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El fenómeno del Ñoño

Lo de los Wayúu no es una crisis humanitaria, es un genocidio y por él deberían pagar los responsables. Más que condenados al hambre y a la sed, han sido presa de dos fieras, una insaciable, la corrupción; y otra cavernícola, el abandono estatal. Y digo deberían, porque no va a pasar nada. Esa andanada […]

El fenómeno del Ñoño

Lo de los Wayúu no es una crisis humanitaria, es un genocidio y por él deberían pagar los responsables. Más que condenados al hambre y a la sed, han sido presa de dos fieras, una insaciable, la corrupción; y otra cavernícola, el abandono estatal. Y digo deberían, porque no va a pasar nada. Esa andanada […]

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Lo de los Wayúu no es una crisis humanitaria, es un genocidio y por él deberían pagar los responsables. Más que condenados al hambre y a la sed, han sido presa de dos fieras, una insaciable, la corrupción; y otra cavernícola, el abandono estatal. Y digo deberían, porque no va a pasar nada. Esa andanada de campañas solidarias que unas veces son registradas y otras lideradas por los medios de comunicación, poco a poco logran esconder el fondo del asunto. Hordas de colombianos -acaso de buena fe- que donan una libra de algún alimento no perecedero para los indígenas. Alguna marca de arroz o de agua embotellada o de fríjol importado, hace presencia solidaria para atenuar la hambruna y de paso, ganarse unos buenos réditos publicitarios. Y los responsables, tranquilos. Y el Estado, con estrategias asistencialistas que fortalecen esa idea mendicante que se confunde con la solidaridad. Colombia es un país donde se enseña a mendigar, a pedir favores y no a exigir responsabilidades.

La mejor forma de ayudar a esos que ahora los medios llaman nuestros hermanos, pero de los que desconocemos casi todo, no es liderar campañas para mitigar el problema temporalmente, sino denunciar para que esta situación no se repita en la Guajira, ni en ninguno otro de los 32 departamentos de Colombia, donde todos los días se mueren niños de hambre. 15.000 niños mueren al año por enfermedades asociadas a la falta de alimento en nuestro país. El dato, más escalofriante que cualquier escándalo sexual superfluo, es resultado de un estudio de la Universidad Nacional realizado en 2009. Pero todos sabemos que los estudios que hacen las universidades no les interesan a los noticieros. Bueno, a veces no le interesan ni al colegaje. Otro de la Universidad de Los Andes, asegura que alrededor del 13% de la población infantil sufre desnutrición crónica. La situación es crítica en Guajira, pero también en Chocó, Boyacá, Cauca, Cesar y Amazonas. Y muy delicada en otros doce departamentos.

La pobreza y la desnutrición son hermanas siamesas. Inseparables, consecuentes. Veinte millones de pobres y ocho millones de indigentes, seres humanos que sobreviven con tres mil pesos o menos al día, no se soluciona en Colombia con donaciones, ni campañas mediáticas o llamados a la solidaridad social. Es la solidaridad pero estatal la que debe, no reducir si no erradicar, semejante vergüenza en un país que tiene la riqueza y los recursos para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Wayúu significa persona y el país pareciera sigue sin considerar como tal a cientos de miles de nacionales que conforman la etnia originaria más grande de Colombia. Han logrado mantener una lengua viva y unas tradiciones que no son entendidas por la mirada centralista de la nación.

Ahora que la culpa de todas las desgracias nacionales son endilgadas a ‘El fenómeno del Niño’, vale recordar que el rio Ranchería -su fuente ancestral-, fue desviado de su cauce para suplir las necesidades del consorcio multinacional de Cerrejón -la segunda mina a cielo abierto más grande del mundo-, donde el agua es utilizada en procesos industriales, consumo de por lo menos 2.200 habitantes de su ciudadela industrial y para evitar pérdidas y contaminación por viento, manteniendo superficies humedecidas todo el día. Tanta pobreza en medio de tanta exuberancia, solo puede ser producto de la desidia, la exclusión, la marginalidad, la inequidad y la iniquidad, de una clase dirigente a la que los indígenas les interesan menos que nada.

Esta zona ha sido fortín politiquero -no político o la situación de los Wayúu sería diferente- del partido Cambio Radical, responsable de los avales, las campañas, la propaganda, la implementación de políticas, el manejo de los fondos del Estado y de las regalías.Regalías con las cuales cualquier habitante de un pueblo de la Guajira, como Manaure o Uribia, podría tener la calidad de vida de una persona que resida en cualquier ciudad suiza. Primero se murieron los animales y luego comenzaron a morirse los niños. De eso hace una década. A mediados de 2015 Canal Capital denunció la situación, pero como todo lo bueno que llevara el sello Gustavo Petro en Bogotá se invisibilizaba, los medios nacionales desatendieron el chivatazo que no solo se ganó el premio CPB, si no que sirvió para destapar una  de las mayores cajas de recursos de la politiquería y la corruptela nacional: el ICBF, que no tiene control sobre los contratistas que ejecutan sus programas.

Las cifras de la corrupción en la Guajira que ha despilfarrado millones, resultan infames ante la situación de los niños Wayúu y sus familias. El robo sistemático de las regalías y el erario, es de una magnitud asombrosa, supera la malversación y alcanza unos niveles de ratería asquerosos. Municipios como Albania -demos por caso- recibió entre 2007 y 2011, 232 mil millones por regalías; y Uribia, 220 mil millones en el mismo periodo. La Guajira pudo haber recibido en diez años lo que Bogotá pagará en 100 años por la primera línea del metro. Riohacha no tiene acueducto y lo han inaugurado tres veces. El poder corruptor neutraliza las investigaciones el Contraloría, Procuraduría y Fiscalía.

Y dicha situación tiene nombres propios: Oneida Pinto, actual gobernadora y exalcaldesa de Albania; Cielo Redondo, exalcaldesa de Uribia, prófuga de la justicia, su hijo es hoy el alcalde de Uribia; Alfredo De Luque, presidente de la Cámara de Representantes más investigado que la sábila; Kiko Gómez, exgobernador que tiene procesos judiciales por 131 homicidios y tras las rejas sigue aterrorizando; o la familia Ballesteros, o Yaneris Cote Cote, o Jorge Pérez Bernier. Y no pasa nada. La denuncia también está hecha ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la que se le solicitó medidas cautelares en favor de los niños indígenas de la Guajira. Razón tiene el periodista Gonzalo Guillén cuando dice que a los niños de la Guajira no los está matando ‘El fenómeno del Niño’, sino ‘El fenómeno del Ñoño’, esa práctica politiquera corrupta de individuos rapaces y asesinos, cada vez más ricos y cada vez más sinvergüenzas. Y los noticieros de televisión nacional haciendo campañas de pornomiseria para alimentar hambrientos y, claro, sus ingresos. No hay derecho a tanta desidia.

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El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

El balance del año

Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales.

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A pocas horas de concluir el año 2021, resulta inevitable hacer un balance de lo que hemos vivido como ciudad en este tiempo. Cali no solo enfrentó una crisis económica profunda por la pandemia, con el desempleo más alto entre las grandes ciudades del país y con un retroceso de casi 20 años en indicadores de pobreza, sino que se convirtió en el epicentro de las movilizaciones sociales más fuertes que ha tenido Colombia en años. En un coctel de insatisfacción popular mezclada con grupos violentos que aprovecharon el desorden, Cali vivió una espiral de destrucción de capital social y físico sin precedentes del que aún no nos recuperamos totalmente.

El primer semestre de 2021 nos dejó una ciudad con los homicidios al alza por primera vez en una década, con 680 muertes violentas al 30 de junio. En materia de recuperación del empleo, la ciudad avanzó a menor ritmo que otras capitales como Barranquilla y Medellín y el deterioro de la percepción de la ciudadanía en sus instituciones llegó a niveles preocupantemente bajos, lo que nos debe alertar sobre la necesidad de recuperar la confianza de la gente. Sin ese aspecto, es muy difícil que la gente se sienta parte de una ciudad que avanza y participe del cambio que necesitamos.

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Cali es una ciudad con un inmenso potencial y una gran capacidad de recuperarse. En este segundo semestre, a pesar de duros debates alrededor de hechos que comprometen la credibilidad de las instituciones ante los ciudadanos, hemos podido avanzar. Para noviembre, teníamos la tasa de desempleo más baja desde el inicio de la pandemia y se recuperó el sector nocturno y las industrias culturales. Si bien aún tenemos unos retos gigantes en movilidad y seguridad, por citar dos temas de gran preocupación, resulta fundamental reconocer que en Cali se está intentando recuperar la vida que se llevó la pandemia y es un propósito colectivo.

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La reconstrucción de Cali pasa por algo más que rehabilitar infraestructuras destruidas como la del MIO. En 2022, en conjunto con la sociedad civil, los empresarios y el sector público, se deberán enfrentar retos enormes para la recuperación de la confianza de la gente, cuya pérdida hoy constituye la mayor y más profunda crisis que atravesamos. Ese capital social es clave para la reconstrucción de Cali, para que vuelva el civismo, la cultura ciudadana y las perspectivas dejen de ser sombrías.

Si el año 2021 fue el segundo año en crisis profunda, 2022 debe ser el año de la recuperación. Poner los ojos en el empleo, en detener la espiral de violencia e inseguridad, desarrollar proyectos estratégicos como el tren de cercanías y devolverles credibilidad a las instituciones públicas son objetivos fundamentales sobre los cuales debemos sustentar el avance en la siguiente década. Que esta sea la última Navidad en medio de esta crisis profunda.

¡Feliz Año caleñísimo!

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Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

Los retos frente a las comunidades afro del Pacífico
Especial para 90minutos.co

Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de estas comunidades, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste.

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Las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, representan cerca del 10% de los colombianos. Se trata de una población que con su trabajo y riqueza cultural ha contribuido a la construcción de lo que hoy somos como país. Sin embargo, en mis recorridos por sus territorios he podido palpar cómo sus gentes padecen el atraso y el abandono, una deuda histórica que estamos obligados a pagar.

Basta con revisar los índices de pobreza multidimensional. Por ejemplo, en el Pacífico, antes de la pandemia, en 2018 este indicador estaba en 11 puntos por encima de la media nacional, una situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria. Y vemos casos como en Nariño, donde el promedio superó los 23 puntos.

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Si bien, desde el Estado se han emprendido acciones para aliviar la dura realidad de esta región, son muchos los retos que existen para superar la inequidad, que persiste. Por ejemplo, se expidió la Ley 70, que busca reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías, pero no se ha reglamentado en su totalidad.

Considero que es necesario que la ley reivindique este derecho a las comunidades organizadas que existen tanto en la zona rural como urbana. La reglamentación de la ley permitiría que las comunidades Narp tuvieran mayor incidencia en los planes de desarrollo y en los instrumentos de planificación existentes en los entes territoriales.

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De otra parte, es importante materializar políticas de desarrollo económico y social de largo plazo las cuales deben garantizar la participación de las comunidades en la toma de decisiones. Además, en estas iniciativas la bioeconomía y el ecoturismo deben tener un papel preponderante. También, es necesario incentivar mercados ágiles y funcionales, aprovechando la ubicación geográfica estratégica para atraer inversión internacional, y desarrollar una planificación con enfoque étnico, que impacte positivamente a las comunidades al identificar las subregiones y sus diferentes vocaciones productivas.

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Otro reto fundamental es la salud, cuya problemática se puede resumir en la falta de centros de atención, talento humano insuficiente y escasos recursos para el transporte de los enfermos de las zonas rurales, entre otros factores.

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Para mitigar esta situación es urgente desarrollar un modelo de atención primaria integral en salud con enfoque etnocultural. También, reforzar el Plan Decenal de Salud Pública, que desarrolle una red integral e integrada en salud, que vaya desde la promoción y prevención, hasta la rehabilitación del paciente y además, estimular económica y académicamente a los profesionales de la salud para que laboren en estos territorios.

Pero no podemos olvidar que la violencia generalizada en el Litoral es un factor que frena muchas iniciativas sociales y económicas. Por eso es importante propender por una cultura política de paz, que garantice los derechos humanos, el desarrollo y el fin de la pobreza extrema. Para lograrlo se necesita la presencia integral del Estado. Esto debe ir de la mano con el desarrollo de oportunidades para la población. Finalmente, se debe fortalecer jurídicamente al Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, con una mayor articulación entre las entidades nacionales y territoriales encargadas de hacer efectivo el goce de derechos de las víctimas del conflicto armado.

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Apoyar el desarrollo de las comunidades afro, ha sido uno de mis mayores compromisos. Así lo demostré en mi labor como gobernadora del Valle del Cauca, en donde fuimos el único departamento de Colombia que construyó un capítulo étnico - afro en el marco del plan de desarrollo, además creamos el Plan Decenal, una política pública para la población afro. También, a través de la Universidad del Valle se aumentaron los cupos para el acceso de esta población en la educación superior, del 4 al 8%, y creamos el canal de televisión Orígenes, dirigido a las comunidades étnicas, entre otros logros.

Es necesario que desde el país también exista un mayor reconocimiento, respeto y transparencia en el desarrollo de políticas en favor de las comunidades afro de nuestro Pacífico. Esto es posible a través de un liderazgo colectivo, que nos permita tomar decisiones firmes pese a las dificultades y así podamos crear caminos para la construcción de un país más equitativo, más justo, con más inversión, crecimiento y oportunidades para todos.

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Feliz Navidad y ¿feliz año?

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

Feliz Navidad y ¿feliz año?
Especial para 90minutos.co

Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

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Definitivamente el año 2021 para muchos no fue fácil y hay que dejar de sentirnos culpables por decir en voz alta que queremos que se acabe.

Muchos en esta época navideña sienten la presión familiar, la felicidad abrumante de redes sociales, las preguntas incómodas de los encuentros con amigos y la culpa por no poder comprar un regalo o por comprar de más, convirtiendo estas fiestas en una verdadera tortura. Sin embargo muchos otros han entendido el verdadero valor de estar aquí y ven como un regalo de la vida poder compartir con quienes aman.

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El 2021, fue un año diferente, para agradecer estar aquí y honrar a los que ya no nos acompañan pero que también nos volvió vulnerables, que nos enseñó que los planes cambian pero que poco a poco todo pasa y aunque cada día haya situaciones nuevas por superar existen miles de motivos más por los cuales agradecer.

Lea también: La muerte me enseñó a vivir la vida

Poder aceptar que fue un año difícil y retador, también es un logro, haber aprendido a aceptar sus emociones, validarlas y tener la oportunidad de buscar que el próximo sea distinto. No se sienta culpable si lo que más desea como regalo de navidad es que este 2021 se vaya, es tanto el discurso de positivismo que nos han vendido que a veces ocultamos nuestros verdaderos deseos solo para encajar, pero yo si deseo con ansias que llegue un nuevo año porque aunque se lea un poco cliché, el finalizar un año es la oportunidad perfecta para hacer un Detox emocional y abrirse a 365 días nuevos llenos de oportunidades.

Recuerde que puede cambiar un año pero la decisión de cambiar su vida solo depende de usted.

@melihinestrosa

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