Sábado, Septiembre 21 2019

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Mi Presidente

Mi presidente es verde. Bueno, predomina en él el verde. Aunque no le son extraños otros colores, podría decir que concentra una policromía que no es una calculada unidad, sino más bien, un prodigioso don que le ha concedido la naturaleza.

Mi Presidente
Crédito de foto: David Vega especial para 90minutos.co

Es imposible olvidar a Marilyn cantándole el happy birthday a Kennedy. Con esa atolondrada sensualidad que sustraía la “ene” y la “ese” a semejante palabra tan tierna y se la cambiaba por una equis. Era sin duda suyo: su presidente y también su amante. Y él, pelándole su blanqueada muelamenta, mientras su hermano Bob (que no era ningún bobo) la pelaba a ella. Como lo sentencia el argot popular Jack (JFK) y Bobby (Bob) fueron hermanitos de leche. Amamantados por la misma loba diría un romano. O, simplemente, cobijados por la misma norma: Norma Jeane Baker Mortenson (la rubia postiza). Ocurrió tres meses antes de que la Monroe fuera hallada muerta por una sobredosis de barbitúricos que no entraron por la boca, sino por donde salen todas las inmundicias humanas. Sí, por allí. Mejor dicho, por allá.

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A propósito de inmundicias y cloacas. Imposible no recordar a Carlos Abraham Moreno de Caro en el Congreso. Digo, por lo del gato callejero entre sus brazos y un veneno en sus manos, dizque para acabar con tanta rata en el recinto. ¡Qué gato tan malo! O por los huevos que estallaba (¡Guácala!) para promover su proyecto de castración (¡Ayayay!) química para los violadores. O por sus alacranes para Artunduaga o sus mariposas -no tan amarillas-, para evocar a Mauricio Babilonia. O sus culebras o sus chulos, algunos sin hache. O por regalarle una desplumada gallina al presidente Uribe al que le decía: “Mi presidente, el gallo capón de este gallinero”. Pero lo que de verdad revolcaba los entresijos, era oírlo declamar. Y pero aún, en los Consejos Comunitarios, esa práctica social prostituida.

Pero Marilyn Monroe está muerta y Carlos Moreno tan callado como si lo estuviera. Como si aún vivera en Suráfrica, adonde su presidente lo mandó de embajador -asumo yo- para tener bien lejos al bufón de la corte. Entonces a cuento de qué mencionarlos. A razón de qué contar dos experiencias de soberana lambonería. Por qué traer a colación a estos dos esperpentos de la impostación. (La mona no era mona, utilizaba dientes postizos y un par de almohadillitas para realzar su disminuida y maltrecha naturaleza pectoral. Y el Moreno, una voz en privado y un sonsonete en público para enredar incautos, además de sus camisas amarillas para marcar diferencia con los rojos y los azules. Una idea muy poco original, sustraída de La Franja Amarilla, el ensayo que proyectó a William Ospina). Pues porque yo también quiero hablar de mi presidente. Yo quiero que todo el mundo sepa. Yo tengo derecho a destacarlo en medio de una treintena de pre… candidatos.

Mi presidente es verde. Bueno, predomina en él el verde. Aunque no le son extraños otros colores, podría decir que concentra una policromía que no es una calculada unidad, sino más bien, un prodigioso don que le ha concedido la naturaleza. No es tan grande, pero lo suficiente para albergar una ilusión, para dejarnos creer que la felicidad es posible y que en esta tierra se puede vivir en paz. No es tan alto, pero con la altivez propia de quien está tranquilo. No tiene problemas muy graves, pero sí necesidades como la gran mayoría de colombianos. Está harto del bipartidismo disfrazado. De las luchas intestinas, de las promesas incumplidas, de la corrupción, del microtráfico, de las bandas criminales, de los piratas, de los abigeos, de las guerrillas y los paramilitares, y claro, de las insuficiencias de una retahíla de presidentes fallidos.

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Es mi Presidente. Lo conozco hace 40 años o más. Desde muy niño yo y él ya entradito en años. Silente. Bien puesto. Circunspecto. Prudente. Bebe con juicio hace apenas una década, aunque celebra con devoción las Fiestas de San Pedro. La única pelotera tenaz que recuerda es la Batalla de Los Chancos entre liberales y conservadores. También la de La Chambas. (En esa recibió su bautizo de sangre Uribe. Rafael Uribe Uribe, valga la claridad. Y no su sobrino tataranieto, el de la gallinita y los huevitos). Y este año, la detonación de una granada en una discoteca que dejó 36 personas heridas. Está vivo de milagro. No es Uribista, ni Santista, solo agricultor y ganadero. Cría pollos y gallinas. Y recibe migajas de las regalías. Con esas construyeron su acueducto hace apenas once años. Es Presidente, el corregimiento de San Pedro en el centro del Valle. Mi Presidente.

Si usted va de  Cali con rumbo norte, para llegar a Presidente hay que pasar por Sonso. Si va para Bogotá también. Y si va para la presidencia de este país es requisito indispensable. Parece un juego de palabras, pero es la pura y dura realidad. Pero si en cambio viene de Buga, es decir en sentido sur, de para abajo, debe pasar por Todosantos (Apócope de Todos los Santos). Si viene de Bogotá también. Otra vez parece un juego de palabras, pero es historia patria. Antonia, Eduardo, Francisco, Juan Manuel, Alejandro… y los que faltan. Mientras tanto, nos espera otro Pantano de Vargas.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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