Domingo, Junio 17 2018

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Tema Aparte, por Élmer Montaña

  El viacrucis de Buenaventura   Los ojos del país están puestos en Buenaventura a raíz de los brutales crímenes cometidos por las bandas que se disputan el control territorial del puerto. El Gobierno Nacional dispuso la militarización de la ciudad, pese a lo cual siguen apareciendo cuerpos descuartizados bajo las construcciones de palafito. El …

Tema Aparte, por Élmer Montaña

 

El viacrucis de Buenaventura

 

Los ojos del país están puestos en Buenaventura a raíz de los brutales crímenes cometidos por las bandas que se disputan el control territorial del puerto. El Gobierno Nacional dispuso la militarización de la ciudad, pese a lo cual siguen apareciendo cuerpos descuartizados bajo las construcciones de palafito. El horror que causa esta práctica obligó a acuñar calificativos para suavizar la realidad. Se habla de “casas de pique”, por no decir “casas donde se torturan y descuartizan vivos a seres humanos”. Consideraciones estéticas con la sensibilidad del público.

Pero los criminales en Buenaventura no son únicamente esos depravados descuartizadores, que actúan en cumplimiento de una premeditada estrategia que tiene como objetivo aterrorizar a los adversarios, pero sobre todo a la población para someterla a la voluntad de las organizaciones delincuenciales.

También son iguales o peores criminales los políticos, empresarios, contratistas, servidores públicos que a lo largo de décadas han saqueado al municipio, gozando de la más afrentosa  impunidad.

Estos criminales gozan de libertad y prestigio y cuando son expuestos ante la opinión pública, cuentan con un ejército de rábulas de poca monta y periodistas desvergonzados que les protegen la imagen y los blinda de las acciones judiciales mediante la socorrida estrategia de denunciar al denunciante, desprestigiar al quejoso, intimidar a los testigos y atacar la prensa libre e independiente.

Para esto cuentan con funcionarios judiciales que engavetan las investigaciones o contra toda evidencia los premian con absoluciones o archivos de los procesos. En décadas no se han producido sentencias condenatorias contra los funcionarios y contratistas de la administración municipal comprometidos en innumerables actos de corrupción.

Los crímenes de corrupción en el puerto no son la excepción sino la regla. Es necesario que se comprenda que esto es así porque no hay sanción ni de la aparato de justicia ni de la sociedad. Ayer señalado de corrupto, hoy distinguido empresario o político influyente. Ayer denunciante hoy paria perseguido y devastado por las acciones judiciales emprendidas en su contra.

La falta de comprensión sobre este aspecto lleva a conclusiones ingenuas, metafísicas y hasta racistas. Por eso se dice que basta con la militarización para recobrar la paz y la tranquilidad, otros afirman que es cuestión de mala suerte y no falta quien atribuya el problema a una especie de salvajismo propio de la raza.

No se trata de encontrar la causa principal, ni la raíz del problema, sino de saber cómo enfrentar la situación actual, para evitar la destrucción de un conglomerado social, con una enorme riqueza cultural.

Lo primero es parar los asesinatos, de lo contrario se corre el riesgo que los porteños pasen del miedo a lo locura. El daño psicológico que produce en los habitantes el hallazgo de cuerpos desmembrados es impredecible. Una generación entera podría crecer con la convicción de que la piedad y la compasión no existen y que el exterminio brutal del otro es natural y necesario.

Pero al mismo tiempo el aparato judicial debe poner fin a la aberrante corrupción que reina en ese municipio. El asombroso informe del diario El País, recientemente publicado en dos entregas dominicales, tiene suficiente información como para que la fiscalía impute, sin demora, cargos a los funcionarios denunciados y a los insolentes contratistas que exhiben en las redes los fajos de billetes pagados por las obras que nunca construyeron.

http://www.elpais.com.co/elpais/valle/noticias/buenaventura-contratistas-cumplen-con-obras-pero-si-politicos

La novel directora de fiscalías de Buga[1], pero veterana e implacable luchadora contra la delincuencia, tiene la enorme responsabilidad de llevar justicia a Buenaventura poniendo tras las rejas a las hordas de saqueadores del erario. Solo a partir de ese momento podrá decirse que las cosas van a mejorar ese pedacito maravilloso de tierra que tiene derecho a la prosperidad.



[1]La dirección de fiscalías de Buga, tiene a cargo los fiscales de Buenaventura.

 

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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