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Primeras crónicas de un estado policivo

El Estado policivo ha puesto en funcionamiento, de manera exitosa, su arma más poderosa, la censura. Lo que está porvenir aterra.

Primeras crónicas de un estado policivo
El Estado policivo ha puesto en funcionamiento, de manera exitosa, su arma más poderosa, la censura. Lo que está porvenir aterra.

El Estado policivo ha puesto en funcionamiento, de manera exitosa, su arma más poderosa, la censura. Lo que está porvenir aterra.

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29 de Enero de 2017, un día antes de la creación del Estado Policivo. El Estado social de derecho está a punto de terminar. El gobierno  logró que los miembros del Congreso, de manera casi unánime, aprobaran el Código Nacional de Policía. Bajo el pretexto de mejorar la convivencia y la seguridad de los ciudadanos se concedieron facultades excepcionales a la policía para capturar a las personas y allanar sus domicilios y residencias sin orden judicial, disolver manifestaciones y protestas por causas nimias, perseguir sin cuartel a los vendedores ambulantes, imponer multas a las personas a diestra y siniestra, inclusive por alzar la voz o discutir en la calle, privar de la libertad a los ciudadanos mediante las figuras de “traslado para protección” y  “traslado para procedimiento policivo”. El traslado para protección fue visto como una idea original de un joven asesor del gobierno pero en realidad este la había fusilado o copiado del régimen de “custodia protectora”, adoptado pocos días después del nombramiento del Adolf Hitler como canciller alemán y utilizado en contra de los primeros prisioneros de la dictadura nazi.

Era una mañana calurosa y en la casa de Diomedes aún se escuchaba la algarabía de los últimos borrachos que había dejado la rumba de la noche anterior. Un joven de unos 20 años se mantenía de pie pese a que había ingerido cerveza en grandes cantidades. A capela empezó a cantar lo que parecía ser un vallenato. Motivado por su propia voz salió a la calle y convirtió su desentonado canto en una gritería ininteligible. Sus camaradas lo miraban adormilados desde el interior de la casa y lo aupaban con risotadas.

Una patrulla policial advertida de la presencia del borracho acudió al lugar. Se trataba de dos jóvenes atléticos a bordo de una motocicleta. En cuanto estuvieron a unos metros el indisciplinado cantante salió corriendo. El conductor de la moto, que hacía parte del “primer cuerpo de policías protectores de ciudadanos indefensos o gravemente alterados” le gritó a su compañero: “es un 155”, haciendo referencia al artículo del Código Nacional de Policía con ese número y que los facultaba para capturar a las personas, cuando fueran sorprendidas deambulando en estado de indefensión o bajo el efecto del consumo de bebidas alcohólicas, con el fin de “brindarles protección”. Su compañero que no había asistido a los cursos de instrucción pero que  se mantenía informado por las redes sociales, le recordó que la ley entraría en vigencia al día siguiente. Pero el reclamo fue ahogado por el ruido del motor.

Los habitantes del Distrito de Aguablanca de la ciudad de Cali están acostumbrados a presenciar las persecuciones policiales, pero en esta ocasión la carrera del desesperado muchacho despertó curiosidad.

-¿Qué habrá hecho? Seguro mató a alguien. Se le ve en la cara-, comentaban las personas al paso del pequeño tropel.

Exhausto, el joven ingresó a la primera casa que vio con la puerta abierta al doblar una esquina. En una pequeña sala varios niños jugaban frente al televisor. Cruzó hasta la cocina en busca del patio. Una mujer preparaba algo de comer. Presa del susto no atinó a decir nada. El muchacho la miró  más asustado aún. Comprendió que la casa no tenía patio. Miró hacia la única habitación en busca de una cama para meterse debajo de ella pero solo había un enorme colchón sobre el piso donde yacía durmiendo un hombre. Se dirigió a la salida y cuando intentó cruzar el vano de la puerta los dos policías lo agarraron con fuerza.

Otras patrullas se habían sumado a la persecución, doce policías rodearon al prófugo. Aterrado, el muchacho se lanzó al suelo, mientras gritaba: - Suéltenme, yo no he hecho nada.

No dejaría que lo llevaran de nuevo a una estación de policía. Su cuerpo aún conservaba los moretones de la última vez que lo habían detenido. En esa ocasión estaban pidiendo documentos y él prefirió correr antes que  mostrarlos pese a que los tenía en regla.

Los dos policías intentaron infructuosamente subir al detenido a la moto. Los demás acudieron en auxilio. Un policía veterano se acercó y le propino un puño en la cara al reo. Medio nockeado el muchacho tuvo fuerzas para oponerse al arresto. Enseguida intervinieron los demás. Unos lo pateaban, otros lo golpeaban con los bolillos en las piernas y los brazos, y no faltaron los golpes en la parte baja de la espalda.

Los curiosos ahora indignados por la brutal paliza que la policía le propinaba al joven sospechoso de deambular en estado de indefensión y bajo los efectos del alcohol, lanzaban insultos a los uniformados. Las mujeres gritaban histéricas que no lo mataran.

-Miserables, por eso nadie lo respeta- balbucía un viejo, sorprendido por los acontecimientos mientras tomaba el sol en la puerta de su casa.

Para aliviar el dolor, pero también para evitar que lo subieran a la moto, el joven, tensionaba todos los músculos de sus cuerpo dando la impresión de sufrir un ataque de epilepsia.  Agotados, los policías desistieron del empeño y lanzaron al infractor al piso, cuatro de ellos lo inmovilizaron pisándole la cara y la espalda. Bajo el peso de la bota que apestaba a estiércol, el indisciplinado ciudadano a punto de perder la conciencia susurraba con las últimas fuerzas que le quedaban: “suéltenme, yo no he hecho nada”.

Una camioneta de la policía se abrió paso entre los vecinos que estaban a punto de convertirse en una turba furiosa.

-Súbanlo- ordenó el conductor. Los policías que lo mantenían pisoteado lo tomaron de los brazos y las piernas y lo subieron al plantón del vehículo.

-Y, ¿este qué hizo? - esputó de nuevo el conductor.

-Nada mi cabo - respondió en voz baja el único policía que no participó de la golpiza.

30 de enero de 2017. Entra en vigencia el Código Nacional de Policía. La página oficial de Facebook de CALI ES CALI, fue cerrada por haber publicado un video donde aparecen varios policías golpeando salvajemente a un indefenso ciudadano. En su cuenta de twitter @CaliesCaliCOL los blogueros censurados escribieron: “policías y familiares reportaron y eliminaron nuestra página”. El Estado policivo ha puesto en funcionamiento, de manera exitosa, su arma más poderosa:  la censura. Lo que está porvenir aterra.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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CMJ, una cita con la historia

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

CMJ, una cita con la historia
Especial para 90minutos.co

Los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos.

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Por Norma Hurtado Sánchez
Representante a la Cámara por el Valle del Cauca

Los jóvenes en Colombia siempre han sido protagonistas de gestas excepcionales, regalándonos históricos momentos que nos han marcado como país, en áreas tan importantes como el arte, el deporte, la academia, entre muchas otras. Es “normal” ver nuestros jóvenes triunfando en mundiales de patinaje, alcanzando medallas olímpicas, llevando nuestro nombre, con orgullo, por todo el mundo.

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No obstante, nuestra patria no ha sido recíproca con las nuevas generaciones. Las cifras de desempleo en adolescentes van en alza, alcanzando un 23.3% en el año 2021. De igual manera, han persistido problemáticas tan álgidas como la deserción escolar, dificultades de acceso a educación superior, además de la ya mencionada barrera que se evidencia en el mercado laboral.

Pese a lo mencionado, soy una mujer que siempre busca ver las oportunidades aún en las más complejas situaciones. Vivimos en una democracia que nos brinda la oportunidad de elegir y ser elegidos; que nos posibilita acceder a espacios en los que podemos representar muchas voces que no son escuchadas, y llevar a diferentes instancias un mensaje sobre qué es lo que debemos trabajar, para hacer de esta hermosa tierra un mejor lugar.

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Eso, justamente es lo que pienso de los Consejos Municipales de Juventud, CMJ. Creo, con toda convicción, que este se convertirá en un espacio fundamental de debate, crecimiento y desarrollo de futuros liderazgos, que empoderará a las nuevas generaciones para que continúen esa importante labor de ayudar a construir país, de enriquecer el accionar local, regional y nacional, a partir de su particular forma de ver el mundo, y desde luego, de sus frescos conocimientos que se alimentan de la vitalidad y energía que trae consigo esa hermosa etapa de la vida. 

Nuestro deber es brindarles a los jóvenes mayores oportunidades, abrirles la puerta para que la política se convierta en otro de los escenarios en los que brillan con luz propia, y sin temor a equivocarme, tenemos que trabajar arduamente para lograr que sean actores de primera línea, tomadores de decisiones, visionarios, los nuevos líderes de Colombia.

 Todos los jóvenes tienen una cita el próximo domingo: salir a votar, a respaldar a sus líderes, a quien consideren que los representará de la mejor manera en los CMJ y empezar a ser protagonistas activos del ejercicio democrático, incluyendo en las agendas nacionales, departamentales y municipales, temas de juventudes que los involucren y los beneficien.

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No más lesionados por pólvora

Hoy le escribo a los padres de familias, a los adultos que tienen a su cargo a niños y niñas para que estén muy pendientes, y no permitan que sus hijos usen ningún elemento pirotécnico.

No más lesionados por pólvora
Especial para 90minutos.co

Hoy le escribo a los padres de familias, a los adultos que tienen a su cargo a niños y niñas para que estén muy pendientes, y no permitan que sus hijos usen ningún elemento pirotécnico.

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Llegó diciembre y con él las fiestas, despedidas, novenas y en general las festividades de fin de año y año nuevo, a lo largo y ancho del país; una época especial para compartir en familia, amigos, con las personas que amamos, pero tristemente se convierte en tragedia para muchos por cuenta del mal uso de la pólvora, que deja cientos de personas con lesiones, incluso con amputaciones; pero lo más triste es que muchos niños terminan afectados por estos elementos que deben ser uso exclusivo de personas expertas precisamente para evitar estas situaciones.

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Datos del Instituto Nacional de Salud, INS, dan cuenta que en la temporada de fin de año y año nuevo 2020 – 2021, se presentaron 703 lesionados en todo el país; de estos, 243 fueron menores de edad; sí, 243 menores de edad que sufrieron algún tipo de lesión que les dejará secuela para toda su vida afectando en muchos casos su autoestima. A pesar de las campañas, se sigue presentado este triste panorama año tras año.

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Hoy le escribo a los padres de familias, a los adultos que tienen a su cargo a niños y niñas para que estén muy pendientes, y no permitan que sus hijos usen ningún elemento pirotécnico porque por inofensivo que parezca puede causar lesiones con secuelas por el resto de la vida. También quiero unirme al llamado que hizo la representante a la Cámara por el Valle del Cauca, Norma Hurtado Sánchez, a los alcaldes de todo el país, y en mi caso, especialmente a los del Valle del Cauca, a expedir los decretos que regulen la venta, transporte, uso y comercialización de la pólvora en esta temporada. Lamentablemente, el año pasado, en la misma temporada en nuestro departamento 87 personas sufrieron algún tipo de lesión por el mal uso de la pólvora. Los juegos pirotécnicos deben ser manipulados por manos expertas.

El trabajo conjunto entre las autoridades, las alcaldías y gobernaciones expidiendo la norma, y la corresponsabilidad de la ciudadanía, son el mejor equipo para prevenir tantos casos de personas quemadas con pólvora en esta época.

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Bienvenidos los Juegos Panamericanos Junior

En el 2018, cuando se empezó a gestar la realización los Primeros Juegos Panamericanos Junior, desde mi labor como gobernadora del Valle nos comprometimos para que Cali y el departamento fueran las sedes de estas justas deportivas.

Bienvenidos los Juegos Panamericanos Junior
Especial para 90minutos.co

En el 2018, cuando se empezó a gestar la realización los Primeros Juegos Panamericanos Junior, desde mi labor como gobernadora del Valle nos comprometimos para que Cali y el departamento fueran las sedes de estas justas deportivas.

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Cali, Palmira, Buga y Calima-El Darién, pasarán a la historia por ser sede y subsedes de los primeros Juegos Panamericanos Junior, la cita deportiva que se realiza actualmente con la presencia de 41 países.

Se trata del evento deportivo internacional más importante que se lleva a cabo en la región en los últimos años, toda vez que convocará a más de seis mil personas entre atletas y miembros de las delegaciones de las naciones participantes; sin contar con la gran cantidad de turistas que vendrán para no perderse esta fiesta de hermandad entre países de la región.

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En el 2018, cuando se empezó a gestar la realización los Primeros Juegos Panamericanos Junior, desde mi labor como gobernadora del Valle nos comprometimos para que Cali y el departamento fueran las sedes de estas justas deportivas.

Para lograrlo tuvimos que dar importantes pasos en la región. El primero fue fortalecer el sector deportivo con nuestro programa Valle Oro Puro; que no sólo promovió el deporte de alto rendimiento y formativo, sino que dejó una infraestructura con 350 obras, incluidos importantes escenarios, que se sumaron a la capacidad instalada que ya existía y a la experiencia en realización de grandes eventos que tiene el departamento.

Esto permitió que en enero del 2019 el entonces Coldeportes avalara nuestra postulación como sede de los juegos y en marzo de ese mismo año no otorgaran en San José de Costa Rica, su realización. Allí asistimos con una delegación de la que hicieron parte directivos de Coldeportes, el Comité Olímpico Colombiano e Indervalle, entre otros.

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El propósito de todo este esfuerzo ha sido volver a recuperar el civismo y la cultura ciudadana que en la región había surgido en 1971, cuando se realizaron los VI Juego Panamericanos y que significaron un cambio radical en el espíritu de nuestra gente y en su transformación social y urbana.

Pero obtener esta sede ha significado, sobre todo, una oportunidad que ahora toma mayor relevancia en medio de esta pandemia y es la reactivación de la economía, al poner en funcionamiento toda la cadena productiva, del turismo, la hotelería, de la gastronomía, la cultura, de la logística y los servicios de bienes, algo vital para el bienestar social de vallecaucanos y colombianos. 

Desde el comité organizador se calcula que para atender el certamen tan solo el sector hotelero necesitará de unas 62.000 camas que deberán ser contratadas con 47 diferentes hoteles que hay en la región. Mientras que desde el sector gastronómico ven en los juegos la oportunidad para recuperar parte de los 22.000 puestos de trabajo que se perdieron por la pandemia.

En una época llena de dificultades para la región, la consecución de la sede de los Juegos Panamericanos Junior, es un trabajo que hicimos de corazón para abrir una luz de esperanza, para dinamizar la economía, pero también, para que las nuevas generaciones vivan y sientan el espíritu y entusiasmo que hace 50 años generó una gran transformación. Ésta es la manera de apostarle a la construcción de ese país justo e incluyente que todos anhelamos.

La realización de los Juegos Panamericanos Junior es una oportunidad para que los caleños y vallecaucanos demostremos al mundo de qué somos capaces cuando nos unimos en torno a una misma causa. Por todo eso, bienvenidos jóvenes deportistas, los recibimos con los brazos abiertos. Esta es una tierra pujante, cálida y trabajadora, que los hará sentir como en casa.

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