Domingo, Diciembre 8 2019

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Candilejas

Candilejas es a su vez -en el teatro-, una cortina de luz entre la escena y la platea, cuya fuente es invisible para el público.

Candilejas
Crédito de foto: Especial para www.90minutos.co

Y Noticias Uno hizo lo que debieron hacer todos los medios de comunicación: enviar periodistas a la zona rural del Caquetá donde ocurrió el bombardeo en el que murieron menores de edad, reclutados a la fuerza por grupos residuales de las antiguas Farc-Ep, y que llevó a la moción de censura y posterior renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero, porque la información no fue clara. Anoche, mientras el país seguía la elección y coronación de la señorita Colombia, el noticiero emitió su informe. En Aguas Claras II, la vereda más cercana al lugar de los acontecimientos, la comunidad asegura -entre otras cosas no menos graves- que las víctimas podrían ser entre 16 y 18, y hallarse bajo la tierra que generaron las bombas.

Si bien, la discusión no puede centrarse en si fueron 8 o 16 las pequeñas víctimas, pues un solo niño muerto de forma violenta es una tragedia, este ejercicio periodístico deja en claro que aún no sale a luz toda la información sobre lo ocurrido. Y que este gobierno se empeña en no decir y menso hacer, las cosas como son: miente, esconde, manipula, tergiversa o cualquier otro adjetivo que refleja la mezquindad histórica y vergonzante de nuestros dirigentes. La muerte de unos niños víctimas de reclutamiento, de unas niñas víctimas además de abuso sexual, que fue presentada con engreída presunción y ocultada sin vergüenza, con soberbia y altivez, deja ver un oscuro panorama donde solo refulgen los destellos de la información manoseada, de la que se sirve el gobierno a través de unos medios cómplices.

Si a lo anterior se suma la designación como nuevo ministro de Defensa, del ahora excanciller, Carlos Holmes Trujillo, estamos ante la más clara evidencia de que el expresidente Álvaro Uribe, es quien enciende el distorsionado faro que guía los destinos de esta patria ignorante. Este alfil del uribismo, quien ha hecho parte de los últimos cinco gobiernos, fracasó en su tarea de liderar el derrocamiento de Nicolás Maduro, cuestionó a The New York Times por denunciar el regreso de los ‘falsos positivos’, y cerró la semana pasada con varias perlas que ratifican la ceguera de este gobierno. Holmes lideró la pírrica abstención -junto con Brasil e Israel- de votar la resolución a través de la cual la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se manifestó en contra del bloqueo comercial a Cuba, impuesto por los Estados Unidos; guardó un mutismo sepulcral ante la renuncia de Evo Morales, los excesos de Mauricio Macri, Lenin Moreno o Jair Bolsonaro, o la terquedad de Sebastián Piñera para dejar el poder en Chile. Duque le puso la mecha a la bomba.

Pero volvamos a la operación Atair, porque a todas luces la transformación de la conciencia social de Latinoamérica pareciera no importarnos. Hasta quienes promueven el Paro Nacional programado para el 21 de noviembre, están equivocados: la identidad no se crea copiando. A lo que vinimos. La operación presentada como un efectivo golpe a la delincuencia por parte del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, fue en un sitio llamado Candilejas. Atair, leído de derecha a izquierda, es riata; y riata, en la jerga militar y del hampa, es severo, insensible, inclemente, inflexible, intolerante, letal. La derecha, todos sabemos, apaga fuego con combustible. La fuerza está por encima de las ideas y la represión por encima de los derechos. Todo se justifica en aras de la protección de los privilegios de ciertos grupos sociales, que se autodeterminan imprescindibles.

Candilejas es a su vez -en el teatro-, una cortina de luz entre la escena y la platea, cuya fuente es invisible para el público. Su resplandor diluye en la penumbra, la visión que el actor tiene de los espectadores. Del primer término, que nombra la operación, estoy seguro, sabía la inteligencia militar. Digamos que se jugaron un nombre encubierto para despistar al enemigo, que claro, no eran los miembros de las disidencias, sino la sociedad civil. Del segundo, el nombre del lugar, que designa también la última y más íntima película de Charles Chaplin, se desprende como una bomba, una de esas increíbles coincidencias que esconden las palabras: un teatro de operaciones de guerra que desconoce a la sociedad. Ha de estar cantando el exministro de Defensa ante los asomos de la verdad:

Tú llegaste a mí cuando me voy.
Eres luz de abril, yo tarde gris.
Eres juventud, amor, calor, fulgor de sol
Trajiste a mí tu juventud cuando me voy
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Y todos aquellos que aplaudimos esa paz imperfecta que desarmó seres y conciencias; que disminuyó combatientes de una guerra fratricida donde solo combaten pobres y miserables; que limitó ciertos deberes en aras de la paz, pero amplió sin duda nuestros derechos; que reconoció víctimas y planteó reparaciones; que recogió información para reconstruir memoria; que con las uñas –limpias- buscó a la primera víctima de toda guerra: la verdad; que se propuso una paz estable y duradera en una historia de guerras recicladas, cantaremos de nuevo:

La felicidad, que diste a mí vivir, se fue.

No volverá nunca jamás lo sé muy bien.

 Bien por Noticias Uno, el noticiero nacional de más bajo rating, el monumento a una conciencia nacional perdida. Una de las últimas cabezas cercenadas por el implacable censor de la pauta publicitaria, que ahora sobrevive de la mendicidad. Si las denuncias de la población se comprueban y al menos tres niños fueron perseguidos con drones y perros, para ser luego rematados en estado de rendición, este gobierno y su máximo representante, deberían ser condenados a la pena máxima, porque ya son una vergüenza de esa magnitud.

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