Viernes, Junio 22 2018

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Carranza en Caracol   A comienzos de la década de 1980 en Puerto López y Puerto Gaitán comenzó a oler a petróleo. Y luego, en breve, a sangre. A la ganadería tradicional se le cruzó la extensiva y a los pastos de ceba, las plantaciones con cultivos agroindustriales en tierras arrebatadas a los indígenas …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Carranza en Caracol

 

A comienzos de la década de 1980 en Puerto López y Puerto Gaitán comenzó a oler a petróleo. Y luego, en breve, a sangre. A la ganadería tradicional se le cruzó la extensiva y a los pastos de ceba, las plantaciones con cultivos agroindustriales en tierras arrebatadas a los indígenas guahíbos: caucho, eucalipto, maíz, caña de azúcar, palma de aceite, pino y teca. Como siempre, al poder se le sumó violencia y a la vida se le restó importancia. Había llegado allí, con su añejo olfato para los negocios, Víctor Manuel Carranza Niño, El Patrón, quien la leyenda ubica como el hombre más rico de Colombia antes de que aparecieran los narcos.

          Aunque las reales dimensiones de la vastedad de su imperio son tan misteriosas como su relación con los gobiernos que por espacio de 40 años le otorgaron licencias y concesiones, puede decirse al amparo de los documentos que llegó a tener propiedades registradas en doce de los 32 departamentos de Colombia. Boyacá y Meta fueron los más sólidos enclaves de su poderío.

          En la vía entre Villavicencio y Puerto López aún son símbolo las ruedas de carreta que ubicaba en la entrada de sus haciendas. Se destacan La Ponderosa (no se perdía la serie televisiva Bonanza), El Diamante y Las Margaritas. También La Ginebra y La Sesenta, las dos más extensas y que se comprobó servían como centros de operaciones y de descanso del grupo paramilitar Los Carranceros, que las utilizó también como cementerios. Solo en los Llanos Orientales se estimó tenía dos millones de hectáreas en las que pastaban dos millones de reses y una bestiada que superaba los 100 mil equinos e incluía mulas de paso fino colombiano. (Iván Cepeda, el padre Javier Giraldo y Alfredo Molano, entregaron datos y cifras escalofriantes en la presentación que hicieran del libro Víctor Carranza, alías “el patrón”  en abril de 2012 en el Salón Porfirio Barba Jacob en la Feria Internacional del libro de Bogotá).   

          Casi todo el resto en la vida de “El zar de las esmeraldas” era una incógnita: la cantidad exacta de su fortuna, de sus posesiones, sus mujeres, sus hijos no reconocidos, la custodia de sus esmeraldas más preciadas (Fura y Tena) y los muertos que tenía encima, o debajo. Siempre salió airoso en procesos judiciales que lo vincularon con una carpeta de delitos tan amplia como extenso el listado de sus enemigos. Sus defensas eran tan efectivas como costosas. Pocos se dieron el lujo de sobrevivir a enemigos como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Nunca durmió más de dos noches en una misma cama, en una misma casa. Un viejo de confianza era su cocinero. Debía probarle los alimentos. Nunca nadie sabía para dónde iba. Daba indicaciones con el dedo, señalando. Cuando le daba por tomarse unos tragos y montar de a caballo, lo custodiaban tres anillos de seguridad: el primero, uno privado que no permitía incluso que hombres del dos y tres se le acercaran, ejército y policía nacional.

          Salió ileso de los dos únicos atentados directos de los que fue víctima, según él gracias a quien fuera su patrona -espiritual por supuesto-, La Virgen de Chiquinquirá. Por eso el 4 de julio de 2009 cuando entre la vía entre Puerto López y Puerto Gaitán, sobrevivió a otro lance de la muerte, fortaleció una promesa que se levantaba silente. La construcción de una iglesia en Puerto Gaitán -un hervidero de codicia y depredación-, donde figura como mayor benefactor Pacific Rubiales. Se llama Catedral María Madre de la Iglesia y contó con la bendición del Nuncio Apostólico de Colombia para la época, Monseñor Aldo Cavalli.

          Por todo lo anterior, y mucho más, ya comenzó Caracol Televisión a calentar el ambiente para lanzar la serie sobre su vida, que contiene sin duda todos los ingredientes argumentales y dramatúrgicos necesarios para ser un éxito. Destaco dos: el niño campesino pobre, huérfano y miserable que se hace hombre multimillonario; y el hombre poderoso, con ribetes casi míticos, que con protección divina (Dios y la Virgen d Chiquinquirá) y sobrenatural (pactos y conjuros) sobrevive a todos los atentados en su contra. El canal privado se valió de una estrategia que -como algunos tipos de ganado- tiene doble propósito, y le ha funcionado. Por un lado, antes de que lo salpiquen o manchen comentarios como el que usted lee, lavan su imagen con el trabajo periodístico. Se valen del poco prestigio que aún le queda al ejercicio informativo para justificar su estrategia comercial. Ganar mucho dinero contando historias descontextualizadas. Lleno de lugares comunes y sin mencionar, por ejemplo, las relaciones de Víctor Carranza con varios presidentes de Colombia -incluido el actual-, el documental es una burda carnada. No profundiza y solo menciona de soslayo algunos de sus procesos judiciales, los coincidentes negocios con reconocidos narcos y la muerte violenta de todos sus enemigos. Desde hace casi medio siglo el llamado “Zar de las esmeraldas”, contó con la amistad de tradicionales familias políticas de nuestro país, lo que no es prohibido y mucho menos pecado; lo que sí es por lo menos denunciable, es que dichas relaciones le permitieron inmejorables prebendas que van desde acceder a títulos mineros, dádivas en términos de reducción de impuestos y la connivencia de sus grupos privados de seguridad con las Fuerzas Armadas y todos los organismos del Estado.    

          Cuando Carranza por fin murió, el jueves 4 de abril de 2013 a los 77 años, una niña en Puerto Gaitán descansó de su pesadilla. Oró y agradeció a la Divina Providencia. Cuando tenía nueve años El patrón la había “separado” con 500 mil pesos. Fue otra prueba de una conciencia y una próstata putrefactas.

          Veremos con qué sale Caracol sobre Carranza, más allá del Especial del domingo 7 de septiembre, si arrasa arrastrándose por el fangoso terreno del sensacionalismo y la apología a la violencia y el delito; o si gana rating aportando a la construcción de una nación que puede y necesita audiencias más y mejor educadas, con historias donde importe y se evidencie el contexto, donde los seres humanos no sean caricaturas y sobretodo, donde los malos no siempre sean los de abajo, o los que de allí surgen, y jamás las élites económicas y políticas.

 

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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