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De Uber, taxis y mil demonios

¨No se meten con nosotros porque saben que les bloqueamos toda Cali”, así de sencillo y asustador lo expuso uno de esos 17.000 dueños de taxis que circulan por la Sucursal del Cielo. Tratando de entender el porqué de tanta resistencia de los dueños de los taxis a la entrada en operación de Uber, resulta […]

De Uber, taxis y mil demonios

¨No se meten con nosotros porque saben que les bloqueamos toda Cali”, así de sencillo y asustador lo expuso uno de esos 17.000 dueños de taxis que circulan por la Sucursal del Cielo. Tratando de entender el porqué de tanta resistencia de los dueños de los taxis a la entrada en operación de Uber, resulta […]

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¨No se meten con nosotros porque saben que les bloqueamos toda Cali”, así de sencillo y asustador lo expuso uno de esos 17.000 dueños de taxis que circulan por la Sucursal del Cielo.

Tratando de entender el porqué de tanta resistencia de los dueños de los taxis a la entrada en operación de Uber, resulta espeluznante pensar que uno de los argumentos expuestos, por lo menos en Cali, es que tendrían que pagar los cupos, a nadie más y nadie menos que a los señores dueños de los taxis.

Ingenuo es aquel que piense que la Alcaldía o algún ente rector es el que manda. Aquí los que mandan son los taxistas.

¿Entonces  si los de Uber pagan los cupos, ustedes los dejan trabajar?, pregunté, “sí señor, si nos pagan los cupos sí”, respondieron.

Perdón,  ¿Por qué le deben pagar los cupos a ustedes, acaso eso no está regulado por la Alcaldía?, fue la pregunta más obvia que cruzo mi mente cuando escuchaba la contundente respuesta que me dieron, así que me atreví a lanzarla y ¡Oh, sorpresa!, la argumentación expuesta no fue menos directa e indignante.

Palabras más, palabras menos, la retahíla de este grupo de dueños  amarillos, se centró en manifestar que Cali tiene bloqueada la asignación de cupos, “porque ya son muchos taxis”, y que ellos “tienen un derecho adquirido” así que si los de Uber quieren funcionar pues que les paguen los 80 millones de pesos  que cuesta el cupo.

Pero ojo a esto, ese cupo no se le pagaría al Municipio, sino a ellos, a los dueños de los taxis, quienes artificialmente han ido subiendo el precio de los cupos

¿En qué momento un servicio público, que es el que prestan los taxis, se privatizó?

¿Por qué no liberar el cupo? (Esta si me la respondieron, “porque les bloqueamos Cali al Alcalde”; esta me pareció una respuesta al estilo de un grupo de mafiosos y no de unos señores que prestan un servicio público).

¿Por qué no sencillamente asignar un valor de cupo por parte de las administraciones municipales, para quienes quieran prestar el servicio a través de Uber o de un amarillo, para acabar de un solo golpe con ese artificial mercado de venta/compra de cupos?

Alcaldes que prefieren hacerse de la vista gorda con los informales con tal de que tengan “empleo”, quizá podrían amarrarse los pantalones y meterle mano a ese cartel amarillo para que sea el libre juego de oferta y demanda quien realmente regule cuál es el tipo de vehículo/plataforma que el usuario quiera utilizar para transportarse por su ciudad.

Entre los que se creen dueños de lo público, razón por la cual pueden inflar los valores de los cupos para ganarse la plata vendiendo un  derecho  que no les pertenece (porque debería estar claramente regulado por una entidad pública), y los informales que se toman los espacios públicos  alegando el derecho al trabajo, con el beneplácito de políticos  que olvidan su deber y no son capaces de asumir el costo de tomar la decisión correcta de ser firmes y promover el orden, Cali va tener muy difícil su tránsito a ser la Ciudad Soñada.

Nuestra Ciudad es un paraíso, con gente trabajadora, entusiasta, que lastimosamente cuenta con líderes indignos, capaces de tener un discurso y una ejecución ordenada, integrada y creativa.

No liberar cupos por dejarse intimidar de los dueños de los amarillos, hacerse el de la vista gorda con los  informales, no contribuye a generar empleo, ni desarrollo, ni igualdad, ni inclusión, ni muchísimo menos, recursos para cubrir todos los boquetes presupuestales.

Ojalá se genere unidad en torno a la idea de que el bien general debe primar sobre el particular.

Sueño con una Cali donde el que quiera pueda decidir sobre tomar un taxi o Uber, donde se pueda transitar por los andenes, donde las pequeñas y medianas iniciativas tengan respaldo en el marco de la legalidad, donde el vivo no siga ganando a costilla del bobo, donde los políticos entiendan que están para servir y no para servirse de lo público y, para no extenderme mucho más, donde entendamos que somos y podemos ser una plataforma de innovación social y tecnológica porque sin duda lo que nos sobra es muy buena materia prima.

¿Serán capaces de retomar el rumbo y enfrentar al Cartel Amarillo y al Cartel de los Informales?

 

 

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Fútbol y mafia

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Fútbol y mafia
Especial para 90minutos.co

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

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El vergonzoso ascenso del Unión Magdalena a la primera división del fútbol colombiano es simplemente el iceberg de la corrupción que carcome a este deporte. La forma como los jugadores de Llaneros dejaron pasar a sus rivales sin ninguna contención se convirtió en noticia mundial lo que dejó tan mal parada a la dirigencia que tuvieron que iniciar una investigación.

La verdad nada es nuevo. Hace tan solo unos años, en el 2004, Real Cartagena le hizo cuatro goles en cinco minutos al Valledupar, lo que sacó de carrera al Cúcuta que hasta ese momento clasificaba a la final por diferencia de goles. En el 2012 el delantero Julián Lalinde convirtió un gol que hubiera regresado al América de nuevo a la primera división y sin embargo fue anulado de manera absurda. Luego fue el propio Cúcuta Deportivo el que estuvo involucrado en una polémica luego de que un gol que le dio el ascenso a la Categoría A fuera convertido por el paraguayo Lázaga con la mano. Una infracción que todos vieron, menos el árbitro del encuentro.

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Y si nos vamos más atrás, en  la década de los ochenta, pues el dinero del narcotráfico bullía a borbotones. Más de la mitad de los clubes tenían dinero de procedencia del narcotráfico y los torneos de fútbol se volvieron contiendas en los que los carteles se medían y apostaban grandes cantidades de dinero. Incluso, en 1989 el torneo fue suspendido luego de que el árbitro Álvaro Ortega fuera asesinado después de un partido entre Medellín y América. También en esos años ochenta el Deportivo Cali fue una víctima de bochornosos episodios. Una noche el goleador de Millonarios, Juan Gilberto Funes, convirtió un escandaloso gol con la mano que todo el estadio vio, menos el juez central y el asistente de línea. Al año siguiente, de manera muy extraña su arquero ‘El gato’ Fernández, muy seguro durante muchas fechas, en Manizales regaló dos goles que al final fueron claves para que América fuera campeón.

El fútbol en Colombia, hay que reconocerlo, es una verdadera mafia, en todos sus niveles. El que se mete en el fútbol profesional sabe a qué se atiene. Es triste, pero he hablado con colegas, directivos y exjugadores que cuentan todo en voz baja, porque la ‘omertá’ o ley del silencio que convive en este deporte impide las denuncias.

Es tan mafiosa y corrupta la dirigencia que maneja este deporte que recientemente El Espectador reveló cómo la Superintendencia de Industria y Comercio detectó que 16 clubes afiliados a la Dimayor acordaron censurar a un grupo de jugadores para obligarlos a quedarse en sus equipos y obtener réditos económicos por sus pases, una práctica que también fue denunciada en México.

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De esa manera lo que hacían estos equipos era bloquear al jugador y ponerse de acuerdo para no contratarlo, con el propósito de que volviera a negociar con su equipo de origen por menos pretensiones económicas que el jugador exigía, una verdadera mafia. Conozco de casos de técnicos profesionales que pedían un dinero para darle unos minutos a un jugador o para subirlos de categoría; también supe de cómo bloquearon a un grupo de mujeres futbolistas que jugaron un tiempo en América  y cuando intentaron llegar al Deportivo Cali les mandaron a decir que quedaba bloqueada cualquier posibilidad de continuar sus carreras porque simplemente habían tenido participación en el equipo escarlata. ¿No es esa una actitud censurable, por decir lo menos?

O qué tal las historias de técnicos o exjugadores consagrados que exigían un dinero para recomendar jóvenes prospectos o solo para verlos diez minutos, aprovechándose de las esperanzas de sus padres. Más allá están esos directivos que compran pases de jugadores y los convierten en los esclavos de la modernidad. Son dueños de su vida y de su futuro, algo infame.

Pero como la corruptela es a todo nivel desde que el narcotráfico y el paramilitarismo invadieron el fútbol, todas esas prácticas llegaron hasta la propia Federación del Fútbol Colombiano donde el presidente Luis Bedoya está preso por haberse apoderado de millones de dólares junto con otros delincuentes dirigentes del continente. Todo esto amparado en el silencio de autoridades cómplices y periodistas que también voltearon la mirada hacia otro lado. Las bacanales y regalos con que los hermanos Rodríguez, del Cartel de Cali, agasajaban a periodistas de todo el país en el Hotel Inter, aún hoy son recordadas por los comunicadores más veteranos.

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Al final también es cierto como alguna vez se lo escuché al profesor Maturana, ‘se juega como se vive’ y el fútbol es una expresión más de un país descompuesto, enfermo, donde desde sus más altas esferas se regodean con platas de la droga, donde se pierden millones de pesos que debían ser destinados para la educación de los niños, donde se cierran hospitales porque sencillamente se los roban. Y es que de acuerdo con una investigación de la organización Transparencia por Colombia, entre el 2016 y el 2020 se robaron $13,67 billones. Entonces al final el fútbol es otra expresión de un país que vive en el borde de la cornisa.

Recientemente la Dimayor decidió que el fútbol lo patrocinara una casa de apuestas, qué esperaban entonces. Es mucho dinero el que se está moviendo y un país con la tradición de violencia, mafia y corrupción pues nada raro era que pasara lo sucedido entre Unión y Llaneros. La verdad es una sola y es que hoy el fútbol es el gran negocio oscuro, que mueve y lava miles de millones de pesos, lleno de mafias y corruptelas donde nadie se atreve a decir nada porque como se dice en el argot futbolero: ‘todos comen de allí’.

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Alcalde Ospina creará empresa mixta que lesionará a Emcali

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

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El concejal de Cali, Roberto Ortiz, cuestionó el anuncio sobre la creación de una empresa mixta, la cual se denominará ‘Cali Inteligente’.

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De acuerdo con Ortiz, el alcalde Jorge Iván Ospina debe desistir en la creación de esta empresa, debido a que lesiona a Emcali económicamente.

Mira el video y déjanos en los comentarios tu opinión sobre esta video columna de opinión de Roberto Ortiz.

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CMJ, una cita con la historia

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

CMJ, una cita con la historia
Especial para 90minutos.co

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

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Por Norma Hurtado Sánchez
Representante a la Cámara por el Valle del Cauca

Los jóvenes en Colombia siempre han sido protagonistas de gestas excepcionales, regalándonos históricos momentos que nos han marcado como país, en áreas tan importantes como el arte, el deporte, la academia, entre muchas otras. Es “normal” ver nuestros jóvenes triunfando en mundiales de patinaje, alcanzando medallas olímpicas, llevando nuestro nombre, con orgullo, por todo el mundo.

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No obstante, nuestra patria no ha sido recíproca con las nuevas generaciones. Las cifras de desempleo en adolescentes van en alza, alcanzando un 23.3% en el año 2021. De igual manera, han persistido problemáticas tan álgidas como la deserción escolar, dificultades de acceso a educación superior, además de la ya mencionada barrera que se evidencia en el mercado laboral.

Pese a lo mencionado, soy una mujer que siempre busca ver las oportunidades aún en las más complejas situaciones. Vivimos en una democracia que nos brinda la oportunidad de elegir y ser elegidos; que nos posibilita acceder a espacios en los que podemos representar muchas voces que no son escuchadas, y llevar a diferentes instancias un mensaje sobre qué es lo que debemos trabajar, para hacer de esta hermosa tierra un mejor lugar.

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Eso, justamente es lo que pienso de los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos, que empoderará a las nuevas generaciones para que continúen esa importante labor de ayudar a construir país, de enriquecer el accionar local, regional y nacional, a partir de su particular forma de ver el mundo, y desde luego, de sus frescos conocimientos que se alimentan de la vitalidad y energía que trae consigo esa hermosa etapa de la vida. 

Nuestro deber es brindarles a los jóvenes mayores oportunidades, abrirles la puerta para que la política se convierta en otro de los escenarios en los que brillan con luz propia, y sin temor a equivocarme, tenemos que trabajar arduamente para lograr que sean actores de primera línea, tomadores de decisiones, visionarios, los nuevos líderes de Colombia.

 Todos los jóvenes tienen una cita el próximo domingo: salir a votar, a respaldar a sus líderes, a quien consideren que los representará de la mejor manera en los CMJ y empezar a ser protagonistas activos del ejercicio democrático, incluyendo en las agendas nacionales, departamentales y municipales, temas de juventudes que los involucren y los beneficien.

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