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Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  El papel de las universidades y la construcción de opinión pública   No nos llamemos a engaños: la opinión pública, es la menos pública de las opiniones. No suele ser una voz, sino más bien, un eco amplificado. Una reproducción exagerada de la información -a través de los medios de comunicación-, resultante del meticuloso, […]

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  El papel de las universidades y la construcción de opinión pública   No nos llamemos a engaños: la opinión pública, es la menos pública de las opiniones. No suele ser una voz, sino más bien, un eco amplificado. Una reproducción exagerada de la información -a través de los medios de comunicación-, resultante del meticuloso, […]

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El papel de las universidades y la construcción de opinión pública

 

No nos llamemos a engaños: la opinión pública, es la menos pública de las opiniones. No suele ser una voz, sino más bien, un eco amplificado. Una reproducción exagerada de la información -a través de los medios de comunicación-, resultante del meticuloso, estratégico y monopólico manejo de la misma, que configura todas las formas de poder para imponer una idea como verdad o mentira, según sean sus intereses. Y dicha idea lo es, de una persona que representa siempre una corporación, es decir, una organización económica con fachada política. El antídoto ante semejante veneno, que se consume como elixir de la libertad y no como pócima nefasta del sesgo, es la frase de Walter Lippmann: donde todos piensan igual nadie piensa mucho.

               Tal vez por eso, Jaime Garzón comparó alguna vez la opinión pública con una gallina de campo, que come al vaivén de lo que se le aparece: un grillito, un gusanito, una hierbita o las gracias naturales de cualquier mamífero, incluidas las humanas. No tiene rumbo, o mejor, su rumbo es en apariencia incierto. En los medios se habla de mucho para no decir nada, o para distraer, o para manipular. Dije rumbo, no es esa acaso la gallinita aquella. Sí, la de los huevitos de Uribe. Bueno, los huevitos de ella pero que Uribe empolló y Santos quebró. Descuidó. Olvidó. Eso dice Uribe, pero Santos dice que ya nacieron los pollitos. En fin, ustedes saben. Nada más falso que la finca de Doña Gallina. La percepción o las encuestas jamás dirán que la seguridad democrática se le volvió un gallo a este gobierno, la confianza inversionista una gallinita de los huevos de oro y la política social, un destortilladero. Lo cierto es que quien trate de ejercer una influencia concreta sobre ésta o cualquier otra sociedad, debe trabajar en procura de atestar certeros golpes sobre ella -la opinión, no la gallinita- con estrategias que son tan viejas como la palabra misma. Y la metáfora, es una de las estrategias favoritas. Gallinitas, elefantes y 8.000 ejemplos más.

               En las universidades la opinión que va dirigida al público a través de los medios de comunicación está en manos de muy pocos expertos. De los PHD y de los Mg. Ni siquiera de todos los profes. Solo de los que más han quemado pestaña, así sea para traducir o parafrasear lo preexistente, lo que otros ya han pensado y escrito. La producción de información es colectiva, nos ha dicho Bourdieu. Pues bien, la producción intelectual es información, de modo que la circulación circular de la información también circula en las universidades. Salvo en el programa Linkeados del Canal Capital, los universitarios parecieran no hacer parte de la construcción de opinión pública en Colombia. No por lo menos a través de los medios masivos. La opinión, del experto y su expertismo -que no es en estricto sentido, opinión pública- está en muy pocas manos, en muy pocas mentes, en muy pocas bocas, en muy pocos cuerpos inmaculados por la burbuja académica. La universidad, con su estela colonial, con su idea de universalidad, se abroga el derecho de opinar. Le corresponde, es su tarea, su obligación, una de sus funciones, pero suele no involucrar, no escuchar a los estudiantes. Escuchar, nos recuerda Alfredo Molano, es una manera olvidada de mirar. No los escucha, es cierto, pero no es una cuestión deliberada. No. Es más bien, una ruptura de la dimensión comunicativa, de las formas mediáticas y de las jerarquías pedagógicas. De gaseosa mata tinto. De la aparatología que ha creado una especie de artificio donde la inteligencia es un atributo de los aparatos y no de las personas. Ese autismo cibernético de hoy pareciera constituir una nueva forma de opinión pública, encerrada unas veces en 140 caracteres; otras, en memes, esas caricaturas modernas que más que invisibilizar la opinión, la despersonalizan; y otras más, en la multiplicidad de posibilidades informativas y representaciones comunicativas que hoy permiten las nuevas tecnologías. Y allí están los jóvenes.

               De ahí que los factores y las estrategias que configuran la opinión pública: poder, economía, negocios, Estado, medios, gobierno, hegemonías, política, sociedad, información, manipulación, distracción, etc. hoy estén amenazados por su creciente influencia. Vastos ejércitos anónimos que opinan y publican sin la mediación de jefes o editores, sin la presión de dueños o salario, sin profesores ni calificaciones, sin los lineamientos o parámetros ideológicos de un partido o una empresa, sin títulos ni postgrados, sino la escencia simple de existir, de querer decir, de opinar, bien o mal, con razón o sin ella, con argumentos débiles o poderosos, pero ante todo con el estandarte del libre pensamiento como evidencia. No adoctrina, no concluye, no impone, no monopoliza, solo sugiere una especie de voz particular en medio de millones. Esa es al mismo tiempo su fortaleza y su mayor debilidad. Los medios tienen canales y frecuencias definidas. La red es una inmensidad inabarcable, inasible. No por ello se debe desconocer el fenómeno que suscitan las infinitas posibilidades de opinar, el hervidero informativo que son las redes sociales y el nuevo escenario de la comunicación o la incomunicación que sugieren. Informados de todo y enterados de nada. Y allí están los jóvenes, con su increíble capacidad de adaptación, con su enorme compromiso de transformación a la espera o en pausa y con todos sus aparatos… a veces sin batería.

Decía André Glucksmann hace 40 años, que la gente ya no piensa, se informa. Y añadía, que el lenguaje se usa hoy para mantener controlado el pensamiento. No hay duda, los políticos saben al respecto; y sus jefes, los poderosos dueños del capital, también. Para manipular la opinión pública, es preciso exacerbar el verbo y las pasiones, emocionar a los oyentes y alimentar el morbo de los televidentes, para que la adhesión a las ideas que se presenten como la verdad revelada, tenga el mayor número de seguidores. Uribe y Santos lo saben. Llevamos doce años arrullados y arrollados por una opinión pública no antiséptica, sino anti aséptica. Contaminada, sucia, influida, pagada. La adhesión se pega literalmente con babas, a través de la palabra hablada o escrita. La diferencia radica en el estilo, no en el contenido. A veces la inercia y uno que otro avezado orador o escribidor, logra filtrar las esferas de la opinión y ganarse unos cuantos adeptos, pero jamás podrá franquear el Olimpo poderoso, y habrá de conformarse con escupir ideas desde algún escenario menor. ¿Y dónde están los jóvenes? 

               Ya para finalizar y con el respeto que merece el auditorio en pleno, quiero evocar a Pepe Rubianes, director de teatro español que se atrevió a publicar la más acertada definición que hasta el momento haya leído sobre la opinión. Rubianes, valga decirlo, era más grosero que el mismísimo Camilo José Cela, a quien le increparon cabecear en una plenaria y dijo: “No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.” Asimismo, no es lo mismo charlar que chatear. No es lo mismo, el papel higiénico de la prensa en la democracia; que la prensa, el papel higiénico de la democracia. Así como no se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría. O sino que lo diga Libertad, la ovejita que ejerce su derecho al voto ante dos lobos, que deciden qué se va a comer mañana. O los estudiantes, que son la razón de la universidad, del portal Reflexiones Académicas y del papel que asuman en la construcción de opinión pública.

                Dijo Pepe Rubianes: la opinión es como el culo, todo el mundo tiene uno pero cree que es el de los demás el que apesta.

Muchas Gracias.

 

Nota: Texto leído en el marco del lanzamiento de la segunda fase del Portal Reflexiones Académicas

 

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Los desafíos para Colombia en el 2022

Los colombianos nos enfrentamos a múltiples desafíos de orden económico, social y político en el año 2022.

Los desafíos para Colombia en el 2022
Especial para 90minutos.co

Los colombianos nos enfrentamos a múltiples desafíos de orden económico, social y político en el año 2022.

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Con la pandemia sin superar y los problemas económicos y sociales que ha profundizado, el 2022 se plantea para los colombianos como un año de grandes retos. Basta con decir que, en el mundo, el Covid 19 viene cobrando la vida de más de 50.000 personas por semana y que en lo corrido del 2021 más de 3,3 millones de personas perdieron la vida a causa del virus, más muertes que por el VIH, la malaria y la tuberculosis juntas en 2020.

Si bien desde el Gobierno se ha hecho un buen manejo de la crisis sanitaria y se avanza en el proceso de vacunación, un factor clave para superar la pandemia, los colombianos nos enfrentamos a múltiples desafíos de orden económico, social y político.

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Uno de ellos es la necesidad de hacer una reforma estructural a la salud en donde se priorice la salud pública y la atención primaria, para que haya una atención integral continua y sin barreras donde el centro del sistema sea el paciente. En ese sentido, es necesario eliminar la posición dominante de las EPS respecto a los otros actores del sistema, para que por medio de redes integrales de servicios se logre una atención con oportunidad y calidad.

De otra parte, aunque el país registró en el año que termina un buen comportamiento en la reactivación económica, es necesario desarrollar programas de empleo público, el fortalecimiento del tejido empresarial, el apoyo a las microempresas y la promoción de actividades con mayor valor agregado como las manufacturas, agroindustria o el turismo.

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También es fundamental apoyar el sector agrícola y el desarrollo rural. Se debe priorizar al campesino y al campo brindándoles reconocimiento y protección a través de la optimización de sus condiciones de mercado, la distribución de sus productos y el fortalecimiento de sus mecanismos asociativos. Además, se debe mejorar la infraestructura y el entorno empresarial del campo y fortalecer el comercio nacional e internacional. Esto permitirá atacar los principales problemas que impiden la generación de sueños y bienestar de la ciudadanía: el desempleo y la informalidad.

Pero no solamente debemos enfocarnos en el crecimiento económico, sino también en la distribución de la riqueza para disminuir las brechas sociales y las desigualdades que existen entre las regiones, como también entre hombres y mujeres o con los jóvenes, en aspectos como el acceso a la educación y al empleo.

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Hemos hablado de reactivación económica y desarrollo, pero este debe ser sostenible, priorizando acciones que permitan la disminución en el uso de combustibles fósiles y la conservación y uso racional de los recursos naturales.

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No menos importante resulta privilegiar la sociedad del conocimiento, invirtiendo más recursos para la ciencia, la investigación, la innovación y las tecnologías, que nos pongan a la altura de los desafíos de un mundo globalizado.

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Pero este año los colombianos tenemos además una cita crucial con la democracia: las elecciones para el Congreso, en marzo y para elegir el nuevo presidente de la República, en mayo. Frente a estos dos acontecimientos los colombianos necesitamos superar el clima político de polarización, el discurso de odio y de los extremos que no contribuyen a combatir las grandes brechas de desigualdad e injusticia social, que nos aquejan. Por el contrario, hace falta el diálogo franco y la determinación para trabajar unidos por una misma causa, por el bienestar de la gente, sobre todo, por la que está en las regiones más apartadas y olvidadas.

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Por eso, desde el partido de la Unión por la Gente, vamos a aspirar al Congreso, basados en tres principios democráticos: la transformación social, la seguridad y la paz. Somos un partido de centro que, en el marco de una política dinámica, escucha y construye soluciones, en el que la comunidad, la gente y su bienestar sean la prioridad.

A su vez, conformamos el Equipo por Colombia, una coalición de centro, que buscará alcanzar la presidencia del país. Vamos a presentar propuestas que surjan del diálogo ciudadano y lograr así las transformaciones sociales, económicas y ambientales que necesita nuestro país. Esto nos va a permitir, en este nuevo año, comenzar a derrotar la pobreza y desigualdad existentes, generando más y mejores empleos, que nos permita tener esa Colombia justa y equitativa que todos soñamos. Sin duda, son grandes desafíos que valen la pena asumir.

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La inseguridad en Cali, una prioridad nacional

Cali queda en medio de una dinámica de ilegalidad impulsada por el crimen trasnacional que se aprovecha de las condiciones que ofrece la ciudad.

La inseguridad en Cali, una prioridad nacional

Cali queda en medio de una dinámica de ilegalidad impulsada por el crimen trasnacional que se aprovecha de las condiciones que ofrece la ciudad.

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El año 2022 llegó con una alerta temprana de la Defensoría del Pueblo, que advierte de  los riesgos que corren los habitantes de 21 de las 22 comunas y de los 15 corregimientos de Cali y que pone de manifiesto la incidencia de estructuras armadas y de grupos criminales organizados que han elegido a la ciudad como un centro de operaciones, con las implicaciones que eso conlleva. Aumento de los homicidios en 2021, extorsiones y una reorganización de las fuerzas de los grupos ilegales, en particular en estos dos años que lleva la pandemia, nublan el panorama y hacen vulnerables a los habitantes de Cali.

Nuestra ciudad está en medio de un corredor estratégico del narcotráfico, que se extiende desde la zona montañosa de Nariño, Cauca y sur del Valle hasta el Pacífico, desde donde salen las drogas hacia mercados internacionales. Adicionalmente, es un corredor por donde circulan armas y se desarrollan otras economías ilegales, quedando así Cali en medio de una dinámica de ilegalidad impulsada por el crimen trasnacional que se aprovecha de las condiciones que ofrece la ciudad. No en vano es la urbe más grande de toda la región y ofrece más condiciones para servir de centro de operaciones y de residencia de integrantes de estos grupos y estructuras criminales.

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En 2021, como uno de los efectos colaterales del Paro, en Cali vivimos un aumento de los homicidios y se rompieron algunos récords que no se veían desde hace una década, incluso. El semestre de enero a junio del año pasado fue el más violento desde 2017 y los meses de mayo, junio, julio, agosto y octubre fueron los más violentos desde 2014. Hacía cinco años no se llegaba a más de 1200 homicidios en un año y eso habla del reto en seguridad que enfrenta Cali.

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Con el ataque a la Policía a principios de enero, además de los sucesos ocurridos en zona rural de Jamundí y en otras zonas del departamento, queda claro que la amenaza a la seguridad es un asunto nacional, que tiene especial presión sobre Cali. El deterioro del ambiente de seguridad, como bien lo registra la alerta temprana, exige una respuesta de las autoridades en todos los niveles del Estado, desde el nacional hasta el local y en nuestra ciudad, que sufre con mayor fuerza los efectos de este fenómeno, necesitamos mayor y mejor liderazgo. La inseguridad en Cali y la región debe ser una prioridad nacional, es un asunto que trasciende a lo local.

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Darle prioridad a la seguridad, articularse armónicamente con el Gobierno Nacional y con el gobierno departamental, asignar los recursos necesarios y mantener una relación fluida con las agencias de seguridad son elementos fundamentales para enfrentar la amenaza. La ausencia deliberada del alcalde el fin de semana del ataque terrorista a la Policía y en el consejo de seguridad que se llevó a cabo luego de este hecho, nos deja preocupaciones sobre el interés de esta Administración alrededor de la seguridad de los caleños. La amenaza es seria y esperamos que en el gobierno del 'Pacto por la Vida', la defensa de los derechos humanos y de la integridad de los caleños hagan parte de sus principales prioridades.

En Cali queremos vivir seguros y tranquilos. No hay que escatimar esfuerzos para lograrlo.

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Colegio Bilingüe público para Cali

Por ahora, Cali no cuenta con una política pública de bilingüismo. La anterior administración la formuló, pero no fue aprobada.

Colegio Bilingüe público para Cali
Especial para 90minutos.co

Por ahora, Cali no cuenta con una política pública de bilingüismo. La anterior administración la formuló, pero no fue aprobada.

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De las 350 instituciones educativas oficiales de Cali, ninguna es completamente bilingüe. Son al menos 337 mil niños que están perdiendo la posibilidad de graduarse con un conocimiento superior del inglés o cualquier otra lengua extranjera. Las 10 instituciones que brindan esta posibilidad en Cali son privadas.

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Es necesario empezar con una transición a la institución pública bilingüe y reconocer los caminos que se pueden abrir. La tasa de bilingüismo en Bogotá, por ejemplo, es de casi 95 personas por cada mil habitantes, lo que ha posibilitado la llegada de empresas tercerizadoras de servicios, call centers y otras posibilidades de empleo. Los sectores de Tecnologías de la Información (IT) y tercerización de servicios (BPO) le aportan a Bogotá cerca de 315 mil empleos, que equivalen a más del 7 % de las plazas de trabajo que genera la ciudad.

A Cali no le ha llegado este momento porque su tasa de bilingüismo es mucho más baja, de 58.64 personas por cada mil habitantes. Sumando lo mencionado con el potencial eco turístico de la ciudad y actividades de avistamiento de aves, los clúster de la salud y el deporte, no solo deberíamos establecer una educación pública bilingüe, sino graduar a los jóvenes con técnicos comerciales y formación en turismo certificados por el SENA. Hay como aprovecharlo. En los últimos diez años, han llegado a la ciudad 59 proyectos empresariales de estos sectores, de diferentes países, con inversiones que superan los $38 millones de dólares, y han generado 8.900 empleos directos y formales.

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Este es un proceso importante, que requerirá empezar por un solo colegio y luego replicar el modelo en varias instituciones más, habiendo aprendido lecciones. Tomemos un colegio insignia como el Antonio José Camacho o el Santa Librada y empecemos. En Madrid, España, comenzaron este proceso hace unos 17 años y hoy, uno de cada tres niños de la ciudad está escolarizado bajo esta modalidad. Barranquilla ya empezó, y tienen el primer colegio público bilingüe del país, el Instituto Técnico Bilingüe Jorge Nicolás Abello, que ha empezado a dar frutos.

Por ahora, Cali no cuenta con una política pública de bilingüismo. La anterior administración la formuló, pero no fue aprobada. La administración actual revivió el compromiso pero no hay recursos ni mecanismos efectivos para hacer de esta política una realidad. Siento que estaremos desaprovechando el tiempo si no avanzamos en este aspecto educativo. Corremos el riesgo de desmotivar la generación de empresas y los alcances internacionales de muchos emprendimientos.

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