Miércoles, Junio 20 2018

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Matar a Petro

La suerte de Petro está echada. Evitar que llegue al poder es la prioridad de sectores de la extrema derecha.

Matar a Petro
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

No soy petrista, ni voy a votar por Petro. Debo hacer esta aclaración para evitar que esta columna sea cuestionada como propaganda política.

Decía que no soy petrista, pero después de los sucesos ocurridos en la ciudad de Cúcuta, donde el vehículo en que se movilizaba Petro  fue atacado( no se sabe aún si a tiros o a piedra), considero una obligación ética que los colombianos exijamos al gobierno nacional, la policía, el ejército, la fiscalía y la procuraduría que coordinen las acciones que sean necesarias, si es preciso con ayuda internacional, para evitar que se repita lo que todo el mundo anuncia en voz alta: el asesinato inminente de Gustavo Petro.

Recuerdo que antes del asesinato de Jaime Pardo Leal, muchos colombianos teníamos el convencimiento de que lo iban a matar. Eran los tiempos del exterminio de la Unión Patriótica a manos de una alianza perversa entre grupos paramilitares, miembros de organismos de seguridad del Estado y Fuerza Pública. De nada sirvió la exigencia permanente al gobierno nacional para que garantizara la vida de Pardo, quien fue asesinado en un operativo en el que participó un helicóptero del ejército nacional.

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Después, miembros de grupos de narcotraficantes  e integrantes del DAS y la policía ejecutaron el asesinato de LUIS CARLOS GALAN.

Luego ocurrió el crimen de BERNARDO JARAMILLO, a quien el Estado no lo dotó de la seguridad que requería pese a que era de dominio público la existencia de un posible atentado en su contra. Antes de su muerte recibió duros ataques  del entonces ministro de Gobierno CARLOS LEMOS por la relación entre la UP y las FARC, lo cual exacerbó los ánimos en contra del candidato de izquierda. A ciencia cierta, no se sabe quién ordenó el crimen, lo único claro es que el Estado no fue capaz de brindarle seguridad.

Igual ocurrió con CARLOS PIZARRO, asesinado dentro de un avión de Avianca, por un joven sicario quien actuó con la complicidad de varios miembros del DAS que hacían parte del esquema de seguridad del candidato.

Estoy convencido de que no existe ningún método científico y racional que nos permita predecir el futuro a partir de hechos pasados. Una afirmación en tal sentido resultaría pura metafísica, por la sencilla razón de que no es posible reproducir las mismas condiciones históricas, políticas, anímicas, físicas y biológicas en una sociedad, “no podemos por tanto, predecir el curso futuro de la historia humana”, (Popper) aunque subsistan las mismas estructuras de poder.

Sin caer en el terreno de las especulaciones, prescindiendo de analizar los magnicidios de la historia reciente y haciendo caso omiso a la tentación de compaginar el pasado con el presente, pese a las múltiples coincidencias (p.e. el asesinato sistemático de líderes sociales, impunidad a los determinadores, discursos justificativos y promotores de la violencia,  relación de organizaciones criminales con agentes del Estado, polarización, inoperancia del sistema judicial,  etc)  basado solamente en la evidencia que tenemos a mano, me atrevo a afirmar que desde el punto de vista objetivo existe un enorme riesgo de que PETRO sea asesinado en el marco de esta contienda electoral. Estos son los hechos en los que respaldo dicha hipótesis:

  • Petro lidera las encuestas y como van las cosas, existe la posibilidad de que gane en la primera vuelta. Si no gana y pasa a la segunda, tendrá muy seguramente el apoyo de los diferentes grupos y partidos que apoyan el proceso de paz, con lo cual estaría asegurando el triunfo.
  • Los sectores de extrema derecha han alentado a grupos paramilitares para que conviertan a PETRO en objetivo militar, con el argumento de que pretende imponer el “castrochavismo” en nuestro país y por lo tanto es un enemigo que debe ser aniquilado, como parte de la lucha contra-insurgente.
  • La campaña de odio hacia PETRO, pretende justificar de manera anticipada cualquier ataque en su contra y promueve la idea que es necesario evitar a toda costa que llegue a la presidencia, pues arrasaría inexorablemente al país a la misma situación que vive Venezuela. Matarlo resulta imperativo y sería considerado un acto de heroísmo en defensa de la patria, según afirman extremistas en las redes sociales.
  • Desde las cárceles, reconocidos para-políticos están organizando grupos de choque contra PETRO, con la connivencia de algunos servidores públicos y es probable que hayan financiado el reciente atentado en Cúcuta.
  • Algunos medios de comunicación han alentado el odio contra PETRO, mostrándolo como una verdadera amenaza para el futuro del país. De igual manera, periodistas prestantes han justificado los ataques de que ha sido víctima el candidato, al afirmar que son fruto de su discurso radical, soslayando la existencia de evidentes alianzas entre miembros de organizaciones criminales y agentes del Estado para asesinarlo.
  • La seguridad de Petro es alterada, unilateralmente, por algunos alcaldes y comandantes de policía, tal y como ocurrió en Medellín y Cúcuta, dejándolo desprotegido.
  • El Gobierno Nacional no tiene control sobre las decisiones de los alcaldes respecto a los permisos para las concentraciones y manifestaciones, seguridad, etc., de la campaña de PETRO y la fiscalía se muestra sospechosamente inoperante.
  • Quienes pretenden hacerle daño a PETRO provocan permanentes enfrentamientos con diversos actores políticos con el fin de mostrar que estamos viviendo un clima de confrontación y polarización incontrolables, entre la derecha e izquierda radicales, en la que resulta inevitable que ocurran hechos violentos.

La suerte de PETRO está echada. Evitar que llegue al poder es la prioridad de sectores de la extrema derecha. En el pasado los magnicidas contaban a su favor con un pueblo amedrentado y una prensa amordazada, hoy la sociedad reclama con mayor vehemencia que el Estado actúe en defensa de la vida de todos los líderes políticos y, por fortuna, no toda la prensa está al servicio de torcidos intereses políticos e ideológicos. La vida de PETRO, cuyas ideas tal vez no compartamos, está en nuestras manos, defenderla del designio criminal que está en marcha será lo que nos diferencie del país de cafres timoratos que fuimos en el pasado.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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