Martes, Agosto 21 2018

.

Pecado arzobispal

Desde el fondo de la casa observé el rito y recordé la escena de la película El Padrino cuando Michael Corleone asume como capo de tutti de capi. Sentí un ligero escalofrío. Sin que nadie se percatara salí del lugar, como si escapara de una prisión de alta seguridad.

Pecado arzobispal
Crédito de foto: David Vega especial para 90minutos.co

El Arzobispo se bajó del vehículo de alta gama y dirigió sus pasos a la casa de mi amigo, quien salió a su encuentro, cruzando a toda prisa el pequeño andén que los separaba. Después de un corto saludo lo invitó a entrar. En el vano de la puerta esperaba el resto de la familia.

-Monseñor, le presento a mi esposa Silvana y a mis hijos Mateo y Simón.

El prelado les ofreció la mano suavemente, casi con desgano, acompañando el ademán con una amplia sonrisa.

-Mucho gusto señora.

-El honor es mío, Monseñor, pase usted.

-Después de usted, respondió el religioso. Los niños, sonrieron con picardía, mientras recibían una mirada de soslayo del visitante.

Un pequeño grupo de vecinos surgió de imprevisto y sin que fueran invitados entraron en la casa para saludar al mitrado, quien luego de bendecir el interior de la vivienda se acomodó en una de las sillas de estilo francés que adornaban la sala. Los advenedizos organizaron una pequeña fila y empezaron la improvisada ceremonia de saludo. Cada quien decía alguna frase de ocasión, mientras tomaban la mano del hombre de Dios y besaban el lustroso anillo que ostentaba en uno de sus dedos.  Este acto de sumisión y respeto tenía para él un especial significado: le permitía saborear el poder sobre sus pobres ovejas ansiosas de ser conducidas al rebaño. Se trataba de una sensación casi mística, que habría podido llevarlo al paroxismo de no ser por la repugnancia que sentía por el contacto de los labios húmedos que dejaban microbios, bacterias y virus para ser compartidos en sagrada comunión por el vecindario.

Lea también:

La Bacrim de la justicia

El Arzobispo era manifiestamente presuntuoso, pero aun así los fieles reconocían su autoridad y le rendían culto con sincera humildad; tenían buen corazón y, al primer vistazo, les resultaba simpático debido a su cara rolliza y bonachona. Además su conversación era pausada y usaba cierto falsete en la voz, característico de quienes dicen hablar en nombre del Altísimo.

Desde el fondo de la casa observé el rito y recordé la escena de la película El Padrino cuando Michael Corleone asume como capo de tutti de capi. Sentí un ligero escalofrío. Sin que nadie se percatara salí del lugar, como si escapara de una prisión de alta seguridad.

Al poco andar sonó mi celular. La prisa que llevaba hizo que contestara sin verificar primero quien llamaba. Era mi amigo.

-¿Dónde estás, qué diablos te hiciste? Quiero presentarte a Monseñor.

Agitado por la carrera le respondí que tenía que atender un asunto urgente y que había salido sin despedirme para no molestar. Afortunadamente la señal se cortó mientras redundaba en explicaciones.

Meses después me encontré con mi amigo y a su esposa, quienes, tomados de la mano,  parecían andar sin rumbo fijo por el Bulevar del río, una tarde en que la brisa traía consigo el olor de las montañas y parecía aumentar el brillo de la fachada de los edificios y las hojas de los árboles. Sin mayores preámbulos me contó lo que ocurrió en su casa después de mi precipitada salida y los terribles hechos que después se desencadenaron.

-Amigo, creo que la diosa fortuna estuvo de tu parte ese día.

-No entiendo- respondí perplejo.

-Mi intención era que conocieras a Monseñor, quien me había pedido que invitara a la reunión a uno o dos amigos de toda confianza, preferiblemente empresarios. Inmediatamente pensé en ti y en Samuel, pero este no pudo asistir debido a que se encontraba enfermo.

Mientras buscábamos un lugar donde sentarnos recordó el episodio de los vecinos intrusos y agregó que tuvo que sacarlos casi a la fuerza.

-Tu sabes que soy administrador de empresas, egresado de una de las mejores universidades.

Prosiguió y a partir de ese momento inició una especie de monólogo con la mirada fija en la hermosa Ermita que tenía al frente, como si le hablara en busca de consuelo.

Lea también:

El abuso contra Katerine Martínez y la defensa de las buenas costumbres

-Mi preparación me ha servido para aprovechar la información que tengo en un momento dado, pero nunca me había detenido a pensar en lo relevante que es la información que desconocemos. Monseñor me prepuso ese día que invirtiera en “una mesa de dinero”, que según me dijo no hacía parte del mercado financiero paralelo, sino que estaba respaldada por una importante entidad crediticia. Para convencerme de las bondades de la propuesta me suministró  el nombre de importantes empresarios locales que hacían parte del juego y me dijo que todo estaba asegurado. Nunca he sido una persona codiciosa y he logrado hacer un capital importante gracias al tesón y la disciplina con que manejo mis negocios. Pero al escuchar a Monseñor creí que haría realidad mi sueño de constituir una franquicia con mi marca a nivel nacional. Por esa razón no hice las preguntas pertinentes y me conformé con sus explicaciones. Me dijo que el dinero se invertiría en acciones de empresas que estaban siendo capitalizadas permanentemente, debido a lo cual los valores se venían incrementando de manera astronómica. Me aseguró que no se trataba de una pirámide, aunque en apariencia podía dar esa impresión por  la ausencia de controles de las autoridades financieras. Me juró que no había riesgos, “Dios no juega a los dados, hijo mío”, me repitió varias veces, como si el creador fuese uno de los inversionistas. Saqué casi todos mis ahorros y los puse en la dichosa  “mesa de dinero”. Ese día Monseñor dio una misa a la que me invitó y en la homilía citó un pasaje de la biblia que recitó mirándome a los ojos: “La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.” Sabía que estaba preocupado y se las ingenió para tranquilizarme. Después se despachó contra la avaricia de los abogados que demandan a la iglesia por los errores que cometen algunos párrocos, seducidos por niños perversos y díscolos, y los sentenció al fuego eterno.

Hizo una pequeña pausa sin quitar la mirada de la iglesia y continuó:

– La verdad el negocio era seguro, pero sucedió un imprevisto, una situación que convirtió al azar en protagonista de mi tragedia. La Fiscalía capturó al gerente y varios funcionarios de la entidad financiera vinculados a un escándalo de corrupción con una empresa portuguesa. Fue una sorpresa para la mayoría de los inversionistas, pero no para los dueños del gran capital quienes fueron advertidos de antemano y pudieron sacar su dinero en un santiamén. Los demás nos quedamos con unos papeles que no valen lo que pesan. Monseñor invirtió muchísimo dinero de la Iglesia, especialmente la plata del cementerio de propiedad de la Arquidiócesis y lo perdió todo, hasta el último centavo. Quebró el cementerio y dejó, ahora sí, a la iglesia local viviendo de limosnas y al acecho de abogados codiciosos.

Mi amigo continuó su monólogo explicando que el negocio estaba cubierto en todos sus aspectos e interpretaba lo sucedido como “una secuencia lógica de hechos que parecían conducidos por la mano de Dios, hasta que el maligno hizo su entrada y lanzó los dados”.

Anochecía y guardaba silencio frente al relato de mi amigo, pero hace rato que no lo escuchaba, pues en mi cabeza daba vueltas una y otra vez la misma pregunta: ¿cómo diablos quebró este tipo un cementerio?

Aclaración: Este cuento es pura ficción, no tiene ninguna coincidencia con la realidad y sus personajes solo habitan en la imaginación del autor.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

Le recomendamos:

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

twelve − six =

Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

Noticias Relacionadas