El Papa León XIV, anteriormente conocido como Robert Francis Prevost, tiene una conexión sólida y significativa con América Latina. Forjada a través de décadas de servicio pastoral, misionero y episcopal en la región. Aunque nació en Chicago, Estados Unidos, su vida religiosa y vocación como sacerdote agustino lo llevaron muy pronto al corazón de América Latina, específicamente al Perú, país que marcó profundamente su visión pastoral y su cercanía con los pueblos latinoamericanos.
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Prevost llegó a Perú en 1985 como misionero de la Orden de San Agustín, después de concluir sus estudios en teología y derecho canónico en Roma.
Allí, en la diócesis de Chulucanas y luego en Chiclayo, trabajó con comunidades marginadas, acompañando a poblaciones campesinas, promoviendo la justicia social y fortaleciendo la identidad de una Iglesia cercana a los pobres.
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Además, su experiencia en la región le permitió conocer de primera mano las realidades sociales, políticas y culturales que enfrentan millones de personas en América Latina; una sensibilidad que ha influido de forma evidente en su estilo pastoral y en su compromiso con las causas sociales.
Papel del papa León XIV en América Latina
En 2015, el Papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo, consolidando aún más su vínculo con el país andino. Desde allí, Prevost se destacó por su trabajo en la formación de sacerdotes, su apertura al diálogo interreligioso y su enfoque en una Iglesia sinodal, participativa y atenta a las periferias.
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Asimismo, su perfil llamó la atención del Vaticano, y en 2023 fue llamado por el Papa Francisco a Roma para ocupar el cargo de prefecto del Dicasterio para los Obispos, y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Un puesto clave que reafirmó su papel como puente entre la Santa Sede y las Iglesias locales del continente.
Como Papa León XIV, su relación con América Latina no solo representa un legado biográfico, sino una línea pastoral que probablemente marcará su pontificado. Se espera que continúe impulsando las reformas sinodales iniciadas por su predecesor. Y que dé protagonismo a las voces del sur global, promoviendo una Iglesia más inclusiva, comprometida con la justicia y cercana a las realidades del pueblo latinoamericano.
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