienes derrotaron a Hitler y salvaron al mundo del nazismo, pues hay que tragárselo. Pasa con el uribismo lo mismo que con el chicharrón, hay una parte de la sociedad que ya no lo soporta.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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