A dos semanas del sismo de magnitud 7,7 que sacudió el centro de Birmania, miles de personas siguen durmiendo en las calles de las zonas más afectadas, temerosas de regresar a casas inestables y a la espera de un apoyo que no llega con la rapidez necesaria.
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Según el último balance oficial, la junta militar reporta 3 649 fallecidos, 145 desaparecidos y 5 000 heridos. Mientras tanto, los equipos de rescate advierten que el número de víctimas podría aumentar a medida que avanzan las tareas de búsqueda.
El terremoto provocó daños parciales o totales en 2 366 escuelas, 3 514 sitios religiosos, 5 620 pagodas y 291 hospitales, dejando a comunidades enteras sin acceso a educación ni servicios médicos básicos .
Además, la destrucción de carreteras y puentes dificulta el envío de suministros. Con apenas unas horas de electricidad al día, los equipos de Médicos Sin Fronteras denuncian “problemas logísticos y mala organización” que retrasan la distribución de alimentos y medicamentos .
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Por si fuera poco, la junta militar no detiene sus operaciones. Más de 120 ataques, en su mayoría bombardeos aéreos, persisten en zonas devastadas, pese al alto al fuego declarado para facilitar la ayuda humanitaria. La ONU exige el cese inmediato de esas ofensivas para permitir el acceso sin obstáculos a las áreas más críticas.
Frente a esta realidad, organizaciones como MSF piden mantener la atención mediática:
“Necesitamos que los medios sigan informando, porque las necesidades continúan”, subraya Mikhael de Souza, director de MSF en Birmania .
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