Viernes, Diciembre 14 2018

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Postergando el dolor: ¿Qué son los duelos congelados?

Si nunca hicimos este duelo y se congeló es probable que haya intervenido en nuestras decisiones, relaciones interpersonales y formación del carácter sin siquiera darnos cuenta de ello.

Postergando el dolor: ¿Qué son los duelos congelados?
Crédito de foto: Otto Valencia especial para 90minutos.co

Durante nuestra vida coleccionamos experiencias – unas maravillosas y otras muy difíciles- sin embargo ambas forjan nuestro carácter. Entre éstas hay una que todos viviremos como seres humanos y la cual es inevitable: la pérdida. Todos en algún momento perderemos algo importante para nuestras vidas, ya sea un ser querido que lastimosamente fallece, un gran amigo que se va del país y no volvemos a ver, una relación que terminamos, la ruptura de un hogar, entre muchos otros; con esto llega el duelo.

Un duelo según el Diplomado de tanatología con enfoque Gestalt  ‘’es el proceso psicológico que se produce a partir de alguna pérdida. Etimológicamente significa duellum o combate, dolusdolor. Es la reacción frente a la pérdida de algo significativo, las cuales pueden ser desde una persona, un animal, una cosa, una relación, etc. Es una experiencia emocional humana y universal, única y dolorosa; el hecho de enfrentarse a esta pérdida se le llama elaboración de duelo y conduce a la necesidad de la adaptación a una nueva situación’’

Así las cosas, cuando nos enfrentamos a un duelo: lloramos, renegamos e incluso cruzamos varias etapas:

-Negación: Seguro se le hacen conocidas frases como: ‘’Esto no me puede estar pasando a mí’’ ‘’No es real lo que está sucediendo’’. Éste simplemente es un mecanismo de defensa ya que al afrontar una situación difícil buscamos sentirnos menos abrumados, ya sea bloqueando momentáneamente el suceso o tratando de negarlo.

-Ira: Un intenso enojo incluso con la persona que se fue puede ser una de nuestras etapas cuando vivimos un duelo. Culpar a los demás de lo que pasa o a esa persona por ‘abandonarnos’.

-Negociación: Aquí se afronta un poco más lo que sucedió y se trata de retomar el control para sentirnos dueños de nuestras vidas nuevamente. Aquí puede entrar un poco de culpa pero también un sentimiento de ir retomando la tranquilidad.

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Y finalmente, aceptación: aquí entendemos que sucedió lo único que podía suceder, nos deshacemos de la culpa, volvemos a la vida con tranquilidad aunque esto no implica dejar de recordar, pero lo hacemos sin dolor o sentimientos negativos. En esta etapa aceptamos lo que nos pasó y seguimos adelante.

El duelo es una circunstancia de la vida para la que nunca estaremos preparados y aquí surge precisamente el tema principal de este artículo: Los duelos congelados.

Cuando un duelo no sigue el proceso que mencioné anteriormente, queda así “congelado” y esto nos afecta años después y podría afectar a nuestras generaciones venideras como hijos o nietos. Este duelo no comienza inmediatamente, pueden pasar varios años incluso para que aparezca y puede disimularse con alguna enfermedad para no aceptarlo.

Inconscientemente la persona que vive este duelo lo bloquea, en ocasiones porque siente obligación por seguir su vida y responder por la de sus hijos o algún familiar o simplemente porque experimenta tanto dolor que prefiere aferrarse a otra realidad.

Este duelo no solo es por fallecimiento, desde nuestra infancia con la separación de nuestros padres, el cambio de ciudad o la muerte de alguna mascota podemos cargar estos duelos y no afrontarlos nunca o hacerlo cuando en nuestra adultez descubrimos que hay algo sin sanar que afecta nuestro entorno o nuestro interior así hayan pasado 10 años.

Si nunca hicimos este duelo y se congeló es probable que haya intervenido en nuestras decisiones, relaciones interpersonales y formación del carácter sin siquiera darnos cuenta de ello.

Debemos hacer una reconexión con la pérdida, evaluar en qué momento todo comenzó a cambiar para ti; quizá comenzaste con ataques de ansiedad, o a hablar menos. Talvez se partió tu corazón, se fue alguien importante y nunca lo hablaste con nadie; es más, ni siquiera lo lloraste. Por absurdo que parezca, esto puede durar años en nuestro interior.

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Les dejo un último ejemplo: María vivió la separación de sus padres a los 9 años, sin embargo nunca lo habló con nadie, ni siquiera recuerda haberlos llorado, sus primos le preguntaban y ella no sentía que fuese algo que le causara dolor, para ella su vida siguió normal y prefería no tocar el tema. Doce años después cuando sus relaciones afectivas eran un desastre por su incapacidad de afrontar pérdidas y volver una y otra vez a comportamientos dañinos, María descubrió que todo radicaba en que no aprendió a hacer duelos y en que nunca afrontó la ruptura de su familia aun siendo una niña.

Quizá conozcas alguien con una historia parecida o seas tú ese alguien y la invitación es a entender que nuestro pasado ha forjado lo que somos y es muy importante si algo no funciona reconectarte con él, evaluar si tienes un duelo congelado; nunca es tarde para hacerlo, llorarlo, decir todo lo que te guardaste, hacer preguntas que nunca obtuvieron respuesta porque preferiste callar, sanar y seguir sin ese taco de dolor. Está demostrado que si alguien tiene un duelo congelado, podría transmitir a las generaciones siguientes y esto no sería sano. Nuestra salud emocional solo depende de nosotros y más que una responsabilidad es un regalo para tu vida.

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