Miércoles, Noviembre 20 2019

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Las palabras: un arma letal

Me volví esclava de lo correcto en redes hasta que un día entendí que vivir por lo que digan los demás es vivir la vida de otros y que nadie absolutamente nadie tiene el derecho de opinar sobre las decisiones de alguien más.

Las palabras: un arma letal
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Las palabras son armas que pueden construir puentes y aliviar corazones, pero también pueden destruir a otro. Nunca sabemos las guerras internas de nadie ni los procesos de otros y no caemos en la cuenta de las muchas veces que con nuestro lenguaje hemos ayudado a otro o por el contrario, lo hemos herido. Falta de empatía, quizá.

Les comparto mi experiencia: durante años guardé fotos que me parecían lindas por el miedo a no encajar, al qué dirán, a leer palabras sin sentido.

Me uní al grupo terrible que criticaba a otras que sí eran capaces de hacer lo que se les daba la gana y subir las fotos que querían porque se sentían lindas y ya – porque en el fondo yo deseaba tener su valentía-  Me creí con el derecho de juzgar a otros y mi vida se convirtió en críticas y poca gratitud, lo que me hacía sentir cada vez más infeliz.

Me volví esclava de lo correcto en redes hasta que un día entendí que vivir por lo que digan los demás es vivir la vida de otros y que nadie absolutamente nadie tiene el derecho de opinar sobre las decisiones de alguien más. ¿Se imaginan lo desgastante de tener tu vida pero actuar de acuerdo a la aprobación de otros?

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Así, comprendí que la belleza era realmente subjetiva y aprendí a sentir a las mujeres como aliadas nunca como competencia y enemigas. Aprendí que cada una podía brillar con luz propia y que había espacio para todas. Que merecía el mismo respeto quién no se sometía a ningún cambio que le que decidía incluir bisturí en su cuerpo. Que merecía la misma empatía quien vestía de una manera que de otra y que todas estábamos luchando por conservar nuestra esencia en un mundo donde éramos continuamente juzgadas.

Procuremos que nuestras palabras sean positivas, herramientas que sumen a otros, que aporten, que edifiquen. Recordemos muy bien que “de la abundancia del corazón habla la boca”. Si no tenemos nada bueno que decir guardemos silencio; no nos convirtamos en jueces de teclado e invirtamos ese tiempo y esa energía en nuestra vida para ser tan felices que no tengamos interés en otros.

Fíjate a quien le das importancia en comentarios u opiniones. Si no aporta en tu vida, si no es alguien que haya construido , si no lo hace desde el amor sino desde la crítica no dejes que entra en tu cabeza y menos en tu vida.

Podemos hacer del mundo un lugar bonito cuando somos solidarios con el otro desde algo aparentemente simple como nuestro lenguaje.

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