Viernes, Septiembre 20 2019

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“No más indolencia frente al sufrimiento de nuestros niños”

Ser niño en Colombia aterra. El feminicidio de Génesis Rúa horroriza, y nos obliga a considerar la cadena perpetua para el confeso criminal de esta pequeñita de tan solo 9 años, vividos todos en Fundación, Magdalena.

“No más indolencia frente al sufrimiento de nuestros niños”
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Por Mariluz Zuluaga

Ser niño en Colombia aterra. El feminicidio de Génesis Rúa horroriza, y nos obliga a considerar la cadena perpetua para el confeso criminal de esta pequeñita de tan solo 9 años, vividos todos en Fundación, Magdalena. Parecen insuficientes los 60 años de la pena máxima que contempla la ley para el autor de este delito atroz.

Qué nos pasa en Colombia? Tenemos un marco legal que dice garantizar la protección para nuestra infancia, pero según estadísticas de Medicina Legal, entre enero y agosto de 2018,  de  las 7.473 personas asesinadas 457 fueron niños; es decir, más de uno por día. En este mismo periodo, las cifras revelan 15.408 casos de presuntos delitos sexuales, contra infantes.

Y según el ICBF, la alerta es roja. De los 15.448,000 colombianos menores de 18 años, anualmente, 10.082 son víctimas de violencia intrafamiliar; pero no todos los casos se reportan ante las autoridades. Las cifras de la entidad revelan que en los primeros cinco meses de 2018 se denunciaron 11.000 casos de violencia contra niños. Es decir, 73 víctimas diarias por hechos como el maltrato físico y verbal, el abuso y la explotación sexual. El año anterior, el Instituto adelantó 11.380 procesos administrativos para restaurar derechos por abuso sexual y otros 10.858 fueron por maltrato físico, psicológico y negligencia contra los menores.

Génesis Rúa es el símbolo de la monstruosa violencia contra la infancia en Colombia. Una infancia que estamos perdiendo por una suma de causas tan crueles como discriminación, exclusión, desplazamiento, desatención, falta de oportunidades, desnutrición, enfermedad, embarazos, violencia y muerte.

En el trienio  2015 a 2017, las cifras del sufrimiento de nuestros niños y niñas nos colman de vergüenza ante la comunidad internacional. Según la ONG Save the Children, somos el tercer país del mundo con mayor número de crímenes contra niños y ocupamos el no menos deshonroso quinto lugar en cuanto a desplazamiento de infantes por el conflicto armado, porque de los casi 8 millones de colombianos desplazados, dos millones han sido menores de edad.

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El peligro acecha. Carlos Eduardo Valdés, director de Medicina Legal, quien tiene suficientes razones para estar alarmado, viene clamando hace tiempo por atención para la infancia: “Esta es una sociedad enferma, no reconocemos la violencia y justificamos muchas acciones de la violencia, como si fueran naturales. Hay una crisis de valores que se refleja en el ataque a los niños.” Además, se carece de un sistema de información y seguimiento de este tipo de violencia.

Para el ICBF, “el país parece sufrir de un cáncer que hizo metástasis en el tema de violencia contra la niñez.”  Y para la ONG  Save the Children “Si no se adoptan medidas con urgencia, no se podrán cumplir las promesas expresadas por todos los Estados en la Agenda 2030 de asegurar el derecho de todos los niños y las niñas a sobrevivir, aprender y estar protegidos frente a cualquier tipo de abuso y violencia”,

¿Qué hacer? Para erradicar la violencia contra la niñez, la Unicef plantea seis recomendaciones: dar apoyo y educación a padres, madres, cuidadores y familias; brindar conocimientos y aptitudes a los menores para hacer frente a los riesgos y desafíos; transformar las actitudes y normas sociales que fomentan y esconden la violencia y la discriminación; promover y prestar apoyo profesional adecuado cuando se denuncian abusos; aplicar leyes y políticas de protección para que se entienda que la violencia tiene castigo y llevar a cabo tareas para lograr información y hacer un  seguimiento que facilite la planificación e intervención.

Asumamos la parte del compromiso que nos corresponde para que nuestros niños, niñas y adolescentes estudien, tengan alimentación y salud, jueguen, corran en los parques y caminen con tranquilidad las calles de sus barrios.

Tristemente, el crimen de la menor en el Magdalena no motivó ni una sola imagen con el ojo cubierto, ni la indignación viral en las redes, ni la más mínima marcha callejera; pero  reabre el debate sobre la cadena perpetua y la responsabilidad de una “sociedad enferma” como la llama Valdés, y nos motiva a atender el llamado del procurador Carillo para que además de exigir todo el peso de la ley sobre el monstruo asesino, no continuemos siendo “indolentes frente al sufrimiento de nuestros niños”.

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