Dos meteoritos hallados en 2023 en el desierto del Sahara podrían cambiar para siempre lo que sabemos sobre Mercurio. Investigadores creen que estas rocas espaciales denominadas Northwest Africa 15915 (NWA 15915) y Ksar Ghilane 022 (KG 022), podrían ser los primeros fragmentos conocidos del planeta más cercano al Sol que han llegado a la Tierra.
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De confirmarse su origen, sería un avance monumental para la ciencia planetaria, ya que nunca antes se había identificado un meteorito con origen en Mercurio, a diferencia de los más de 1.100 fragmentos procedentes de Marte y la Luna ya registrados.
¿Por qué Mercurio es tan difícil de estudiar?
Mercurio ha sido, históricamente, un planeta esquivo. Su cercanía al Sol dificulta su observación y exploración. Solo tres misiones espaciales se han enviado hasta ahora: Mariner 10 en 1973, MESSENGER en 2004 y BepiColombo, que entrará en órbita en 2026.
Además, ningún material ha sido traído directamente desde su superficie. Por eso, identificar meteoritos originados allí sería como tener una muestra directa del planeta sin necesidad de ir por ella.
Las rocas y sus características “mercurianas”
El análisis de los dos meteoritos reveló la presencia de olivino y piroxeno, minerales pobres en hierro, cuya existencia también fue confirmada en Mercurio por la sonda MESSENGER. Además, no se halló hierro en las muestras, otro dato coherente con lo que se conoce del planeta.
No obstante, también hay dudas. La más importante es que los meteoritos parecen ser 500 millones de años más antiguos que la superficie actual de Mercurio. Esto, según el investigador Ben Rider-Stokes, podría deberse a errores en las estimaciones basadas en modelos de cráteres y no a datación absoluta.
El debate científico continúa
Aunque aún no hay una respuesta definitiva, el estudio publicado en junio en la revista 'Icarus' mantiene abierta la posibilidad. Rider-Stokes, autor principal del artículo, destacó que “no podemos demostrar que no provienen de Mercurio… así que siguen siendo candidatas importantes”.
Otros investigadores, como Sean Solomon, líder de la misión MESSENGER, se muestran escépticos. Él considera que las rocas podrían tener orígenes similares pero no necesariamente mercurianos, aunque reconoce que comparten varias propiedades geoquímicas con Mercurio, como bajo contenido de hierro y minerales ricos en azufre.
¿Por qué importa tanto esta investigación?
Confirmar el origen mercuriano de estos meteoritos significaría una nueva ventana para estudiar la formación de planetas y entender los procesos primitivos del sistema solar. Además, representaría un logro sin precedentes en geología planetaria, al estudiar un planeta que sigue siendo un completo misterio.
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La misión europea 'BepiColombo', que comenzará a estudiar Mercurio a fondo en 2027, podría ofrecer finalmente las respuestas que los científicos llevan décadas buscando.
Mientras tanto, el debate se reavivará esta semana en la reunión anual de la Sociedad Meteorítica en Perth, donde Rider-Stokes presentará sus hallazgos a la comunidad académica internacional.
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