Martes, Agosto 21 2018

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Periodismo al quirófano

Como otros deportes nacionales son hacer leña del árbol caído y al caído caerle, ante la muerte de una paciente en un quirófano el periodismo jerarquiza, recoge testimonios de familiares en shock, el lugar es considerado ‘a priori’ clínica de garaje y el médico, condenado a la picota pública.

Periodismo al quirófano
Crédito de foto: David Vega especial para 90minutos.co

El titular se repite como el sonido aterrador del monitor de signos vitales, cuando indica que el corazón del paciente se detuvo. ¡Muere otra mujer en el quirófano tras someterse a cirugía estética! Es continuo e incesante. Una cinta atrapa moscas. La situación amerita varias reflexiones: la primera, es que toda intervención quirúrgica por sencilla que parezca conlleva un riesgo; la segunda, debe considerarse que no solo las mujeres se someten a este tipo de prácticas; la tercera, que el concepto de lo estético se ha prostituido y dista mucho de lo que hoy entendemos como tal; la cuarta, es una tendencia creciente culpar a médicos e instituciones por la muerte de un paciente; y la última -y que más nos incumbe-, es el tratamiento periodístico de este tipo de noticias. El diagnóstico no es reservado.

Comencemos entonces la disección. A primera vista una cirugía de córnea no pone en riesgo la vida. Tampoco la intervención de una uña enterrada, que a pesar de su condición no ha muerto y no pasaría de ser un tropezón más en la vida. O una artroscopia de rodilla. O una cesárea. O una apendicitis. O una amigdalectomía. O una bariátrica. Pues bien, en medio de estas cirugías también mueren pacientes y no son noticia. Y no lo son porque no ocurren todos los días, como tampoco los casos de las mal llamadas cirugías estéticas. Pero a todas les son comunes los riesgos: infecciones, hemorragias, reacciones inesperadas a la anestesia, cicatrización, y por supuesto, la muerte.

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Que sean solo mujeres las víctimas, es otra prueba de la misoginia mediática, que termina siempre por condenar a quienes buscan en el quirófano lo que la naturaleza no les concedió o, en su defecto, no consideran estéticamente correcto, según los parámetros impuestos por los mismos medios y su publicidad. Pero los hombres -cada vez en mayor proporción y menor secreto- se hacen párpados, nariz, mentón, orejas, pectorales, liposucciones y lipoinyecciones, lipectomías en abdomen, muslos, brazos y espalda. Amén de la lipoescultura en el monte de Venus para que El Totono Grisales se vea más grande. Es una cuestión de volumen: hombres, mujeres y presión social. No me refería al tamaño de la cola delantera claro.

Que el concepto de lo estético se ha prostituido, puede discutirse. Muy poco hay en los denominados centros de belleza o en las salas de masajes, de la disciplina filosófica que estudia las condiciones de lo bello en el arte y en la naturaleza. Aunque debe reconocerse que entre manicures y pedicures, tintes y mascarillas de pepino y aguacate, hay un modo particular de entender sino el arte, por lo menos la belleza. Además, si una Venus de Milo está encima de un motel en Cali, no faltará quien trepe al David de Miguel Ángel y proponga una elongación de su minúscula naturaleza, sin saber que para los griegos dicho atributo físico estaba asociado con la moderación, que era una de las virtudes que formaban parte del ideal de la masculinidad. Para no abandonar ni el tema ni las metáforas, digamos que si hay creación y armonía en un quirófano, hay principios de arte, y entonces un buen cirujano podría considerarse un escultor sobresaliente.

Que es una tendencia creciente culpar a médicos e instituciones por la muerte de un ser querido, es una certeza. Igual o mayor que desconocer que el sistema de salud en Colombia debería estar en cuidados intensivos. Si la negligencia se ha rebautizado como “paseo de la muerte” y el juramento hipocrático se lo pasan por la faja, no es menos cierto que en Colombia a nadie se le niega una medida de aseguramiento y que pleitear es un deporte nacional. Hay una demanda muy alta de este tipo de cirugías y una oferta profesional menor y muy costosa, de ahí que por el volumen muchas personas recurran a lugares y personas no calificadas.

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Y en cuanto al tratamiento periodístico, el cubrimiento de estos hechos sufre las mismas inclemencias que tienen al ejercicio de reportería tan vituperado y a las empresas mediáticas millonarias. Escándalo por encima de información. Averiguación por encima de investigación. Y denuncia por encima responsabilidad. Amarillismo. Unifuentismo. Revictimización. Descontextualización. Como otros deportes nacionales son hacer leña del árbol caído y al caído caerle, ante la muerte de una paciente en un quirófano el periodismo jerarquiza, recoge testimonios de familiares en shock, el lugar es considerado a priori clínica de garaje y el médico, condenado a la picota pública. Y por supuesto, se han presentado casos. Buena parte de las cirugías reconstructivas obedecen a procedimientos mal realizados o bajo circunstancias no óptimas. Pero muy pocos cuestionan la responsabilidad de quien busca el servicio, que por ignorancia o escasez de dinero, ponen su vida en las manos menos indicadas.

Ahora, que la filosofía del meme nos invade, uno muy a lugar sentencia: “El que es bonito es bonito y el resto que ahorre para la cirugía”. Basta mirar a quien escribe -solo un momento-, para descubrir que su nariz pide a gritos un trabajo de reingeniería. Su cabeza, una profusa siembra capilar. Su abdomen, un descomunal dragado adiposo. Y lo que queda de sus nalgas, una confirmación de que la belleza le dio la espalda. Pero no tengo ni el valor ni la plata para hacerlo. Me acepto como soy, entre otras porque la belleza es un misterio que se arruga y acaba, para luego ser redescubierta como esencia; y porque El Totono Grisales aún juega fútbol como todo un profesional.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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