viernes, marzo 5 2021

.

Pacheco, el hombre orquesta

Pocos saben que en los locos años ochenta, Pacheco por poco fallece en Cali en medio de una noche de excesos en el ‘pentohouse’ del Hotel Petecuy.

Pacheco, el hombre orquesta

Por: Gerardo Quintero Tello

 “La salsa no sólo se escucha. Hay que bailarla, porque levanta a un muerto”

Así se lo dijo una vez el gran Johnny Pacheco a El País de España. ‘El zorro de plata’, el hombre que transformó la salsa en un género musical del mundo, se fue para ese cielo de estrellas salseras del que hacen parte figuras como Héctor Lavoe, Celia Cruz, Cheo Feliciano, Santos Colón… Ellos, grandes talentos de la rumba setentera, tuvieron un impulso musical único gracias a los arreglos y a la dirección de este ‘monstruo’ que todo lo que tocaba lo convertía en éxito.

Flautista, percusionista, arreglista, director, productor, cantante, compositor… Casi nada se le escapó a este dominicano que falleció a los 85 años y que tuvo una relación estrecha con Cali. Aquí mismo, en el 2005, a instancias de Miguel Yusti, quien entonces fungía como alcalde encargado y de Manolito Vergara, el hombre fuerte de El Habanero, Pacheco le dio el título a Cali de capital mundial de la salsa. Un pergamino que el propio Vergara guarda en su templo de la rumba como una reliquia.

Pacheco no fue un músico más. Era la última frontera, el final de una raza de grandes ‘caballos pura sangre’ de la salsa continental que convirtieron el género en algo más que una simple expresión artística de esta parte del mundo. Con Pacheco y sus producciones, la salsa se volvió internacional. Su ritmo fue llevado a los mejores escenarios de España, Gran Bretaña, Italia, Francia, Japón y hasta la madre África supo de este hombre de pelo blanco, delgado, de sonrisa fácil, voz aguda y flauta versátil que junto con Jerry Masucci crearon la Fania All Star en los albores de los años 70 y construyeron ‘nuestra cosa latina’.

“No hay duda que Pacheco fue el más grande visionario de la música latina, junto con Masucci crearon la orquesta con la cual conquistaron las tarimas del mundo y pusieron la música latina en el mismo lugar del rock. Tuvieron las grandes figuras, Pacheco es el que pensó toda esa poción de la seducción de la música, empezó con la charanga y decía que la Fania no era más que la Sonora Matancera ampliada. Nos alegró la vida desde siempre. Los que nacimos en el barrio Obrero lo escuchamos con su pachanga muy jóvenes y luego lo vimos con toda la Fania en Cali en los años 80”, así lo rememora el escritor Umberto Valverde, quien me recordó que lo conoció en el Corzo, una gran discoteca que quedaba en Manhattan, y a la que llegaban todos los caleños encantados con la rumba de aquellos años.

En ese mismo grill newyorkino (los caleños no decíamos discoteca), un entonces joven brillante, académico, rebelde y liberal rumbero también conoció al gran director musical. Miguel Yusti, quien con el paso de los años hizo sus propios toques en la política, se convirtió en su amigo y compinche de la rumba dura, en Cali y en Nueva York. Justamente en el 2005, cuando fue alcalde encargado y de la mano de ese otro socio de la rumba, Manolo Vergara, invitaron a Pacheco a la ciudad y lo nombraron huésped ilustre de esta capital que se rindió a sus pies.

“Pacheco fue reconocido por la ciudad a través de la  Administración Municipal. Como amigo y dándole curso a una invitación que le hice, vino a Cali en el 2005 y en esa ocasión llegó con su orquesta ‘Pacheco y su Tumbao’, fue portador de las llaves de la ciudad, condecorado por mí y con él firmamos el decreto honorífico de ‘Cali, capital mundial de la salsa’”, recuerda Yusti con gran nostalgia.

Para este docente universitario, que conoció como pocos el movimiento salsero de esta ciudad, el gran valor de Pacheco como productor y director musical fue el de recuperar el gran espectáculo de la salsa que había sido roto cuando apareció Joe Cuba y su Sexteto, que marcó un derrumbe de las espectaculares big band de los sesenta. “Lo que hizo Pacheco fue montar el formato de las grandes orquestas, con la matriz de la Sonora Matancera, para mí ese es su gran aporte. Muchos en esa época no le dieron la importancia que Pacheco tuvo como el más extraordinario arreglista de la salsa”.

La amistad con Pacheco, forjada en tantos años de desenfreno rumbero, llevó a Yusti a vivir una anécdota como pocas se han contado. En los locos años ochenta, Larry Landa, el díscolo personaje que trajo a tantos artistas a Cali, invitó a Jhonny Pacheco y la Fania a un concierto en esta ciudad. En esos tiempos los artistas no solo venían por los dólares que tan generosamente se ofrecían sino también porque aquí había suficiente polvo blanco y mujeres por montón que ‘alegraban’ la vida de estos artistas. Pues bien, el relato de Yusti es contundente. Una noche después del concierto y estando en el Hotel Petecuy, el viejo hostal del Centro que albergó a los artistas que pasaron por Cali, por poco pasa a la historia como el lugar en el que casi pierde la vida Pacheco.

“Terminamos en el ‘penthouse’ y continuamos la rumba. De un momento a otro Pacheco dejó de hablar y me pareció muy extraño porque Pacheco era muy conversador. Eran las tres de la mañana y de pronto veo a Pacheco que se me fue quedando, como cerrando los ojos y sin cómo poder volver a la rumba. Me asusté porque se sentía mal, como sin aire, entonces me tocó urgente mandar a comprar leche y todos estos remedios que uno sabía que se usaban para ‘volverlo a la vida’”.

Yusti, hace muchos años alejado de los excesos, pero no de la buena melodía, recuerda que Pacheco nunca se olvidó de esta anécdota que luego recordaban en medio del jolgorio. “¿Te imaginás que Pacheco se nos hubiera muerto en Cali, nooooo, qué tragedia”, me dice Miguel, mientras señala el cuadro que está en El Habanero donde emerge la figura del gran director musical.

El maestro y la esencia del guaguancó

Y es que Pacheco siempre supo rodearse de los mejores. Sus amigos más cercanos recuerdan que tenía un ojo o, más bien, un afinadísimo oído que le permitía identificar con facilidad las voces y el golpe que la gente quería escuchar. Tuvo dos talentos geniales, con los que suscitó un impacto en el género que se convirtió en leyenda: Héctor Casanova y Pete ‘El Conde’ Rodríguez tenían timbres de voces similares y una esencia del guaguancó que luego convirtieron en un himno de las discotecas de la vieja guardia salsera de los ochenta y que conectaban a La Manzana con El Túnel del Tiempo, La Boca del Lobo y la antigua Jirafa roja.

 

“Le traigo mi guaguancó sabrosón
(Escuche usted la esencia del guaguanco)
Que con Pacheco no hay quien pueda
Es el rey del guaguancó negro
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Caballero El Conde le está inspirando esta linda insipiración negro
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Y aquí queda demostrado, perfecta combinación con mi son
(Escuche usted la esencia del guaguancó)
Pero qué rico, qué rico, y que lindo se baila el guaguancó en Nueva York…”

 

Wilmer Zambrano otro de estos amigos estudiosos de la rumba caleña, me dice sin poder quitarse la tristeza del timbre de su voz, que la salsa como movimiento fue una creación de Pacheco, nadie le debería quitar ese mérito, y con ello su reconocimiento a nivel mundial como expresión cultural de los latinos.

“Antes de Pacheco hubo grandes sellos con bandas grabando y produciendo música, pero fue a Johnny a quien le sonó la flauta, creó el sello Fania junto a Jerry Masucci, y con él empezó a grabar sus propias producciones y a las bandas que comenzaron a emerger en el barrio latino de Nueva York,  que traían una nueva sonoridad que fusionaba la música cubana y puertorriqueña con el jazz, y que ya no era son, guaracha o guaguancó. La Fania, nombre de un viejo tema de Ignacio Piñeiro, y bajo la dirección de Pacheco tomó la salsa como propia y en una misma sombrilla cobijó a toda esta música que estaba naciendo y buscaba ser bautizada”, dice Zambrano con mucho énfasis.

Y justamente el nombre de la Fania es de esas discusiones legendarias entre los salseros. Pero la controversia la zanjó el propio Pacheco quien en una entrevista con el escritor y musicólogo César Pagano le reveló que Fania era un nombre puesto por él mismo. Pacheco contó que Fanía, así acentuado, era un chef de un club de amigos que había en Cuba, y se grabó en el primer ‘long play’, que se llamó Cañonazo. Pacheco decidió utilizar el nombre de Fania porque no solo era de unos amigos, sino que era una palabra fácil para emplearla en Europa (tenía claro desde el principio a dónde quería llevar el género), con los latinos y con los norteamericanos.

 

El legado de un visionario

Pacheco nació en República Dominicana, en Santiago de los Caballeros, el 25 de marzo de 1935. Llegó a Nueva York a los once años, allí se formó y se hizo músico. Pacheco y su Tumbao fue una agrupación de 1963 y el 25 de marzo de ese mismo año, día de su cumpleaños, fue cuando realizaron la primera grabación con sello Fania. Ya con su socio Masucci habían creado el sello y lanzaron el primer disco que se llamaría Cañonazo en que apareció por primera vez el gran Pete ‘Conde’ Rodríguez.

“Se fueron las comparsas, qué triste me quedé, pero al llegar la salsa, el alma me volvió, mi vida se alegró / Se opacaron tantas luces, pero yo pude alumbrar, quisieron felicitar a Pacheco y Masucci/ en el ritmo nuevo lo sabemos, ellos lo supieron conquistar, tuvieron la rumba entre los cueros y pusieron salsa en el timbal / no confundan más ni critiquemos vamos a aplaudir y a conservar a Pacheco y Masucci…”

Fue tal el éxito y respeto que generó entre los artistas esta llave maestra para los negocios salseros, que Pupi Legarreta interpretó esta canción que se volvió una suerte de homenaje para los precursores de la Fania All Star. Y aunque al final de sus días la relación de amistad se rompió y Pacheco acusó a Masucci de hacerle un verdadero ‘tumbis’ y sacarlo de la sociedad de Fania, nadie puede dudar que ellos se encargaron de llevar el género a otra dimensión.

Algunos detractores los acusan de haber cerrado el paso en la Fania a ciertas orquestas, entre ellas la de los Hermanos Lebron y la orquesta de Frankie Dante, que derivaron, incluso, en acusaciones de racismo que Pacheco siempre rechazó.  Lo cierto es que lo suyo era hacer buena música y plata porque eso siempre lo resaltó en las producciones que acompañó, ya fuera con Celia, Melón, Daniel Santos o el Conjunto Clásico.

Esa es una de las razones por las cuales Carlos Molina, director del Museo de la Salsa del barrio Obrero, no duda en asegurar que Pacheco es una de las fuerzas más importantes de toda la historia musical del género. “Con el sello Fania potencializó a los más grandes artistas y los unió en una sola voz para que le cantarán el mundo y Cali, actualmente, está viviendo el legado visionario de lo que pasó y preservará por el resto de las generaciones lo que es la salsa][_:.-{{+´´¨*¡?=)(/&%$#”!.

 

“El tiempo pasado es pasado al ayer jamás podremos regresar
hoy será ayer, mañana será hoy óyelo bien

Lo que te espera nadie lo puede saber, Lo que te espera nadie lo puede saber

Por eso yo vivo feliz, cuando yo canto mi bonito guaguancó
Por eso yo vivo feliz, cuando yo canto mi bonito guaguancó”

 

Con Héctor Casanova, Pacheco hizo una combinación perfecta, solo comparable con la que tuvo con su compadre Pete ‘El Conde’ Rodríguez. ‘Guaguancó pa’l que sabe’ fue el paroxismo musical, una interpretación que exorciza las penas de los artistas… “No creas que porque canto es porque me he vuelto loco, yo canto porque el que canta dice mucho y sufre poco”, advierte una de las estrofas salseras más bellas que se han escrito.

Y eso que la producción musical de Pacheco fue amplia y profusa. Se codeó con ‘los caballos’ del género y todos lo respetaron. Celia, en ‘La Dicha Mía’, improvisa en uno de los acordes y canta su propio agradecimiento: Después conocí a Johnny Pacheco, ese gran dominicano, y con Pacheco me fue mejor”. Pero no solo a ella le fue mejor. En 1973, con la Fania en el Coliseo Roberto Clemente, Pacheco dejó la impronta de una presentación legendaria que aún hoy retumba y tumba. En un momento clave del concierto, Pacheco voltea a mirar a Héctor Lavoe en el escenario y le dice al público: “Nosotros prometemos y cumplimos, siempre. Ahora viene lo bueno, ahora va a cantar el único hombre de la Fania que de frente parece que está de lado” y el gran ‘Jéctor’ que no se quiso quedar atrás le respondió, “se te olvidó decir, se te olvidó decir que yo soy el hombre que respira debajo del agua”.

Pacheco fue el primero en devolver la salsa a su origen, a la cuna de Obatalá y del eco de un tambor. “Con la orquesta mía tuve la dicha de que fuera la primera en tocar en el África. El amor que le tienen a nuestra música es increíble. A ellos les gusta cualquier tipo de música que tenga ritmo bailable, especialmente el son y la guajira, y son tremendísimos. Por eso les toqué Vikingo caliente. Lo primero de nosotros que llegó a África fue Acuyuyé y una guajira llamada El piñarero, que pienso grabar de nuevo con Celio González”, recordó alguna vez el propio Pacheco en una conversación con el investigador César Pagano.

“Un soñador de lo imposible”, qué bella frase… Así se autodenominó en una entrevista el gran Pacheco, un hombre que al mirar las huellas dejadas en la arena rumbera, podía sentirse orgulloso de lo que ejecutó por sus raíces artísticas.

No hay duda de que Pacheco tuvo la rumba entre los cueros y puso la salsa en el timbal. ‘El zorro de plata’ era el último de los mohicanos, el final de una estirpe de salseros que ya no volverá. La vieja guardia salsera está de luto, los que bailamos, escuchamos y vibramos con su amplio repertorio le decimos gracias maestro. Nos queda, eso sí, el tumbao añejo del viejo querido, el agua del clavelito y aquel Acuyuyé que tanto se ‘rumbió’ en Cali…

Por eso, lo mejor es que no se metan con el Faisán, con el Pacheco eterno, con su tumbao añejo, con el hijo del siboney, el compadre con el que que lloramos la partida de Blanca, el mismo que nos hizo pedir el rincón para guarachar, para vacilar …

La rumba debe estar encendida en el cielo. Gracias por tanto, maestro, perdone lo poco.

Diez discos imperdibles de Pacheco:

 

La filosofía del Maestro:

Acerca del Autor

Gerardo Quintero

Comunicador social-periodista que ejerce el bendito oficio desde hace 26 años. Actual Jefe de Redacción del Noticiero 90 Minutos. También se desempeñó como jefe de cierre del Periódico El País y editor internacional y de Cali. En esa casa periodística trabajó durante más de 20 años y aún está vinculado a través de la columna de Opinión Hora de Cierre. Durante un par de años se desempeñó como Editor Nacional y del Pacífico de Semana Rural. Ha ejercido la docencia en las universidades Autónoma de Occidente y Católica. Los ritmos caribeños han hecho parte fundamental de su legado periodístico y sus mejores piezas periodísticas, tanto en prensa como en televisión, tienen como eje central personajes e historias que surgieron alrededor del impacto de este género en su ciudad del alma, nuestra amada Cali.

Noticias Relacionadas