Viernes, Junio 22 2018

Tema Aparte, por Élmer Montaña

  El alcalde de Cali, RODRIGO GUERRERO y la gerente de CORFECALI, LUZ ADRIANA LATORRE tomaron una histórica decisión al suspender, ojalá para siempre, la realización de la Cabalgata como parte de la Feria de Cali. Se trata de un ejercicio democrático de autoridad, en la medida que se impuso la defensa del interés general …

Tema Aparte, por Élmer Montaña

 

El alcalde de Cali, RODRIGO GUERRERO y la gerente de CORFECALI, LUZ ADRIANA LATORRE tomaron una histórica decisión al suspender, ojalá para siempre, la realización de la Cabalgata como parte de la Feria de Cali. Se trata de un ejercicio democrático de autoridad, en la medida que se impuso la defensa del interés general en remisión de particulares intereses. La Cabalgata degeneró hace mucho tiempo en la vitrina de la cultura traqueta, en detrimento de la ya deteriorada imagen de la ciudad y con grave peligro para jinetes inexpertos, sin pasar por alto el daño a hermosos equinos.

Hace varios meses publiqué en este espacio una reflexión que, con la venia del noticiero, me permito difundir nuevamente con el propósito de aportar elementos al debate que seguramente provocará la decisión del municipio.

 

Los Patrones de la Cabalgata

 

Durante la cabalgata del pasado 26 de diciembre sucedió un hecho inédito que sirve para comprender lo que está sucediendo en la ciudad. A la hora prevista por los organizadores oficiales salieron las autoridades locales y de policía montando hermosos corceles.  El grupo terminó en solitario el recorrido, mientras el grueso de los caballistas continuaron concentrados en el sitio de partida. El público tuvo que esperar cerca de dos horas para presenciar el inicio del desfile. ¿Qué sucedió? ¿Por qué la demora? La respuesta es para dejarnos con los pelos de punta: “los patrones no habían almorzado”.

Sin ningún recato, un personaje repitió una y otra vez la misma respuesta a quienes preguntaban cuál era la razón da la tardanza, incluso a emisarios del alcalde que no salían de su asombro.

Después vino el caos de siempre: jinetes borrachos, caballos lastimados y estresados, la turba trenzada en batallas de espuma, la policía impotente, grupos de caballistas colándose con la venía de los uniformados, jóvenes imperitos cabalgando potros ariscos, riñas y heridos.

La cabalgata se convirtió con el paso del tiempo en un espectáculo deprimente y en la expresión de la cultura mafiosa enquistada en la ciudad. No cabe duda que las organizaciones  de caballistas, que actúan de buena  fe, insisten en presentar un certamen ferial, pero debemos reconocer que es imposible controlar un evento donde “los patrones” imponen su voluntad de manera desafiante.

La trágica muerte de Paola Salazar, enmarcada en un evento controlado por “los patrones”, prueba que la ciudad se encuentra atrapada en una cultura mafiosa que se alimenta de la falta de autoridad, promueve la ilegalidad, estimula la corrupción de los servidores públicos y genera desconfianza en las instituciones. Una cultura mafiosa que tiene voceros oficiales que la defienden y atacan sin cuartel a sus detractores.

La peor expresión de esa cultura mafiosa es la violencia y las elevadas tasas de homicidios que nos ubican como la ciudad más violenta del país.

De nada sirve que aumentemos el pie de fuerza de la policía, si al poco tiempo son cooptados por los criminales. También resulta inoficioso pedir aumento de penas, si nadie se atreve a aplicarlas por miedo o connivencia con el crimen.

Hacer frente a la cultura mafiosa no es fácil. Se requiere en primer término establecer las causas asociadas a su surgimiento y permanencia. Pero sobre todo exige promover valores culturales que realmente nos identifiquen: respeto a la norma, acatamiento a la autoridad, confianza en las instituciones y control ciudadano.

Pese a las acciones estremecedoras del crimen organizado, hemos logrado algunos avances en la dirección correcta. El Gobierno Municipal ha puesto todo su empeño en disciplinar a los conductores de vehículos. Por encima de las salidas en falso del Secretario de Tránsito, la mayoría de los caleños aplaudimos que se ejerza autoridad en esta materia, sin contemplaciones, ni amiguismos. El resultado a mediano plazo es previsible: respeto a la norma y a la autoridad, por parte de los ciudadanos.

El mismo ejercicio de gobierno podría hacerse en otros aspectos, como por ejemplo la seguridad. Pero es claro que no hay voluntad política para encarar una situación a todas luces compleja y riesgosa.

Prohibir la cabalgata no pone fin a esta cultura mafiosa, pero le cierra espacios. El alcalde conoce bien el problema y sabe que la solución no es fácil. Pero estamos seguros que encontrará una alternativa que permita a los caleños y visitantes disfrutar de un espectáculo equino, sin borrachos, ni espuma y con menos “patrones”.

 

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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