sábado, noviembre 28 2020

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Progreso

Escuche la canción y reflexione. Yo solo puse dos tildes.

No se trata de más donaciones sino de mejores dotaciones.

Progreso
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Progreso

 Hace 43 años, en 1977, Roberto Carlos le cantó al mundo desde el país más grande y hoy devastado ecológica y políticamente de Suramérica, lo que ahora la tierra grita en silencio. Brasil era por entonces meca diferencial de una música que funde el ritmo y la reflexión en varios géneros. Los clásicos de hoy eran atrevidas innovaciones con Chico Buarque, Vinícius de Moraes, Gaetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Milton Nascimiento y Toquinho, entre otros representantes de la bossa nova, ese género definido como la reformulación estética de la música popular brasilera que reduce la instrumentalización a los acordes básicos, pero sublima la lírica llevándola al plano intimista de un pensamiento reflexivo y simbólico. Roberto Carlos, Nilton Cesar, Simone, José Augusto, Nelson Ned o Miltinho, más románticos y comerciales, también se dejaron llevar por esa corriente y de la mano del español, nos dejaron temas como Progreso, que en cada línea es un manifiesto:

 Yo quisiera poder aplacar una fiera terrible

 Desde la Revolución Industrial las actividades humanas se han convertido en una amenaza para el equilibrio ecológico del planeta. Y ha ido de la mano encadena del capitalismo, esa fiera salvaje que salvo un par de comodidades civilizatorias avanza con sus fauces voraces de manera insostenible sobre la mayoría del mundo. En 50 años hemos modificado la tierra más que todos los hombres que nos han precedido. El mismo tiempo que le tomó a Colombia pasar de ser eminentemente rural a urbana y del bienestar promedio a la desigualdad abrumadora. De qué sirve un quédate en casa sino tienes casa. Un lávate las manos si no tienes agua. De qué la energía si conexión. Un trabaja sino hay empleo. De qué un aislamiento inteligente en una ignorancia provocada.

Yo quisiera poder transformar tanta cosa imposible

 Una de cada cuatro personas en la tierra vive como el hombre podía vivir hace más de seis mil años. 1.500 millones de seres humanos, más que toda la población de los países ricos juntos, sin los beneficios del desarrollo. Más de la mitad de los 7.300 millones de personas del mundo vive en las ciudades. Uno de cada seis seres humanos vive en la actualidad en un entorno precario, insalubre, sobrepoblado, sin acceso a las instalaciones necesarias de la vida común: agua, sanitarios, electricidad. Más del 78% de los pobres extremos de Colombia están en el campo y con estadísticas amañadas, la cifra del país ronda los diez millones. Casi el mismo porcentaje de quien tiene empleo en nuestro país y se gana apenas el mínimo. Pero según el director del Dane, con 900 mil pesos ya se es clase media.

 Yo quisiera decir tantas cosas que pudieran hacerme sentir bien conmigo

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 El progreso como hoy se entiende es el privilegio de los poderosos. Los muertos siempre son más entre los pobres. Volver a la normalidad sería la prueba de que esto servirá para poco. En Colombia el Covid19 ratificó entre muchas otras cosas que la pobreza se trepó a estratos superiores, esa absurda y decadente clasificación social. El capitalismo y la globalización han hecho metástasis. No van a desaparecer, la codicia es una característica de la especie que siembra miedo para cosechar dinero. De un momento a otro ya nadie se muere de cáncer, ni ataques cardíacos, ni diabetes, ni de tuberculosis, ni insuficiencia renal, etc. Solo de coronavirus. Se confirma el inmenso poder manoseado de los medios. La terrible condición humana de la mayoría. La crisis de las disciplinas y las franquicias del conocimiento. Los confines de la estupidez. Las trampas de la ignorancia y los errores de la arrogancia.

 Yo quisiera poder abrazar mi mayor enemigo

 No hay líderes políticos, sólo títeres del poder económico. Se gobierna para unos pocos y sus intereses. El 80% de la riqueza de las entrañas de tierra que se extrae en todas partes, la consume solo el 20% de la población. El 1% de los ricos del mundo acumula el 82% de la riqueza global y los gobiernos trabajan en procura de que esa realidad no cambie. Trump, Bolsonaro o Duque, son simples marionetas de Bill Gates, Jorge Paulo Lemann y Luis Carlos Sarmiento Angulo. La cuestión es que en Colombia nos mean y la prensa dice que está lloviendo, evocando a Pérez-Reverte. La primera decisión de este gobierno fue girarles 17 billones a los bancos del grupo Aval, en silencio. Luego Sarmiento Angulo dona 80.000 millones, casi nada comparado con el beneficio, y se grita. Y a futuro el país dejará de percibir en impuestos lo que a ese grupo le obliga la ley, otra vez silencio. Las transacciones digitales doblan su costo y la triangulación para menoscabar a los más pobres ha sido perfecta. Si esto no fuera delincuencia, yo los abrazaría. Piden aplausos, yo los escupiría.

Yo quisiera no ver tantas nubes obscuras arriba

 En apenas 40 años, la selva amazónica, la más grande del planeta, ha perdido 1/5 parte de su superficie. Sus árboles albergan ¾ partes de la biodiversidad, es decir, de todo lo que vive en la tierra. Proporcionan los remedios que nos curan y filtran el aire que necesitamos. Colombia tiene un pedazo, tan olvidado como Leticia y tan explotado como lo permiten el olvido estatal y el aprovechamiento desmedido de sus recursos. Se destruye lo esencial para producir lo superfluo. El maíz para producir combustible o engordar animales en nuestra altillanura, no para calmar el hambre de los azotados por la violencia. El cielo oculto por la contaminación. La capa de ozono derretida. El cemento negándole la absorción de agua a la tierra. En China se organizan excursiones para que los niños pisen la tierra sin cemento y en México para que conozcan el cielo azul. El smog matando más gente que el cigarrillo. Y en Colombia los Pájaros asesinos reencarnados en Águilas Negras.

 Navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares

 Desde 1950 el volumen de pesca ha pasado de 18 a cien millones de toneladas por año, o sea, cinco veces más. ¾ partes de las zonas de pesca están agotadas, en declive o al borde de estarlo. Casi todos los peces de gran tamaño han desaparecido porque no han tenido tiempo para reproducirse. El pescado es el alimento de base de una de cada cinco personas en este planeta. Importamos especies nativas como el bocachico. Y consumimos peces contaminados con mercurio, traídos de remotos lugares del mundo. La minería ahoga los peces y las mega represas su ciclo natural. En Colombia la subienda del rio Magdalena se redujo en solo 30 años de 100 mil a 8.000 toneladas de pescado. En nuestros mares pescan buques de todas las banderas y esta industria es más fuerte en Bolivia que no tiene mar, que en nuestro país que es el único de Suramérica con aguas en dos océanos.

 Y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comerciales

 Antes de 2050 ¼ de todas las especies que viven en la tierra podrían estar en peligro de extinción. Los casquetes polares han perdido el 40% de su espesor en 40 años. Podrían desaparecer antes de 2030. En Colombia las nieves de nuestros nevados ya no serán perpetuas. Hemos perdido el 46% de ellas. Los rayos del sol que el reflejo del hielo polar envía al cielo, ahora penetran el agua y la calientan. Si se derritieran, el nivel de los mares podría subir hasta siete metros. Durante el siglo XX subió 20 centímetros. Once de las 15 ciudades más grandes del mundo están a orillas del mar o de los estuarios de los ríos. El equilibrio ya está trastornado, los vientos y las lluvias. Todo. Nuestra explotación desmesurada de los recursos amenaza la vida de las especies y el cambio climático aumenta la amenaza. De los 100 kilómetros cuadrados de glaciares colombianos, apenas nos quedan 54 y un 30% podría derretirse en 20 años. Si el nivel del mar solo subiera la mitad de lo pronosticado en el siglo XXI, desaparecerían en buena medida ciudades como Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Buenaventura y Tumaco.

 Yo quisiera ser civilizado como los animales

 La vida, este milagro en el universo, empezó hace aproximadamente 4.000 millones de años. Y nosotros los seres humanos solo existimos desde hace 200 mil años. Somos la especie que más ha modificado su entorno y lo ha hecho sin conciencia colectiva, sin equilibrio, sin pensar en las repercusiones sobre los humanos, sobre las otras especies y sobre el entorno. La superpoblación es sinónimo del agotamiento de los recursos. Varias regiones y países prósperos del pasado son hoy el símbolo de la decadencia. Uno de cada cuatro mamíferos, un ave de cada 8, un anfibio de cada tres, está en peligro de extinción. Las especies se extinguen a un ritmo 1.000 veces superior al natural. Colombia es uno de los 12 países mega-diversos del mundo y el segundo en variedad de especies, 359 de las cuales se encuentran en peligro de desaparecer en las próximas décadas. De ellas 87 son de extinción inminente. Diez se han extinguido en los últimos 25 años.

 Yo quisiera no ver tanto verde en la tierra muriendo

 Hace menos de 10 mil años la agricultura lo cambió todo, fue la primera gran revolución que permitió la fundación de ciudades y la gestación del concepto de civilización. La agricultura sigue siendo el primer oficio del mundo. La mitad de la humanidad aun cultiva la tierra. Más de ¾ partes de esos seres lo hacen a mano. En el mundo solo el 3% de los campesinos posee un tractor. El Colombia hoy son héroes los que históricamente han sido abandonados y padecido todas las violencias, incluida la estatal. De cada 100 campesinos que viven en Colombia, 62 son pobres y 25 indigentes. La Colombia profunda es amplia pero estrecha la posesión de tierra, tanto como las posibilidades de producir y comercializar alimentos. Por eso la coca es la mejor opción para quienes no ven en ningún otro producto la rentabilidad y el bienestar para sus familias. Un producto incrementa siete veces su precio entre el campesino y su mesa. Y el cultivador es el que menos gana. Hoy es más barato traer un conteiner de China, que llevarlo de Buenaventura a Bogotá.

 Y en las aguas de ríos los peces desapareciendo.

 La agricultura extensiva y tecnificada acapara el 70% del agua que consume la humanidad. Se requieren 100 litros de agua para producir un kilo de papas. 4.000 para un kilo de arroz y 13.000 para un kilo de carne de res, sin contar el petróleo para la producción y el transporte. La escasez de agua podría afectar a 2.000 millones de personas antes de 2025. 500 millones de seres humanos viven en las regiones desérticas del mundo. Son muchos más que toda la población de Europa reunida. En Colombia el río Ranchería se desvió para regar el carbón y reducir las pérdidas, dejando sin agua a buena parte de los indígenas de Guajira. El agua para el ganado se prioriza en Montería o Valledupar. Para la caña de Azúcar en Valle del Cauca, para el fracking en Santurbán o para la represa en Ituango. Buenaventura tiene el potencial hídrico más grande del departamento y su población tiene agua por horas. Colombia pasó de cuarto a 15 en riqueza hídrica en 20 años.

Yo quisiera gritar que ese tal oro negro no es más que un negro veneno

 Con el petróleo empezó la era del hombre que creyó liberarse del tiempo para moverse a su antojo en el espacio. EE.UU. fue el primero en descubrir y aprovechar el llamado oro negro, bajo la atractiva ecuación de que un litro de petróleo produce la misma energía de cien pares de brazos durante 24 horas. El petróleo generó confort sin duda, pero unificó el modelo de vida que ya no pudo independizarse de él, aunque haya otras fuentes energéticas más baratas y con menos impacto sobre el planeta. El reloj de la vida late en función de la energía del petróleo. La potencia crea guerras y derrocas gobiernos en busca de petróleo. Lo ha hecho hace un siglo. Venezuela tiene las mayores reservas del mundo y a él se le están acabando. Colombia es trampolín de su avaricia petrolera y consumista. Una vergüenza latinoamericana, una traición a esa hermandad apenas retórica.

 Ya sabemos que por todo eso vivimos ya menos

 Desde 1950 la población mundial se ha casi triplicado y desde 1950 se ha modificado la tierra más que en los 200 mil años de presencia humana. Es una verdad mundial, la mitad de los pobres del planeta vive en países ricos en recursos. Sin embargo, buena parte de su población vive por debajo del umbral de pobreza y con las necesidades básicas insatisfechas. Los países poseen riquezas, pero sus habitantes no tienen acceso a ellas. No es imposta si es petróleo o diamantes, oro o coltán.  En Colombia, Chocó o Guajira no son pobres, sus poblaciones han sido llevadas a condición de pobreza, que es otra cosa. 500 años de explotación no han acabado con los recursos naturales del departamento chocoano, ni la multimillonaria venta de la mina de Cerrejón con la pobreza de los guajiros. Hoy vivimos más es cierto, el promedio de vida aumenta, pero no en las mismas condiciones. Vivir es más que amontonar años.

 Yo no puedo aceptar ciertas cosas que ya no comprendo

 Las cifras son tan escalofriantes como el silencio de los medios y los gobiernos en el mundo: 5.000 personas mueren diariamente a causa de agua insalubre. 1.000 millones de seres humanos no tienen acceso al agua potable.1.000 millones de personas padecen hambre. Más del 50% de los cereales comercializados en el mundo se utilizan como alimento para animales y agrocombustibles. El 40% de las tierras cultivables están degradadas. 13 millones de hectáreas de bosque desaparecen anualmente. Dónde están las potencias que salvan al mundo. Dónde los millonarios. Dónde la iglesia. Dónde el neoliberalismo que nos beneficiaría a todos. Dónde la globalización como solución infalible. Dónde los legisladores para todos. Dónde los objetivos del Milenio resueltos. Dónde la erradicación en lugar de la reducción. Dónde la ciencia puesta al servicio de los seres y no de algunas economías. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que la vacuna contra el Covid19 existe.

 El comercio de armas de guerra de muertes viviendo

 Los gastos militares mundiales son 12 veces más altos que la ayuda para el desarrollo. Una forma de desarrollo que no ha cumplido sus promesas. En 50 años las diferencias de riqueza han aumentado como nunca. También la represión. Para que un ser humano salga de su círculo de pobreza se necesitan entre dos y cinco generaciones, dependiendo del país. Como van las cosas la opulencia generará más indigencia, la inequidad más iniquidad y la falta de solidaridad más pobreza y hambre en este mundo, que produce el doble de comida que se necesita para que toda su población pudiera alimentarse bien. Pero buena parte de los recursos y presupuestos del mundo -y Colombia no ha sido la excepción-, se gustan en armas y seguridad, en una Defensa paranoica que sabe que ha hecho las cosas mal y el sometido podría despertar y rebelarse. Nadie sale, nadie marcha.

 Yo quisiera hablar de alegría en vez de tristeza mas no soy capaz

 El panorama es desalentador. Las ciudades del planeta agregarán más gente en el siglo XXI que durante toda la historia de la humanidad. Crecemos a un ritmo de un millón de personas cada 4,5 días. Hace apenas 30 años un puñado de ciudades alcanzaba entre diez y quince millones de habitantes. Hoy más de 30 se mueven en esa cifra y Tokio, la más habitada, está al borde los 40 millones de personas. En 30 ciudades del mundo viven 500 millones de personas. En Colombia, más del 90% de sus 1.100 poblaciones son pueblos. Sin embargo, la mayor parte de los habitantes vive en un área urbana, sobre todo en Bogotá, con alrededor de 10 millones de habitantes, sumada la población flotante y dada su acelerada conurbación. Su economía es más fuerte que la de todos los países centroamericanos, excepto México y Panamá. De ahí que esa concentración de oportunidades resultantes del modelo económico imperante, generé más migración interna, más explosión demográfica, más centralización de las políticas y los recursos, que se verá reflejada en un crecimiento exponencial con todas sus consecuencias.

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 Cada semana más de un millón de personas se suman a la población urbana en el mundo. 10.000 personas llegan a vivir a Tokio cada semana. Unas 7.000 a Cantón. 4.000 a Shanghái y un poco menos, 3.000, a Delhi. 1.000 en promedio a las otras cinco grandes ciudades que aparecen en el listado de las diez más pobladas del mundo. Este crecimiento urbano es producto de la pobreza, no de la riqueza. No es falta de tierra o espacio la que las lleva a desplazarse, sino de oportunidades. Cumaribo-Vichada, el municipio más grande de Colombia, es 40 veces más extenso que Bogotá y más grade que 121 países del mundo, pero vale más hacer llegar las ayudas a todo su territorio, que las ayudas mismas. El área metropolitana de la capital colombiana va a triplicarse durante los próximos 40 años y se necesitarán 40 mil nuevas viviendas cada año. Mientras que el casco urbano de Cumaribo, muy probablemente reduzca sus 6.000 habitantes. Solo otro modelo económico podría revertir esta situación.

 Errores no corrigen otros eso es lo que pienso.

 Por cuenta de la riqueza del petróleo en Dubái lo imposible es posible. No tienen recursos, pero importa comida, desaliniza el agua del mar a un precio altísimo, como el de sus rascacielos, los más altos del mundo. Tiene sol a raudales, pero ignora las placas solares. Dubái es el nuevo faro de todo el dinero del mundo. Es la más costosa. Nada parece más alejado de la naturaleza que Dubái y a la vez nada que dependa más de la naturaleza que Dubái. Así como Florida desecó pantanos o Las Vegas se levantó en el desierto, o el D.F. en México se hunde por su propio peso y podría ahogarse con sus propias aguas residuales, la tierra terminará por cobrar la imprudencia humana. Mientras los más pobres escarban entre la basura, se sigue hurgando la tierra en yacimientos cada vez más lejanos y de difícil acceso para extraer el combustible que sostenga un ideal de bienestar que nos está acabando. Y la advertencia se está haciendo hace medio siglo. La solidaridad de los pueblos hasta el momento ha demostrado ser más fuerte que el egoísmo de las naciones y sus gobiernos. No se trata de más donaciones sino de mejores dotaciones.

Escuche la canción y reflexione. Yo solo puse dos tildes.

Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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