Domingo, Mayo 26 2019

.

Mujer, emprendimiento y medios

Lo cierto es que las mujeres en Colombia no son como las flores. Frágiles y fugaces. No. Son como la naturaleza, sabias y prodigiosas. Fuertes y emprendedoras. Al respecto, disertarán el Auditorio Xepia de la Universidad Autónoma de Occidente el viernes 8 de marzo a las 10:00 am

Mujer, emprendimiento y medios
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Yo dudo que las caleñas sean como las flores. Dudo además que no entreguen sus amores si no son correspondidas. No puede ser que su vida sea tan efímera y su belleza tan pasajera. Que duren un día y se marchiten. Por eso hay mujeres a las que nos les gustan las flores, porque duran poco y tienen que agradecerlas toda la vida. No puede ser que se sigan llenando de flores las tumbas del feminicidio. No puede ser que haya tantas abandonadas, criando solas a sus hijos, esforzándose por sobrevivir en este mundo patriarcal y machista que se resiste a darles el equitativo lugar que les corresponde. Y no es que una mujer no pueda hacerlo sola, es que la responsabilidad es compartida.

Los que conocen la canción, sabrán que el arte es una permanente metáfora de las ilusiones. Que comparar a una mujer con una flor es un acto sublime. Las caleñas son como las flores, es uno de esos iconos de la cultura popular que no se cuestiona, pero que visto a contraluz deja ver los oscuros patriarcales donde la mujer es poco menos que un objeto del deseo. Sí, Ese oscuro objeto del deseo es la última película de Luis Buñuel, donde con sarcasmo vuelve a cuestionar el peso que sobre nuestra cultura tienen la educación cristiana y las clases dominantes.

Seguro Edulfamid Molina Díaz no sabía de Buñuel, tanto como alguno de ustedes de que así se llamaba Piper Pimienta, el cantante de Las caleñas… Todos sin embargo, ellos y nosotros, somos objeto de la obsesión y los placeres. Inspiran, mueven, dominan, proyectan. Nos hacen respirar y transpirar. Vivir y sudar. También espirar, suspirar y expirar. Todos los buscamos. Quién no está de acuerdo con que un suspiro es un aire que nos sobra por alguien que nos hace falta. Y en esa búsqueda frenética nuestra sociedad terminó extraviada. Esta semana cierra en el país, con dos nuevas polémicas que involucran a las mujeres.

Los tuits del antropólogo Fabián Sanabria, que llamó “niña ensiliconada” a la abogada Natalia Bedoya, luego de debatir en una emisora bogotana, la pertinencia de bautizar la biblioteca del corregimiento de El Saladito en Cali, como Álvaro Uribe Vélez. El plato del escándalo está servido y desde las redes se han disparado los más enconados insultos de lado y lado. Y claro, como en toda algarabía la discusión tomó otro rumbo y los argumentos otros matices. Al sociólogo, que acuñó el concepto de “Yayismo Mágico” para aludir al estereotipo de mujer diseñada por los narcotraficantes, se le vino el mundo encima. Y con razón, hay opiniones privadas que cuando se hacen públicas no son políticamente correctas.

Y en Cartagena, la batahola corrió por cuenta del discurso de apertura del Festival de Cine a cargo de Rubén Mendoza, director de la película Niña Errante, que se fue como un toro contra el gobierno. ¿Dije toro? Ahora se me vienen encima los animalistas. Se fue como un tren. ¿Dije tren? Ahora se me vienen encima los pensionados millonarios de los Ferrocarriles Nacionales. Se fue como una tromba. ¿Dije tromba? Ahora se me vienen encima los hinchas del América. Se fue como un hombre. ¿Dije hombre? Yo no creo que se me vengan encima las mujeres. Pero lo harán, porque hombre es el término que los hombres acuñaron para designar al ser humano y seres humanos somos todos. La película es una crítica al machismo, pero las mujeres no hablaron, solo fueron telón de fondo.

Así de compleja es la comunicación por estos días. Las redes han democratizado la opinión. Todo el mundo habla y escribe. Contesta e insulta. Aprueba y controvierte. Cualquier situación es válida para armar una barahúnda, no importa si es para tumbar a un burro o para montar a un cerdo. ¿Pero qué dije? Ahora se me vienen encima dos presidentes. Y entonces el Día de la mujer es otro escenario de disputas, de agresiones, de memes ofensivos, de chistes insulsos y de frases insultantes. Nada ni nadie pareciera escapar a esta esquizofrenia mediática. Llevamos un mes escuchando las denuncias sobre los vejámenes y las injusticias a las que fueron sometidas las jugadoras de la selección de fútbol y el resultado es que se acaba el fútbol profesional femenino. ¡Un claro fuera de lugar!

Por todo lo anterior y mucho más, en esta conmemoración deberíamos reflexionar en torno del papel de la mujer en la sociedad colombiana. No en los términos habituales, sino con la trascendencia propia de un ejercicio ciudadano que involucra democracia y autonomía. La guerra nos dejó un país lleno de viudas, de huérfanas, de novias y esposas solitarias, de mujeres que cargan a cuestas el peso de aquello que los machos decidieron y deciden. En un pueblo de los Llanos Orientales le escuché decir a un hombre: “A una mujer no se le pega ni con el pétalo de una flor, ni con la cacha de una pistola”. La anécdota refleja en buena medida la situación de doble moral que encierra esta fecha.

Dijo alguna vez, María Félix, La Doña, la mujer ciclón que fue epicentro del ciclo de oro del cine mexicano: “Desde el principio de los tiempos los hombres se han llevado lo mejor del pastel. Yo tengo corazón de hombre y por eso me ha ido tan bien”. Algo así como que una mujer triunfa si y solo si actúa como un hombre. Y esta otra perla: “A un hombre hay que llorarle tres días… y al cuarto te pones tacones y ropa nueva”. Algo así como que la belleza está por fuera. Y el colofón: “Una mujer solo debe agachar la mirada, para ver cómo están sus tacones. Estamos hechas para aguantarlos a ellos, no a una bola de imbéciles”. Algo así.

Lo cierto es que las mujeres en Colombia no son como las flores. Frágiles y fugaces. No. Son como la naturaleza, sabias y prodigiosas. Fuertes y emprendedoras. Al respecto, disertarán el Auditorio Xepia de la Universidad Autónoma de Occidente el viernes 8 de marzo a las 10:00 am

Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

Noticias Relacionadas