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Música Viva

Cuando uno trabaja en algo “normal” según los estándares sociales- ingeniero, arquitecto, abogado, médico- llega el fin de semana y lo más probable es que quiera salir con los amigos. Por lo general los planes incluyen música. Pero cuando uno es músico… ¿qué hace? Las opciones son tres: meterse en un bunker y ver todas […]

Música Viva

Cuando uno trabaja en algo “normal” según los estándares sociales- ingeniero, arquitecto, abogado, médico- llega el fin de semana y lo más probable es que quiera salir con los amigos. Por lo general los planes incluyen música. Pero cuando uno es músico… ¿qué hace? Las opciones son tres: meterse en un bunker y ver todas […]

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Cuando uno trabaja en algo “normal” según los estándares sociales- ingeniero, arquitecto, abogado, médico- llega el fin de semana y lo más probable es que quiera salir con los amigos. Por lo general los planes incluyen música. Pero cuando uno es músico… ¿qué hace? Las opciones son tres: meterse en un bunker y ver todas las películas que puede, dedicarse a algo que no tenga nada que ver con canto o instrumentos… O salir con los amigos a verlos tocar o a hacer música con ellos, en plan disfrute, pues la gente con la que uno se ve todo el tiempo, inevitablemente se convierte en tu “rosca” (bella palabreja que define el círculo en el que te mueves). La música está viva. No hay forma de escapar de ella.

En Cali hay un movimiento fuerte de seres tremendamente talentosos que tiene la fortuna de vivir de lo que ama hacer. Ser músico dejó de ser un estigma para convertirse en algo envidiable. Y este blog lo voy a dedicar a ellos. Si ustedes están por estas tierras, o los ven anunciados en las suyas, búsquenlos y deléitense con sus dones maravillosos.

Como uno tiene que escribir de lo que sabe y vive… y además tengo permiso expreso de nombrar lugares y personas, hablaré de algunos músicos y de sitios en los que he estado durante las últimas semanas, en las que me he dedicado a la “labor investigativa”. ¡Conste que es solo eso! (Esa no me la cree nadie). La verdad, no salgo mucho, pero esta labor me gustó. ¡Me ofrezco voluntariamente como tributo! ¡Me sacrifico!

Comenzaré por mi sitio favorito: Kukaramákara. La experiencia de rumba es fabulosa. No en vano han estado ahí más de una década. Los músicos, de primera línea y destacaré a algunos:
Julio Ramirez, el baterista, cubano de nacimiento, recién recibió su ciudadanía colombiana y yo digo que Colombia gana con ello. Tremendo productor, toca el instrumento que le pongas al frente y como percusionista es un reloj. Un salvaje en el buenísimo sentido de la palabra. Lo vi liderando su proyecto “Cali-Habana” en la casa Proartes durante el festival Tamborimba y me dejó sin palabras.

Luis Alfredo Sandoval, el bajista, es versátil a más no poder. ¡Toca el género que sea! Algunos de los cantantes de salsa más reconocidos que nos visitan en gira, lo incluyen en la banda que los acompaña. Y hace parte de la Cali Salsa Big Band de Jose Aguirre, el músico que está mandando la parada a nivel “macroproyectos”. Calculen. – De este gran personaje y sus proyectos hablaré pronto.

Gustavo Serna. El hombre la tiene clara con la guitarra. Pone las notas donde tienen que estar y con una cara de tranquilidad absoluta, hace unos solos casi “extraterrestres”.

Virginia Echeverri. Si usted quiere entretenerse y cantar –a los gritos y encima de la mesa- música de todo tipo, con una de las voces más encantadoras de la ciudad, mientras disfruta del carisma de esta niña que maneja al público con un dedito diminuto –ella es pequeñita y menudita ¡pero enorme!-, vaya a verla. Y después me cuenta.

Visité también La Hamburguesería -en Granada- para ver a “Manteca Blue”.  ¡Buena propuesta! Y hablaré particularmente de dos músicos: Denilson Ibargüen, percusionista, que parece que tuviera candela en las manos. Tocó durante varios años en la Orquesta Guayacán y ahora trabaja con proyectos independientes. Y Daniel Gutiérrez. Si usted tiene algo que ver con música y vive en la Sucursal del Cielo, seguro conoce a este pianista a quien cariñosamente muchos en broma le decimos “enmóñame” –la palabra con la que se piden conexiones o trabajo-. Es el pianista de moda en Cali. En un par de años ha crecido exponencialmente como músico ¡y propone cosas muy interesantes! Donde vea ese nombre en el cartel, vaya. No se va a arrepentir.

Si hablo de pianistas, tengo que mencionar que vi el Encuentro de Pianistas en Zaperoco –el delicioso sitio de Johanna Cote y Mauricio Levy, lugar de culto urbano a la salsa en el que comenzó esta racha de salidas investigativas- a Víctor González (un “caballo” -en el argot musical un teso-) a Carlos Galvez alias “Piolín”, que aparte de ser el pianista de Guayacán y tocar con Yuri Buenaventura… ¿qué más les puedo decir como garantía de calidad? A Oscar Ivan Lozano (OiLo) ex-pianista de Grupo Niche, cuyo proyecto de música del Pacífico “Chirimía Lite” es una delicia. Al ya mencionado y talentoso Daniel Gutiérrez  y a Alvaro Cabarcas “Pelusa” también ex – Niche y líder de La Banda Caramba. Grandes ligas. ¡No se los pierda cuando los vea anunciados!

Diego Giraldo: Trompetista impecable. Donde pone la boquilla pone la nota. Véalo en Pizza al Paso de El Peñón en el Jam de los miércoles.

Sarli Delgado: Dos palabras que anuncian belleza. Bajista y contrabajista… ¡y recontrabajista! Tocando música clásica con la Banda Departamental es una maestra. La delicadeza de su sonido es inigualable. Y con la salsa, es la “no va más”. Está “tete a tete” con los mejores. La puede ver también en Punto Baré.

Si ve en alguna parte anunciado el nombre “Herencia de Timbiquí” corra a hacer fila. Ganadores de una Gaviota de Plata en Viña del Mar, estos intérpretes del Pacífico se le roban el corazón en 5…4…3…2…1… ¡son una maravilla! ¡Todos!

Y por último por esta vez, visité Ruta 66. Hay dos. Y cualquiera de los dos es bueno, mientras esté Karen Mondragón, que es mi más reciente adición a la lista de “cantantes favoritas”.  ¡Esta nena es literalmente un dínamo! Verla en escena lo deja a uno cansado. De nuevo, en el buen sentido. Porque no hay forma de quedarse quieto y no contagiarse de su energía. Uno no puede creer que de esta criatura que es más bien “petite” en estatura, salgan esos sonidos rockeros gigantescos que lo ponen a vibrar a uno en frecuencias muy altas.

Cuando tenga más recomendaciones, las estaré pasando. Tengo chismes musicales de primera mano, represados hasta tener la autorización debida de los organizadores.
Si a uno le gusta algo, ¡quiere compartirlo con los demás para que lo disfruten! Espero que ustedes tengan la oportunidad.

¡VIVA LA MÚSICA! ¡VÉALA EN VIVO!
Nos vemos en quince días si Dios me la presta. 

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La Ciudad Inteligente es una necesidad para Cali

Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales de Emcali.

Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales de Emcali.

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Tal propósito empresarial y tecnológico se puede hacer a través de nuestras empresas municipales; apalancando financiera y tecnológicamente el componente de telecomunicaciones de Emcali.

Lea también: ¿Cómo hacerle frente a la ola de inseguridad y violencia en Cali?

La empresa tiene un capital humano extraordinario; que, con el apoyo de la Alcaldía, sacará adelante este importante proyecto para la ciudad.

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El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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A pocas horas de concluir el año 2021, resulta inevitable hacer un balance de lo que hemos vivido como ciudad en este tiempo. Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, con el desempleo más alto entre las grandes ciudades del país y con un retroceso de casi 20 años en indicadores de pobreza, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales más fuertes que ha tenido Colombia en años. En un coctel de insatisfacción popular mezclada con grupos violentos que aprovecharon el desorden, Cali vivió una espiral de destrucción de capital social y físico sin precedentes del que aún no nos recuperamos totalmente.

El primer semestre de 2021 nos dejó una ciudad con los homicidios al alza por primera vez en una década, con 680 muertes violentas al 30 de junio. En materia de recuperación del empleo, la ciudad avanzó a menor ritmo que otras capitales como Barranquilla y Medellín y el deterioro de la percepción de la ciudadanía en sus instituciones llegó a niveles preocupantemente bajos, lo que nos debe alertar sobre la necesidad de recuperar la confianza de la gente. Sin ese aspecto, es muy difícil que la gente se sienta parte de una ciudad que avanza y participe del cambio que necesitamos.

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Cali es una ciudad con un inmenso potencial y una gran capacidad de recuperarse. En este segundo semestre, a pesar de duros debates alrededor de hechos que comprometen la credibilidad de las instituciones ante los ciudadanos, hemos podido avanzar. Para noviembre, teníamos la tasa de desempleo más baja desde el inicio de la pandemia y se recuperó el sector nocturno y las industrias culturales. Si bien aún tenemos unos retos gigantes en movilidad y seguridad, por citar dos temas de gran preocupación, resulta fundamental reconocer que en Cali se está intentando recuperar la vida que se llevó la pandemia y es un propósito colectivo.

Lea también: EMCALI, una prioridad

La reconstrucción de Cali pasa por algo más que rehabilitar infraestructuras destruidas como la del MIO. En 2022, en conjunto con la sociedad civil, los empresarios y el sector público, se deberán enfrentar retos enormes para la recuperación de la confianza de la gente, cuya pérdida hoy constituye la mayor y más profunda crisis que atravesamos. Ese capital social es clave para la reconstrucción de Cali, para que vuelva el civismo, la cultura ciudadana y las perspectivas dejen de ser sombrías.

Si el año 2021 fue el segundo año en crisis profunda, 2022 debe ser el año de la recuperación. Poner los ojos en el empleo, en detener la espiral de violencia e inseguridad, desarrollar proyectos estratégicos como el tren de cercanías y devolverles credibilidad a las instituciones públicas son objetivos fundamentales sobre los cuales debemos sustentar el avance en la siguiente década. Que esta sea la última Navidad en medio de esta crisis profunda.

¡Feliz Año caleñísimo!

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Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico
Especial para 90minutos.co

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, representan cerca del 10% de los colombianos. Se trata de una población que con su trabajo y riqueza cultural ha contribuido a la construcción de lo que hoy somos como país. Sin embargo, en mis recorridos por sus territorios he podido palpar cómo sus gentes padecen el atraso y el abandono, una deuda histórica que estamos obligados a pagar.

Basta con revisar los índices de pobreza multidimensional. Por ejemplo, en el Pacífico, antes de la pandemia, en 2018 este indicador estaba en 11 puntos por encima de la media nacional, una situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria. Y vemos casos como en Nariño, donde el promedio superó los 23 puntos.

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Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de esta región, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste. Por ejemplo, se expidió la Ley 70, que busca reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías, pero no se ha reglamentado en su totalidad.

Considero que es necesario que la ley reivindique este derecho a las comunidades organizadas que existen tanto en la zona rural como urbana. La reglamentación de la ley permitiría que las comunidades Narp tuvieran mayor incidencia en los planes de desarrollo y en los instrumentos de planificación existentes en los entes territoriales.

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De otra parte, es importante materializar políticas de desarrollo económico y social de largo plazo las cuales deben garantizar la participación de las comunidades en la toma de decisiones. Además, en estas iniciativas la bioeconomía y el ecoturismo deben tener un papel preponderante. También, es necesario incentivar mercados ágiles y funcionales, aprovechando la ubicación geográfica estratégica para atraer inversión internacional, y desarrollar una planificación con enfoque étnico, que impacte positivamente a las comunidades al identificar las subregiones y sus diferentes vocaciones productivas.

Lea también: ¡Brindemos con viche por el Pacífico!

Otro reto fundamental es la salud, cuya problemática se puede resumir en la falta de centros de atención, talento humano insuficiente y escasos recursos para el transporte de los enfermos de las zonas rurales, entre otros factores.

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Para mitigar esta situación es urgente desarrollar un modelo de atención primaria integral en salud con enfoque etnocultural. También, reforzar el Plan Decenal de Salud Pública, que desarrolle una red integral e integrada en salud, que vaya desde la promoción y prevención, hasta la rehabilitación del paciente y además, estimular económica y académicamente a los profesionales de la salud para que laboren en estos territorios.

Pero no podemos olvidar que la violencia generalizada en el Litoral es un factor que frena muchas iniciativas sociales y económicas. Por eso es importante propender por una cultura política de paz, que garantice los derechos humanos, el desarrollo y el fin de la pobreza extrema. Para lograrlo se necesita la presencia integral del Estado. Esto debe ir de la mano con el desarrollo de oportunidades para la población. Finalmente, se debe fortalecer jurídicamente al Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, con una mayor articulación entre las entidades nacionales y territoriales encargadas de hacer efectivo el goce de derechos de las víctimas del conflicto armado.

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Apoyar el desarrollo de las comunidades afro, ha sido uno de mis mayores compromisos. Así lo demostré en mi labor como gobernadora del Valle del Cauca, en donde fuimos el único departamento de Colombia que construyó un capítulo étnico - afro en el marco del plan de desarrollo, además creamos el Plan Decenal, una política pública para la población afro. También, a través de la Universidad del Valle se aumentaron los cupos para el acceso de esta población en la educación superior, del 4 al 8%, y creamos el canal de televisión Orígenes, dirigido a las comunidades étnicas, entre otros logros.

Es necesario que desde el país también exista un mayor reconocimiento, respeto y transparencia en el desarrollo de políticas en favor de las comunidades afro de nuestro Pacífico. Esto es posible a través de un liderazgo colectivo, que nos permita tomar decisiones firmes pese a las dificultades y así podamos crear caminos para la construcción de un país más equitativo, más justo, con más inversión, crecimiento y oportunidades para todos.

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