Domingo, Diciembre 15 2019

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Sucia y aburridora

El éxito de un debate señores periodistas –y del periodismo mismo-, no está en las preguntas que se formulan, sino en las contra preguntas que surgen de respuestas sosas y prefabricadas.

Sucia y aburridora
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Así es la matrona en cuestión. La doña que muy oronda se pasea hace dos años por el país, pero que hace dos meses aparece hasta en la sopa. Se apellida presidencial y su nombre es campaña. Los dos adjetivos la resumen. Sucia en la forma y aburridora en sus contenidos. Con nuevos medios y viejas estrategias. Con espejos retrovisores, pero sin diseño de una ruta que conduzca al futuro. Con el todo vale como estandarte y sin atisbar –por ejemplo- en sus financiaciones. Con más publicidad que ideas y más propaganda que decisiones puntuales.

Noticias falsas a través de las redes y verdades a medias –que también son mentiras- en los medios tradicionales. Encuestas amañadas cuyos resultados se repiten disfrazados de análisis. Ahora se hacen llamar modelos de pronóstico. Columnistas que hacen lo propio cual escuderos. Fotografías que capturaron momentos y con las que se pretende capturar votantes o hacer que capturen candidatos. O promotores. Y las propuestas como respuestas a la vieja forma de hacer política: es decir, un listado de promesas inconexas. Trump y el Brexit les generan terror. Sus resultados claro, que contrariaron todas las encuestas.

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Hasta un periodista serio como Antonio Caballero –tan serio que resulta huraño- escribió dos columnas que por su contendido parecen salidas de la pluma y el costurero de Poncho Rentería o algún periodista de La Red: Fisiognomía y Tal como son. La una sobre la cara de los candidatos y la otra sobre sus atuendos. Las dos sobre la imagen, sobre el paquete, o la envoltura para que los LGTBI no se me vengan encima. ¿No hay acaso nada más para decir? ¿Se trata de decir algo diferente? ¿Están las audiencias saturadas? Todas las anteriores, porque reafirman el postulado del maestro Eduardo Galeano: “Jamás habíamos estado tan desinformados como en la era de la información”.

Hoy por hoy impacta más un meme que una columna. Más una mentira absurda, que una verdad inobjetable. Más un discurso recitado de memoria, que una idea que se deduzca de un pensamiento analítico estructurado. Es la extrañeza de estos tiempos. ¿Pero por qué en un país con tantas oportunidades en medio de este inigualable momento histórico, los candidatos hacen de todo, menos propuestas serias de cara a un futuro mejor? Creo que una de la razones -minúscula por demás-, está en los tales debates.

Ninguno, absolutamente ninguno, ha sido en esencia un debate. Ni los dos hechos por Telepacífico, uno en Buenaventura y el otro en Cali. Ni los dos hechos por Teleantioquia. Ni el remedo en el que Caracol se lavó las manos poniendo a estudiantes como carne de cañón. Ni el de Canal Capital. Ni lo que hace RCN. Ni el de la costa caribe. Insisto, ninguno. El formato es una copia burda de los debates gringos que son entre dos candidatos: un demócrata y un republicano. Y aquí lo que abundan son candidatos, algunos sin otra intención más que asegurar su feudo politiquero y clientelar.

La diferencia entre estos supuestos debates a lo sumo está en las diversas chicharras que avisan que el tiempo para la intervención ha concluido. O en su ausencia. Un moderador y varios periodistas. No hay exposición de ideas, solo listado de promesas. Para eso alcanza el tiempo. No hay defensa de las opiniones, solo acusaciones personales que profundizan la polarización. No hay argumentación, porque se esboza o se enuncia, jamás se profundiza. Cuando no es la chicharra es el moderador, la mayoría de las veces parcializado. Y en un par de casos, de una evidencia vergonzante. Alguien replicará que es un ejercicio de concreción, pero cuidado, son candidatos no poetas. Se necesitan propuestas, no eslóganes. Se elige a un presidente, no una pasta de dientes.

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De los periodistas varias cosas. En cada región importan alguien de Bogotá para darle altura y peso al debate, justificado por alguna alianza estratégica de medios. Digamos que la provincia rinde culto al centralismo y que en Colombia se confunde la descentralización administrativa con la regionalización, lo que no ha permitido construir un sentido de la identidad nacional. No nos pensamos como país y de ahí que pugna sea entre la capital y el capital. Nada más. Nadie más. Las regiones son unos trazados arbitrarios que dejan por fuera muchas lógicas y estos remedos de debate lo ponen en evidencia. El desafío es dejar de pensar como si la realidad fuera un reality, sin lucha de las regiones, sin paisas o vallunos, sin rolos y costeños… por eso como colombianos solo nos une la selección. Cuando gana por supuesto. Pero volvamos al asunto.

El éxito de un debate señores periodistas –y del periodismo mismo-, no está en las preguntas que se formulan, sino en las contra preguntas que surgen de respuestas sosas y prefabricadas. Y eso no sucedió en ninguno de los escenarios. Algunos entregaron ese deber a los candidatos para contra preguntar o replicar, que ellos utilizaron para atacar o defender, jamás para ahondar en el análisis.

Falta el Gran debate, el Debate final, el que haga Bogotá. Veremos más de lo mismo. Incluso peor, pues las mentiras repetidas una y mil veces habrán horadado la conciencia colectiva. Esta consorte sucia y aburrida llamada campaña, llevará a su amante de turno a la Casa de Nariño como presidente. El miedo ya no cundirá y la ignorancia no se dará por enterada de que Colombia no tiene palabra. Ojalá en algún tiempo veamos un verdadero debate en el que los candidatos se sometan al examen serio de grupos interdisciplinarios, conformados por personas que no teman cuestionar su andanada de promesas insulsas.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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