Viernes, Mayo 25 2018

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No a la restitución de tierras

Recientes informes oficiales dan cuanta sobre el resurgimiento de las viejas estructuras paramilitares en otras regiones del país, justamente donde están a punto de ser expropiados terratenientes.

No a la restitución de tierras
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

SOLIDARIDAD con los familiares del subintendente Fabio Sarmiento y los patrulleros Never Alfonso Sierra Franco, John Jairo González Cardona, José David Pérez Hernández, Darlin Rodríguez Sarabia, Jorge Pacheco Solano, Giovanny Rodríguez Castaño y José Alejandro Sade Ballesteros, quienes ofrendaron sus vidas en defensa de un país justo y en paz.

El asesinato de estos ocho policías en un ataque con explosivos en Urabá, cuando acompañaban a autoridades judiciales (un juez y dos fiscales) y a funcionarios de la Unidad de Restitución de Tierras en un proceso de devolución de 21 hectáreas, despojadas a campesinos por grupos armados, en el sector El Tomate en San Pedro de Urabá, envía un mensaje claro al país: los despojadores de tierras cuentan ahora con el respaldo de los grupos paramilitares que no se desmovilizaron durante el gobierno de Alvaro Uribe y están dispuestos a defender a sangre y fuego hasta el último milímetro de tierra que le quitaron a los campesinos.

Desde hace tiempo se había alertado sobre la respuesta violenta de los grandes usurpadores y despojadores de tierras, cuando las autoridades judiciales y administrativas tomaran la decisión de devolverle sus terruños a los legítimos dueños, poseedores o tenedores.

Hace un par de años, durante una diligencia a la que asistí escuché a un oscuro personaje de la región donde ocurrió la masacre  de los policías, cuando le dijo en tono tranquilo y desafiante a un funcionario de la oficina de restitución de tierras: “No voy a devolver un centímetro de tierra, ni una cabeza de ganado, que vengan por ella a ver cómo les va”. No se trataba de la amenaza de un indignado propietario sino del reto lanzado a la institucionalidad por un sujeto que sabía que los ejércitos paramilitares estaban a la espera de un guiño para salir en defensa de sus amigos y aliados.

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Recientes informes oficiales dan cuanta sobre el resurgimiento de las viejas estructuras paramilitares en otras regiones del país, justamente donde están a punto de ser expropiados terratenientes que se hicieron a las parcelas y fincas de personas que fueron asesinadas o tuvieron que salir huyendo por las amenazas de los actores del conflicto.

Desde que se acuñó la palabra BACRIM, creada para disfrazar la existencia de estructuras paramilitares que no se desmovilizaron y reintegraron a muchos de quienes si lo hicieron, el gobierno nacional creó el engaño de que se trataba de nuevas organizaciones criminales, con otros líderes y diferentes objetivos. Sin embargo, ahora nadie duda de que el paramilitarismo le jugó sucio al país y mantuvo un reservorio de hombres y armas dispuestos a reanudar la guerra. Tal parece que llegó la hora y el objetivo es evitar la expropiación de los fraudulentos latifundistas que los apoyaron y se beneficiaron de la causa paramilitar.

En los 90s el paramilitarismo creció gracias a un discurso que consideraba legítimo que el Estado combinara todas las forma de lucha en contra de la guerrilla. Fue así como gobernantes, miembros dela fuerza pública, dirigentes políticos, empresarios, etc., cruzaron la línea de la legalidad y terminaron convertidos en coautores o cómplices de los más horrendos crimines contra la humanidad. Ahora, mediante la estrategia del silencio, sectores importantes de la sociedad, apoyan las acciones paramilitares orientadas a evitar que se cumplan las órdenes de las autoridades de restitución de tierras, como si la tragedia de la violencia paramilitar hubiera quedado en el olvido.

El crimen imperdonable de estos jóvenes policías en cumplimiento de su deber, no ha merecido el rechazo unánime de todos los sectores sociales y políticos. Los líderes del uribismo hicieron pálidas manifestaciones que buscan asociar el hecho con “la paz de Santos”, pasando por alto, en forma sospechosa, la motivación del ataque. Este movimiento político se ha opuesto abiertamente a la restitución de tierras y especialmente a los puntos aprobados en los acuerdos de la Habana sobre este particular. Tanto es así, que en las manifestaciones del candidato uribista suelen presentarse personas luciendo camisetas que llevan escrito el mensaje NO A LA RESTITUCION DE TIERRAS.

Un crimen de esta naturaleza, que enluta a familias humildes y a la institución policial, debería provocar las más enérgica respuesta de todos los colombianos. No podemos permitir, de ninguna manera, que retrocedamos a épocas recientes en las que los grupos paramilitares controlaban extensas regiones del país, protegiendo a narcotraficantes y despojadores de tierras, con el argumento de estar librando una lucha antisubversiva.

Los candidatos a la presidencia de la república deben ocuparse del asunto, ya que los medios de comunicación le han dado muy poca importancia, para decirle al país cuál es la propuesta que tienen frente al proceso de restitución de tierras, si lo defenderán o si por el contrario lo harán trizas en defensa de los despojadores.

“El que sufre tiene memoria” (Cicerón), y los colombianos hemos sufrido demasiado por la crueldad de la violencia política, guerrillera y paramilitar y aún están frescos los recuerdos de la carnicería desatada como para permitir un nuevo ciclo del paramilitarismo, que sería más brutal e inhumano.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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