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Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Las amenazas y los vacíos   Justo ahora que se está hablando del postconflicto en casi todos nuestros ámbitos, emergen de nuevo en Cali las amenazas a periodistas. Ocho de ellos han sido declarados “objetivo militar” por ‘Los Urabeños’ a través de un panfleto. En medio de la multicausalidad y la complejidad extremas de […]

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Las amenazas y los vacíos   Justo ahora que se está hablando del postconflicto en casi todos nuestros ámbitos, emergen de nuevo en Cali las amenazas a periodistas. Ocho de ellos han sido declarados “objetivo militar” por ‘Los Urabeños’ a través de un panfleto. En medio de la multicausalidad y la complejidad extremas de […]

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Las amenazas y los vacíos

 

Justo ahora que se está hablando del postconflicto en casi todos nuestros ámbitos, emergen de nuevo en Cali las amenazas a periodistas. Ocho de ellos han sido declarados “objetivo militar” por ‘Los Urabeños’ a través de un panfleto. En medio de la multicausalidad y la complejidad extremas de nuestro conflicto, deberemos esperar si el grupo en mención lo reconoce o lo descalifica, o si otro se lo adjudica o si uno más se lo endilga, o si a otro le da por achacárselo a otro más, o culpa a uno que no figura. No faltará la versión de que fue uno de los mismos periodistas amenazados el que lo escribió, porque su ortografía y redacción son pésimas. Asistiremos entonces solo a otro capítulo de esa otra faceta de la guerra que se libra con la información o la contrainformación o la reinformación. Por ahora, nadie lo ha desmentido, fueron ‘Los Urabeños’. Una de las muchas organizaciones delictivas conformadas luego de la desmovilización de la autodefensas y que, según la Defensoría del Pueblo, ha supuesto un incremento en las amenazas a los periodistas en Colombia.

          En el panfleto, ‘Los Urabeños’ llaman a los periodistas mentirosos, los conminan a investigar más, a buscar la verdad, y además -en un cínico ataque de dignidad- aseguran estar cansados de sus señalamientos y ataques. Si a alguien le queda duda sobre la complejidad de la situación, pues que lo relea con detenimiento. Una organización delincuencial, al margen de la ley, que asesina, que trafica, que comercia con la muerte, que extorsiona, que se mueve en el bajo mundo, que tiene en sus filas a mercenarios del hampa y el sicariato, exige verdad, se presenta como víctima, exalta y reivindica su accionar frente a otro eufemismo nefasto acuñado por la degradación ética y moral en la que se ha sumido Colombia: la “limpieza social”. La sociedad entonces sale a deberles a estos prohombres de la patria porque matan a quienes ellos consideran “ratas”.

          No importan si son ‘Los Urabeños’ o el ‘Clan de los Úsuga’, o ‘Los Rastrojos’, o ‘Los Comba’, o ‘La Oficina de Envigado’, o las ‘Águilas Negras’ o del color que quieran, o las Bacrim, o las Farcrim, todos sin excepción acusarán y amenazarán al periodismo cada que sus intereses se vean afectados por un ejercicio profesional que es más peligroso cuanto más lejos esté de Bogotá. La violencia en Colombia es un modus vivendi  y lo es hace varias décadas. Varios de estos grupos son el resultado de un proceso de paz y deberían en teoría haberse rehabilitado e incorporado a la vida civil. Pero lo cierto es que en nuestro país siempre han negociado los jefes y los rasos que se quedan por fuera, y como no saben o no quieren hacer otra cosa, arman sus estructuras particulares. Esa es una realidad que pareciera desconocer todas las autoridades y algunos colegas. El periodismo, querámoslo o no, siempre termina por llenar los vacíos institucionales del Estado, que son en últimas los vacíos estructurales que nos han llevado históricamente por esta senda de terror y muerte. La sociedad le va a pedir más al periodismo de lo que éste puede ofrecer en el postconflicto, sin saber o reconocer que el postconflicto es una posibilidad no una realidad, no sabemos cuándo va a pasar, o peor aún, si va pasar. Es un anhelo si se quiere, que hoy se negocia en La Habana, con un solo grupo al margen de la ley. Pero y todos los demás, todos los que hoy trafican, asesinan, amenazan, etc. qué va a pasar con ellos y con las comunidades que los padecen.

          Las autoridades se han pronunciado. El gobernador del Valle, Ubeimar Delgado, tildó la acción de cobarde y a sus autores de inescrupulosos. Nada que no pueda decir alguien con la más mínima injerencia en el devenir de sus conciudadanos. Una opinión común, de quien debería tener un pronunciamiento puntual y una directriz gubernamental. El gestor de paz del Departamento, Fabio Ariel Cardozo, a su vez siguió la misma línea y aseguró que estas amenazas no pueden atentar contra la democracia y la libertad de prensa. Gestor, el remedo de democracia que tenemos, lo mismo que el sida, es inmune a los paños de agua tibia. Y la libertad de prensa, otro remedo, no se verá afectada. A lo sumo la vida de los amenazados y de sus familias. Tal vez el defensor del pueblo, Jorge Armando Otálora, fue el más claro y preciso, al exigir medidas de protección urgentes para salvaguardar la integridad y la vida de los comunicadores. Es importante reconocer que si bien a todos nos afecta el conflicto, no todos hemos sido directamente tocados por él. A los colegas solo una recomendación: no permitan o conviertan su tragedia en espectáculo.

           No hay mejor momento para hacer periodismo. Las tecnologías de la información y la inmediatez que ellas suponen, nos han puesto y dibujado un panorama sin límites. No hay un peor momento para hacer periodismo. Ya no hay monopolio de la información, todo el mundo accede a ella y gratis. Incluidos claro, los delincuentes. Asegura Moisés Naím, en su libro El fin del poder que éste está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo, cada vez es más difícil de usar y más fácil de perder. Describe la lucha entre los grandes actores antes dominantes y los nuevos micropoderes que ahora les desafían. Estos micropoderes pueden derribar dictadores, acabar con monopolios y abrir nuevas e increíbles oportunidades, pero también pueden conducir al caos y la parálisis. La tarea y los criterios del periodismo también deben modificarse.

 

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El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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A pocas horas de concluir el año 2021, resulta inevitable hacer un balance de lo que hemos vivido como ciudad en este tiempo. Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, con el desempleo más alto entre las grandes ciudades del país y con un retroceso de casi 20 años en indicadores de pobreza, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales más fuertes que ha tenido Colombia en años. En un coctel de insatisfacción popular mezclada con grupos violentos que aprovecharon el desorden, Cali vivió una espiral de destrucción de capital social y físico sin precedentes del que aún no nos recuperamos totalmente.

El primer semestre de 2021 nos dejó una ciudad con los homicidios al alza por primera vez en una década, con 680 muertes violentas al 30 de junio. En materia de recuperación del empleo, la ciudad avanzó a menor ritmo que otras capitales como Barranquilla y Medellín y el deterioro de la percepción de la ciudadanía en sus instituciones llegó a niveles preocupantemente bajos, lo que nos debe alertar sobre la necesidad de recuperar la confianza de la gente. Sin ese aspecto, es muy difícil que la gente se sienta parte de una ciudad que avanza y participe del cambio que necesitamos.

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Cali es una ciudad con un inmenso potencial y una gran capacidad de recuperarse. En este segundo semestre, a pesar de duros debates alrededor de hechos que comprometen la credibilidad de las instituciones ante los ciudadanos, hemos podido avanzar. Para noviembre, teníamos la tasa de desempleo más baja desde el inicio de la pandemia y se recuperó el sector nocturno y las industrias culturales. Si bien aún tenemos unos retos gigantes en movilidad y seguridad, por citar dos temas de gran preocupación, resulta fundamental reconocer que en Cali se está intentando recuperar la vida que se llevó la pandemia y es un propósito colectivo.

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La reconstrucción de Cali pasa por algo más que rehabilitar infraestructuras destruidas como la del MIO. En 2022, en conjunto con la sociedad civil, los empresarios y el sector público, se deberán enfrentar retos enormes para la recuperación de la confianza de la gente, cuya pérdida hoy constituye la mayor y más profunda crisis que atravesamos. Ese capital social es clave para la reconstrucción de Cali, para que vuelva el civismo, la cultura ciudadana y las perspectivas dejen de ser sombrías.

Si el año 2021 fue el segundo año en crisis profunda, 2022 debe ser el año de la recuperación. Poner los ojos en el empleo, en detener la espiral de violencia e inseguridad, desarrollar proyectos estratégicos como el tren de cercanías y devolverles credibilidad a las instituciones públicas son objetivos fundamentales sobre los cuales debemos sustentar el avance en la siguiente década. Que esta sea la última Navidad en medio de esta crisis profunda.

¡Feliz Año caleñísimo!

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Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico
Especial para 90minutos.co

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, representan cerca del 10% de los colombianos. Se trata de una población que con su trabajo y riqueza cultural ha contribuido a la construcción de lo que hoy somos como país. Sin embargo, en mis recorridos por sus territorios he podido palpar cómo sus gentes padecen el atraso y el abandono, una deuda histórica que estamos obligados a pagar.

Basta con revisar los índices de pobreza multidimensional. Por ejemplo, en el Pacífico, antes de la pandemia, en 2018 este indicador estaba en 11 puntos por encima de la media nacional, una situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria. Y vemos casos como en Nariño, donde el promedio superó los 23 puntos.

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Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de esta región, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste. Por ejemplo, se expidió la Ley 70, que busca reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías, pero no se ha reglamentado en su totalidad.

Considero que es necesario que la ley reivindique este derecho a las comunidades organizadas que existen tanto en la zona rural como urbana. La reglamentación de la ley permitiría que las comunidades Narp tuvieran mayor incidencia en los planes de desarrollo y en los instrumentos de planificación existentes en los entes territoriales.

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De otra parte, es importante materializar políticas de desarrollo económico y social de largo plazo las cuales deben garantizar la participación de las comunidades en la toma de decisiones. Además, en estas iniciativas la bioeconomía y el ecoturismo deben tener un papel preponderante. También, es necesario incentivar mercados ágiles y funcionales, aprovechando la ubicación geográfica estratégica para atraer inversión internacional, y desarrollar una planificación con enfoque étnico, que impacte positivamente a las comunidades al identificar las subregiones y sus diferentes vocaciones productivas.

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Otro reto fundamental es la salud, cuya problemática se puede resumir en la falta de centros de atención, talento humano insuficiente y escasos recursos para el transporte de los enfermos de las zonas rurales, entre otros factores.

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Para mitigar esta situación es urgente desarrollar un modelo de atención primaria integral en salud con enfoque etnocultural. También, reforzar el Plan Decenal de Salud Pública, que desarrolle una red integral e integrada en salud, que vaya desde la promoción y prevención, hasta la rehabilitación del paciente y además, estimular económica y académicamente a los profesionales de la salud para que laboren en estos territorios.

Pero no podemos olvidar que la violencia generalizada en el Litoral es un factor que frena muchas iniciativas sociales y económicas. Por eso es importante propender por una cultura política de paz, que garantice los derechos humanos, el desarrollo y el fin de la pobreza extrema. Para lograrlo se necesita la presencia integral del Estado. Esto debe ir de la mano con el desarrollo de oportunidades para la población. Finalmente, se debe fortalecer jurídicamente al Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, con una mayor articulación entre las entidades nacionales y territoriales encargadas de hacer efectivo el goce de derechos de las víctimas del conflicto armado.

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Apoyar el desarrollo de las comunidades afro, ha sido uno de mis mayores compromisos. Así lo demostré en mi labor como gobernadora del Valle del Cauca, en donde fuimos el único departamento de Colombia que construyó un capítulo étnico - afro en el marco del plan de desarrollo, además creamos el Plan Decenal, una política pública para la población afro. También, a través de la Universidad del Valle se aumentaron los cupos para el acceso de esta población en la educación superior, del 4 al 8%, y creamos el canal de televisión Orígenes, dirigido a las comunidades étnicas, entre otros logros.

Es necesario que desde el país también exista un mayor reconocimiento, respeto y transparencia en el desarrollo de políticas en favor de las comunidades afro de nuestro Pacífico. Esto es posible a través de un liderazgo colectivo, que nos permita tomar decisiones firmes pese a las dificultades y así podamos crear caminos para la construcción de un país más equitativo, más justo, con más inversión, crecimiento y oportunidades para todos.

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Feliz Navidad y ¿feliz año?

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

Feliz Navidad y ¿feliz año?
Especial para 90minutos.co

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

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Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

Muchos en esta época navideña sienten la presión familiar, la felicidad abrumante de redes sociales, las preguntas incómodas de los encuentros con amigos y la culpa por no poder comprar un regalo o por comprar de más, convirtiendo estas fiestas en una verdadera tortura. Sin embargo muchos otros han entendido el verdadero valor de estar aquí y ven como un regalo de la vida poder compartir con quienes aman.

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El 2021, fue un año diferente, para agradecer estar aquí y honrar a los que ya no nos acompañan pero que también nos volvió vulnerables, que nos enseñó que los planes cambian pero que poco a poco todo pasa y aunque cada día haya situaciones nuevas por superar existen miles de motivos más por los cuales agradecer.

Lea también: La muerte me enseñó a vivir la vida

Poder aceptar que fue un año difícil y retador, también es un logro, haber aprendido a aceptar sus emociones, validarlas y tener la oportunidad de buscar que el próximo sea distinto. No se sienta culpable si lo que más desea como regalo de navidad es que este 2021 se vaya, es tanto el discurso de positivismo que nos han vendido que a veces ocultamos nuestros verdaderos deseos solo para encajar, pero yo si deseo con ansias que llegue un nuevo año porque aunque se lea un poco cliché, el finalizar un año es la oportunidad perfecta para hacer un Detox emocional y abrirse a 365 días nuevos llenos de oportunidades.

Recuerde que puede cambiar un año pero la decisión de cambiar su vida solo depende de usted.

@melihinestrosa

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