Sábado, Junio 23 2018

Por Juan Andrés Valencia Cáceres

  ‘Limusímetro’     El alquiler de esta limosina blanca varía según el número de pasajeros que transporte. Mientras una hora vale $480.000 para diez personas, $540.000 cuesta para doce. Casi un salario mínimo. Si esas mismas diez personas quieren pasear durante dos horas en este vehículo sospechosamente blanco, deben cancelar $740.000; si son doce, …

Por Juan Andrés Valencia Cáceres

 

‘Limusímetro’

 

 

El alquiler de esta limosina blanca varía según el número de pasajeros que transporte. Mientras una hora vale $480.000 para diez personas, $540.000 cuesta para doce. Casi un salario mínimo. Si esas mismas diez personas quieren pasear durante dos horas en este vehículo sospechosamente blanco, deben cancelar $740.000; si son doce, $800.000. Y si la idea es la de alquilarlo por cuatro, la tarifa a cancelar asciende a $1.190.000 para los primeros y a $1.250.000, para los segundos.

Salir del perímetro urbano en esta limosina del fabricante estadounidense Chrysler supone un cobro adicional de $80.000, casi una carrera en taxi hacia el aeropuerto. Esto quiere decir que si el plan es ir a un motel a Yumbo o Jamundí a bordo de este medio de transporte fálico –el sexo en su interior está prohibido, dicen sus propietarios–, la deuda aumenta sin necesidad de viagra.

Tomar en este coche que mide más de tres taxis pequeños también tiene su precio: $40.000 por botella, sin importar si es coñac o Cherrynol. Aunque la música no la cobran –“las limusinas cuentan con ‘música básica del momento’, dicen también sus propietarios–, recomiendan a los clientes llevar discos compactos o reproductores mp3 con entrada USB. El detalle no resulta menor si se asume que con “música básica del momento” se refieren a vallenato, reguetón o a cualquier canción de Ricardo Arjona. Mejor no arriesgarse y seguir su consejo.

Estas tarifas no incluyen IVA. Y, al parecer, sentido común tampoco. Sobretodo si se tiene en cuenta que uno de los lugares que más visita el parsimonioso chofer de este lobo no estepario sobre ruedas es la estatua de Belalcázar. ¿A quién en sus cinco sentidos se le ocurre –primero– sembrar dudas acerca de sus buenas maneras alquilando esta limusina para –después– rematar su extravagante correría en el mirador más ordinario que tiene Cali?

@JAVCOP

 

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