viernes, mayo 14 2021

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Niña llorona

Hoy un amigo me dijo “Cali fue pensado para ser un pueblito apacible”. Ese pueblito se nos salió de las manos hace siglos ya.

Niña llorona
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

No es un secreto que estamos pasando las duras y las maduras a causa de la temporada invernal. Tampoco es un secreto que esto sucede cada tanto y que al parecer la gente no tiene memoria: siempre pasa lo mismo. El calentamiento global es una realidad que muchos siguen queriendo tapar con pañitos de agua tibia, y las cosas solo tienden a ponerse peores con el paso del tiempo.

Por estos días, la sección de “recuerdos” de mi Facebook se parece mucho a la sección de titulares de cualquier noticiero actual: Vendavales “sin precedentes” –que sí los tienen-. Inundaciones que afectan toda la ciudad. Caídas de árboles. Calles intransitables. Ríos que se salen del cauce. El creciente temor de que el jarillón del río Cauca se desborde y ocasione una catástrofe que afectaría al 90% de la ciudad.

Y eso ha sucedido más o menos cada dos años, cuando el fenómeno de la Niña nos ataca con toda su fuerza. Esa Niña siempre llega muy llorona. Y nos encuentra siempre “sin una cajita de pañuelos” para solucionarle el llanto.

La cultura ciudadana es un ítem olvidado a través de los años. La Urbanidad enseñaba que tirar un papel (no se hable de un colchón, por mencionar otros elementos absurdos) a la calle era como tirarlo en la sala de la casa. Pero la Urbanidad dejó de ser una materia en el pensum escolar hace más de 20 años. Ahora resulta absurdamente vergonzoso ver todo el material de desecho que el personal de Cali Limpia saca de las alcantarillas. Como dirían los abuelos: “Estamos viviendo en un chiquero”.

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En el libro de Urbanidad también se hablaba de lo incorrecto que era mentir, hacer trampas y apropiarse de lo ajeno. Infortunadamente hemos tenido que lidiar con la corrupción de muchos gobiernos durante años. Gobiernos que han malversado los recursos de la ciudad para beneficio propio o de terceros favorecidos, en detrimento del desarrollo de la ciudad. No estoy descubriendo el agua tibia: ese es un secreto a gritos. Y no es un mal municipal. Me atrevería a decir que es mundial.

Hoy un amigo me dijo “Cali fue pensado para ser un pueblito apacible”. Ese pueblito se nos salió de las manos hace siglos ya.

Ahora mismo, no me cabe en la cabeza cómo con la cantidad de impuestos que se cobran casi hasta por respirar, no alcanza el presupuesto para preparar a la ciudad para todo tipo de calamidades. (Hablemos solo de esta ciudad, porque si en Cali llueve, en otras ciudades no escampa). No sé si mi cabeza será muy pequeña, pero tampoco me cabe que se piense primero en obras de carácter estético, en vez de invertir en infraestructura. En este momento, se me hace un descalabro absoluto por ejemplo invertir en la recuperación y embellecimiento de espacio público, mientras media ciudad se está ahogando y las laderas se están desmoronando.

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Yo, –no se el resto del mundo, pero yo- por lo menos prefiero unas buenas alcantarillas que no permitan que las calles se conviertan en ríos, antes que ver florecitas en los andenes. Yo prefiero un buen mantenimiento de los árboles grandes de nuestra ciudad para que no se caigan sobre las casas (por estos días el DAGMA ha tenido que retirar varios), que prevenga que dichos árboles caigan debido a la fuerza de los vientos, que ver unos andenes de adoquín. Yo prefiero que la gente que vive en lugares en situación de riesgo no tenga que vivir en el pánico de que la calle frente a su casa se convierta en un río embravecido a altas horas de la madrugada, en vez de ver unos carros llenos de luces bajo el nombre de “alumbrado móvil”. Ah… pero eso soy yo. No sé los demás.

A mi modo de ver, nos faltan tres cosas: Cultura ciudadana. Infraestructura. Mantenimiento.

Aparte, hoy en día tiene uno que empezar a pensar en alternativas de locomoción. En verano, para muchos se hicieron necesarias las motos, porque no hay suficientes calles para transitar y llegar a tiempo a destinos varios. ¡Vías! Eso también me parece muchísimo más importante que poner bonita la ciudad: tener por dónde transitar.

Y por estos días de invierno extremo, no suena ni tan mala idea comprar un jetski. Porque como va la cosa… esto de la niña llorona tiende a ser largo, tendido y templado.

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Acerca del Autor

Diana Serna

Hija de periodista y madre con mucho talento musical. Estudié Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente. Soy Adicta al cine y la tecnología. A los siete años, un locutor me sugirió dedicarme a otra cosa porque cantaba muy “pasito”. Efecto: he cantado con algunos de los más grandes y tengo una mención de Grammy Americano en la pared. El nuevo reto es este blog. Imposible no existe. Solo hay gente incapaz.

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