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El doble discurso

Ya no hay discursos limpios. Trasparentes. Honestos. Claros. Como las maletas de los narcotraficantes, todos tienen doble fondo. Y hasta triple. Se piensa una cosa y se dice otra. Se dice una cosa y se hace otra. Ya no hay coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. […]

El doble discurso

Ya no hay discursos limpios. Trasparentes. Honestos. Claros. Como las maletas de los narcotraficantes, todos tienen doble fondo. Y hasta triple. Se piensa una cosa y se dice otra. Se dice una cosa y se hace otra. Ya no hay coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. […]

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Ya no hay discursos limpios. Trasparentes. Honestos. Claros. Como las maletas de los narcotraficantes, todos tienen doble fondo. Y hasta triple. Se piensa una cosa y se dice otra. Se dice una cosa y se hace otra. Ya no hay coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Se habla mucho, se escribe más y se dice muy poco. No importan los hechos, importan las palabras. Es posible creer en lo que no se ve, pero se publica. Sobretodo en las redes. Como en el billar, la información se taca con efecto a muchas bandas.

Uno quisiera ser optimista, pero cuando escucha a Márquez, Iván y Maza; a Álvaro, García y Uribe, a Donald, Trump y al Pato; a James, Bond y Rodríguez; a Teófilo, Gutiérrez y la Forero; a Juan Manuel, Santos y López; a Petro, Gustavo y Noel; a Benedetti, Armandito y Nicolás; a Holguín, Padre, Hijo y Espíritu Santo; a Garzón, Lucho y Angelino; y a la cantidad sempiterna de candidatos -a los vivos y a los resucitados electoreramente-, no puede más que desenterrar una desesperanza sobrecogedora. Lo único claro en sus discursos, es la oscuridad que se cierne sobre el pueblo y su democracia, que también por su supuesto, maneja el doble discurso.

Ejércitos voraces de codiciosos del erario que buscan el beneficio particular, echándose discursos sobre el servicio a la comunidad y la patria. Politiqueros que -como los galanes-, crean una imagen a partir de la palabra, de la labia, hasta cuando logran su cometido. Bueno, todos lo hacemos, construimos una imagen a partir de la palabra aclaro, pero no siempre en detrimento de la sociedad. El juez o el futbolista, el congresista o el panelista, el vendedor o el timador, y hasta el violador y el periodista. Razón perpetua tuvo Emile Ciorán, “No se habita un país, se habita una lengua” y “Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea”.

Hay por estas calendas una adecuación del discurso primero al poder y luego, si queda tiempo y dinero, al saber. La verdad escasea y la palabra enreda. Un discurso en plaza pública es demasiado riesgo, de ahí que resulte más efectivo un escándalo en cualquier red o la compra de un espacio en televisión. La radio está vendida toda. Y la gran prensa es costosísima, solo para que aparezcan las fotos e ideas de sus propietarios. Pero uno al año no hace daño, decía uno de los magos del doble discurso, Gilberto Alzate Avendaño, tan fiero en la oratoria como en el comedor. Le decían ‘El leopardo’ y se comía una gallina entera.

Y son los huevos de oro de la gallina estatal los que mueven a tantas fieras. Para 32 gobernaciones y 1.123 alcaldías -según cálculos de la Registraduría Nacional-, habrá cerca de 200 candidatos a las primeras y una cifra cercana a los 10.000 para las segundas. No hay un Concejo con menos de 7 ediles, ni con más de 21. Tampoco una Asamblea con menos de 11, ni más de 31 diputados. De modo que los candidatos a estas dos corporaciones, podrían superar la escandalosa cifra de 80.000 para concejos y unos 3.000 para asambleas. Unas gallinas nada despreciables. ¡Viva la democracia!

Y de dónde sale la plata para financiar tanta campaña, pues de las alcaldías, de las gobernaciones, de los contratistas, de los grupos ilegales, de los empresarios, de organizaciones internacionales y no gubernamentales, y de todo aquel buen ciudadano que haga sus aportes sin ningún otro interés que el fortalecimiento de la democracia y la elección trasparente de quienes estén mejor preparados para orientar los destinos de sus comunidades. No sé por qué lo último me sonó a doble discurso. ¡Que no muera la democracia!

Por cuenta de una Póliza de Seriedad (no se ría, así se llama), la Registraduría reembolsa a quienes logren determinado número de votos, el costo de la inversión. Y para ello los partidos (no se rían, aún existen) tienen en cuenta los libros de contabilidad de las campañas. Es decir, ingresos y egresos, aportes y gastos. Todos ellos muy diáfanos. Todos ellos con un tope que nadie osa superar. ¿Será que además del doble discurso, también hay dobles contabilidades? ¿Un libro para la Registraduría y otro para devolver favores, asignar cuotas burocráticas y repartir la torta del erario? Uno que es mal pensado. ¡Pobre democracia!  

Se sabe que en Colombia la campaña a la gobernación de un departamento considerado ‘rico’ puede costar entre 5 mil y 10 mil millones; y una alcaldía, entre 5 mil y 8 mil millones. De uno ‘pobre’, puede costar entre 3 mil y 5 mil millones. Y una alcaldía, demos por caso la de Quibdó o Ibagué, unos mil o 2 mil millones de pesos. Y por un voto, todos lo saben, se pagan 50.000 devaluados pesos. Algo así como 34 pesos por cada uno de los 1.460 días en los que el gobernante -duele mucho llamarlo así- tomará decisiones que afecten su vida. Se necesitan huevos muy grandes para vender un voto. Por esa plata, digo. Y un cerebro muy pequeño para saber cómo se recuperará esa plata.

De los aspirantes a las JAL que son la base de la pirámide ‘corruptocrática’ o de la ‘cleptocracia’ imperante, o cualquiera otra gracia, baste solo con decir que si el nivel de escolaridad de los concejales en Colombia es quinto de primaria -en promedio-, el de estos personajes dista de los anteriores. Pero el doble discurso me dicta, que para ser corrupto no es necesario estudiar o graduarse, esa característica corre por la venas y desangra la nación con altos títulos a discreción. Pero hay que votar, pues nada es peor que la nada.

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Fútbol y mafia

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Fútbol y mafia
Especial para 90minutos.co

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

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El vergonzoso ascenso del Unión Magdalena a la primera división del fútbol colombiano es simplemente el iceberg de la corrupción que carcome a este deporte. La forma como los jugadores de Llaneros dejaron pasar a sus rivales sin ninguna contención se convirtió en noticia mundial lo que dejó tan mal parada a la dirigencia que tuvieron que iniciar una investigación.

La verdad nada es nuevo. Hace tan solo unos años, en el 2004, Real Cartagena le hizo cuatro goles en cinco minutos al Valledupar, lo que sacó de carrera al Cúcuta que hasta ese momento clasificaba a la final por diferencia de goles. En el 2012 el delantero Julián Lalinde convirtió un gol que hubiera regresado al América de nuevo a la primera división y sin embargo fue anulado de manera absurda. Luego fue el propio Cúcuta Deportivo el que estuvo involucrado en una polémica luego de que un gol que le dio el ascenso a la Categoría A fuera convertido por el paraguayo Lázaga con la mano. Una infracción que todos vieron, menos el árbitro del encuentro.

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Y si nos vamos más atrás, en  la década de los ochenta, pues el dinero del narcotráfico bullía a borbotones. Más de la mitad de los clubes tenían dinero de procedencia del narcotráfico y los torneos de fútbol se volvieron contiendas en los que los carteles se medían y apostaban grandes cantidades de dinero. Incluso, en 1989 el torneo fue suspendido luego de que el árbitro Álvaro Ortega fuera asesinado después de un partido entre Medellín y América. También en esos años ochenta el Deportivo Cali fue una víctima de bochornosos episodios. Una noche el goleador de Millonarios, Juan Gilberto Funes, convirtió un escandaloso gol con la mano que todo el estadio vio, menos el juez central y el asistente de línea. Al año siguiente, de manera muy extraña su arquero ‘El gato’ Fernández, muy seguro durante muchas fechas, en Manizales regaló dos goles que al final fueron claves para que América fuera campeón.

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Es tan mafiosa y corrupta la dirigencia que maneja este deporte que recientemente El Espectador reveló cómo la Superintendencia de Industria y Comercio detectó que 16 clubes afiliados a la Dimayor acordaron censurar a un grupo de jugadores para obligarlos a quedarse en sus equipos y obtener réditos económicos por sus pases, una práctica que también fue denunciada en México.

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De esa manera lo que hacían estos equipos era bloquear al jugador y ponerse de acuerdo para no contratarlo, con el propósito de que volviera a negociar con su equipo de origen por menos pretensiones económicas que el jugador exigía, una verdadera mafia. Conozco de casos de técnicos profesionales que pedían un dinero para darle unos minutos a un jugador o para subirlos de categoría; también supe de cómo bloquearon a un grupo de mujeres futbolistas que jugaron un tiempo en América  y cuando intentaron llegar al Deportivo Cali les mandaron a decir que quedaba bloqueada cualquier posibilidad de continuar sus carreras porque simplemente habían tenido participación en el equipo escarlata. ¿No es esa una actitud censurable, por decir lo menos?

O qué tal las historias de técnicos o exjugadores consagrados que exigían un dinero para recomendar jóvenes prospectos o solo para verlos diez minutos, aprovechándose de las esperanzas de sus padres. Más allá están esos directivos que compran pases de jugadores y los convierten en los esclavos de la modernidad. Son dueños de su vida y de su futuro, algo infame.

Pero como la corruptela es a todo nivel desde que el narcotráfico y el paramilitarismo invadieron el fútbol, todas esas prácticas llegaron hasta la propia Federación del Fútbol Colombiano donde el presidente Luis Bedoya está preso por haberse apoderado de millones de dólares junto con otros delincuentes dirigentes del continente. Todo esto amparado en el silencio de autoridades cómplices y periodistas que también voltearon la mirada hacia otro lado. Las bacanales y regalos con que los hermanos Rodríguez, del Cartel de Cali, agasajaban a periodistas de todo el país en el Hotel Inter, aún hoy son recordadas por los comunicadores más veteranos.

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Al final también es cierto como alguna vez se lo escuché al profesor Maturana, ‘se juega como se vive’ y el fútbol es una expresión más de un país descompuesto, enfermo, donde desde sus más altas esferas se regodean con platas de la droga, donde se pierden millones de pesos que debían ser destinados para la educación de los niños, donde se cierran hospitales porque sencillamente se los roban. Y es que de acuerdo con una investigación de la organización Transparencia por Colombia, entre el 2016 y el 2020 se robaron $13,67 billones. Entonces al final el fútbol es otra expresión de un país que vive en el borde de la cornisa.

Recientemente la Dimayor decidió que el fútbol lo patrocinara una casa de apuestas, qué esperaban entonces. Es mucho dinero el que se está moviendo y un país con la tradición de violencia, mafia y corrupción pues nada raro era que pasara lo sucedido entre Unión y Llaneros. La verdad es una sola y es que hoy el fútbol es el gran negocio oscuro, que mueve y lava miles de millones de pesos, lleno de mafias y corruptelas donde nadie se atreve a decir nada porque como se dice en el argot futbolero: ‘todos comen de allí’.

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Alcalde Ospina creará empresa mixta que lesionará a Emcali

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

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El concejal de Cali, Roberto Ortiz, cuestionó el anuncio sobre la creación de una empresa mixta, la cual se denominará ‘Cali Inteligente’.

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De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

Mira el video y déjanos en los comentarios tu opinión sobre esta video columna de opinión de Roberto Ortiz.

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CMJ, una cita con la historia

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

CMJ, una cita con la historia
Especial para 90minutos.co

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

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Por Norma Hurtado Sánchez
Representante a la Cámara por el Valle del Cauca

Los jóvenes en Colombia siempre han sido protagonistas de gestas excepcionales, regalándonos históricos momentos que nos han marcado como país, en áreas tan importantes como el arte, el deporte, la academia, entre muchas otras. Es “normal” ver nuestros jóvenes triunfando en mundiales de patinaje, alcanzando medallas olímpicas, llevando nuestro nombre, con orgullo, por todo el mundo.

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No obstante, nuestra patria no ha sido recíproca con las nuevas generaciones. Las cifras de desempleo en adolescentes van en alza, alcanzando un 23.3% en el año 2021. De igual manera, han persistido problemáticas tan álgidas como la deserción escolar, dificultades de acceso a educación superior, además de la ya mencionada barrera que se evidencia en el mercado laboral.

Pese a lo mencionado, soy una mujer que siempre busca ver las oportunidades aún en las más complejas situaciones. Vivimos en una democracia que nos brinda la oportunidad de elegir y ser elegidos; que nos posibilita acceder a espacios en los que podemos representar muchas voces que no son escuchadas, y llevar a diferentes instancias un mensaje sobre qué es lo que debemos trabajar, para hacer de esta hermosa tierra un mejor lugar.

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Eso, justamente es lo que pienso de los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos, que empoderará a las nuevas generaciones para que continúen esa importante labor de ayudar a construir país, de enriquecer el accionar local, regional y nacional, a partir de su particular forma de ver el mundo, y desde luego, de sus frescos conocimientos que se alimentan de la vitalidad y energía que trae consigo esa hermosa etapa de la vida. 

Nuestro deber es brindarles a los jóvenes mayores oportunidades, abrirles la puerta para que la política se convierta en otro de los escenarios en los que brillan con luz propia, y sin temor a equivocarme, tenemos que trabajar arduamente para lograr que sean actores de primera línea, tomadores de decisiones, visionarios, los nuevos líderes de Colombia.

 Todos los jóvenes tienen una cita el próximo domingo: salir a votar, a respaldar a sus líderes, a quien consideren que los representará de la mejor manera en los CMJ y empezar a ser protagonistas activos del ejercicio democrático, incluyendo en las agendas nacionales, departamentales y municipales, temas de juventudes que los involucren y los beneficien.

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