jueves, abril 15 2021

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Mi vecino está aprendiendo a tocar saxofón

Sabemos que la paz no será el resultado automático de la firma de unos controversiales acuerdos entre el gobierno y la guerrilla, ni podrá ordenarse por decreto presidencial.

Mi vecino está aprendiendo a tocar saxofón
Crédito de foto: David Vega especial para 90minutos.co

Mi vecino está aprendiendo a tocar saxofón. Lo hace con la misma dedicación  y empeño que dedica en sus intervenciones quirúrgicas. Mi vecino es un  reputado cirujano oncólogo, un buen padre de familia y un consumado activista  de la paz. Recién cumplió 50 años me invitó a su casa para mostrarme el  dorado saxofón que había comprado. Lo sacó del estuche con cuidado, como  si fuera de oro y lo exhibió orgulloso.

-Es un Saxofón tenor, –me dijo- y sin que pudiera evitarlo me contó la historia  de creación del instrumento, las partes que lo componen, pero sobre todo me  hizo un listado de las piezas musicales que iba a interpretar, para deleite de su  familia y, por su puesto, de sus vecinos.

-Lo compré ayer, susurró, teniendo cuidado que solamente yo lo escuchara.

Y Prosiguió:

-Cuando lo fui a pagar el tipo del almacén me dijo que excedía el cupo de la  tarjeta de crédito, pero el saxo ya estaba empacado, en varias ocasiones había  ido a preguntar por el hasta que me decidí comprarlo, por eso no lo pensé dos  veces y saqué de la billetera la tarjeta de ahorros y le dije al vendedor: “use  ésta”.

En ese momento me musitó, casi inaudible: “No le vas a contar a mi mujer que me mata, yo le eché el cuento que  había sido con la de crédito, a 12 meses”.

-Tranquilo, Zorrilla, -le dije también en voz baja- contá con mi absoluta  discreción.

A los pocos días el doctor ZORRILLA inició sus clases de música con un  profesor de la Universidad del Valle. Desde mi casa empecé a escuchar el  ruido que hace un saxofón en manos inexpertas. Al principio creía que se  trataba del chillido de alguna guacharaca herida de muerte, pero luego fui  percibiendo alguna que otra nota que providencialmente lograba escapar  indemne por la lustrosa campana del alargado aparato.

Hace seis meses que mi vecino está aprendiendo a tocar saxofón. Ayer lo vi  muy aplicado intentando sacarle una melodía, mientras leía una partitura; logré  adivinar que se trataba del bolero Bésame Mucho, de la compositora mejicana  Consuelito Velásquez; cuando se lo dije me lanzó una mirada triunfante, como  si acabará de conquistar el Everest o extirpar con éxito un tumor escondido  detrás de los intestinos.

El doctor ZORRILLA es un musicólogo consumado pero jamás tocó algún  instrumento, sin embargo, consideró que era al momento de aprender a tocar  saxofón. No sabe el tiempo que le demandará, ni siquiera piensa en eso,  disfruta del aprendizaje como un niño que aprende el nombre de los animales.

El biólogo molecular John Medina sostiene que los seres humanos tenemos  una necesidad insaciable de saber y aprender y describe esa necesidad como  un impulso que nos acompaña toda la vida, igual que lo son el hambre, la sed y  el sexo.

Martha Burns, profesora de neurociencia, explica que nos gusta aprender algo  nuevo porque de esta manera se activan las mismas zonas de recompensa del  cerebro que estimulan las drogas o las apuestas, con la diferencia que estás  son un desencadenante artificial que causa daños al cerebro.

Al ver al doctor ZORRILLA que, poco a poco, aprende hablar el lenguaje  maravilloso de la música, no pude evitar pensar que de igual manera los  colombianos podríamos aprender a vivir en paz. No es una tarea fácil, luego  de un conflicto de más de 50 años, envilecido y degradado, donde los bandos  en pugna han incurrido en los peores crímenes contra la humanidad.

Después de más de 50 años de barbarie son demasiadas las víctimas que aún  tienen las heridas sin sanar, demasiado el odio y el deseo de venganza y  muchas las personas que se lucran de la guerra y los estragos que deja.

Por esa razón sabemos que la paz no será el resultado automático de la firma  de unos controversiales acuerdos entre el gobierno y la guerrilla, ni podrá  ordenarse por decreto presidencial. Tampoco vamos a obtenerla a partir de la  simple voluntad de las partes, ni de los acuerdos políticos entre las mayorías  que respaldan al gobierno.

Si reconocemos que la paz es también una nueva aventura, un mundo por  descubrir, donde las disputas ideológicas y políticas subsisten, sin necesidad  de acudir a la violencia, es probable que despertemos el ansia de conocer ese  universo y el deseo de aprender el lenguaje y los usos de la paz.

Desde esta perspectiva, es decir, asumiendo la paz como una expedición y un  nuevo aprendizaje, podremos estimular nuestro cerebro de manera positiva y  crear prácticas sociales que novedosas que sirvan para tramitar nuestras  disputas de manera pacífica.

Hay mucho por descubrir en un país en paz. Empezando por nosotros mismos  y nuestro entorno. La paz es un camino lleno de dificultades pero también de  recompensas estimulantes e interesantes. Si empezamos su recorrido, con la  actitud del explorador ansioso de encontrar una civilización inteligente y  extraordinaria, nada podrá apartarnos de nuestro objetivo.

Tengo la esperanza de que cuando asista al primer concierto familiar del doctor  ZORRILLA, para escuchar Bésame Mucho, los colombianos habremos  superado las actuales circunstancias que nos llenan de pesimismo y estaremos  aprendiendo, entusiasmados, a convivir en paz.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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