Lunes, Diciembre 10 2018

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Las Orquideas: Una sonrisa entre escombros

A la invasión Las Orquídeas, de la comuna 14 de Cali, la visitaron  las sonrisas por unas pocas horas. El dolor y la frustración de niños, jóvenes y adultos se refugió en el acto de cinco payasos de ‘Caliclown’ y ‘Pasayos sin Fronteras’. Eran las 9:45 de la mañana de un miércoles y en la …

Las Orquideas: Una sonrisa entre escombros

A la invasión Las Orquídeas, de la comuna 14 de Cali, la visitaron  las sonrisas por unas pocas horas. El dolor y la frustración de niños, jóvenes y adultos se refugió en el acto de cinco payasos de ‘Caliclown’ y ‘Pasayos sin Fronteras’.

Eran las 9:45 de la mañana de un miércoles y en la invasión Las Orquídeas,  al oriente de Cali, se respiraba un poco de calma. ‘Caliclown’ y ‘Payasos sin Fronteras’ esperaban definir el lugar de su presentación.

Mientras los payasos tomaban la decisión, el Cuerpo de Bomberos de Cali se disponía a ahogar el humo de un pequeño fuego que se generó a raíz de la demolición de 17 viviendas pertenecientes a familias que habían sido desalojadas por el Esmad y algunos funcionarios de la Alcaldía.

Pasaba el tiempo y los payasos provenientes de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Bogotá y Cali, buscaban un lugar más seguro para dar inicio a la presentación.

Entonces hallaron el lugar perfecto. Dos de los payasos aprovechan para ensayar y jugar un poco. Entre los artistas se comenta el saludo que harán a los habitantes: “buenos días, ¿cómo estás? ¡No! ¿Cómo vamos a preguntar cómo están si ya se sabe la respuesta?”

A las 10:15 a.m se dio inicio al perifoneo para invitar a los pequeños a la presentación. Aún el ambiente estaba tranquilo. Los payasos se preparan y sacan todos sus implementos. Uno de ellos dice, mostrando los “grandes músculos” de sus brazos: “no se preocupen, estudié todo el tiempo en escuela pública”, a lo que como respuesta obtuvo la sonrisa de sus compañeros.

La invasión, que ha sido opacada por el dolor del hambre, de la violencia, y la injusticia, fue poco a poco contagiada del ánimo de los payasos. Casa por casa los payasos con sus ocurrencias se acercan a los habitantes.

Pero no sólo niños se divertían. Los adultos también esbozaban sonrisas que reflejaban la necesidad de romper con aquel semblante duro que exige la realidad en la que viven.

Hacia las 10:25 a.m. gran cantidad de niños bajaban de sus casas jugando con los payasos. Sus rostros empezaban a transformar una leve y tímida sonrisa. No era el mejor escenario para realizar el espectáculo, pero los cinco payasos voluntarios, dando lo mejor de sí, empiezan a transformar el rostro de los niños y adultos, quienes ya acomodados en el suelo esperan el gran show.

“Alegrar a los niños, darles un momento de cambio en su entorno con una sonrisa, que se olviden de todo lo que están pasando, ayudar a que el trauma no sea tan fuerte para ellos”, eso es lo que pretendía Caliclown y Payasos Sin Fronteras, según Ilana, coordinadora de uno de los colectivos.

Se esperaba que el show durara alrededor de una hora, y los payasos deseaban jugar con los niños. Como comenta Andrés Bonilla, líder comunitario del barrio, “es un acto humanitario muy lindo porque no hay situaciones para reír, y  lograr robarles unas risas, pasar al menos cinco minutos de alegría, es estupendo”.

Las voces de unos hombres grandes y uniformados sacaron a los niños del mundo imaginario en que estaban sumergidos. Los gritos de sus madres los hicieron volver a la realidad pidiendo que no les quiten su vivienda, el techo donde se refugian, donde duermen en camas no muy cómodas.

Parecía que los miembros del Esmad y la Policía no hubiesen visto que en medio de los escombros, estaban aproximadamente 50 niños, disfrutando de una presentación que jamás habían visto. Se esfumaron las carcajadas que salían del alma de aquellos pequeños que al parecer, aun siendo niños, hace mucho no reían.

“Aquí en la invasión nunca había venido un pedazo de un circo, es importante el apoyo. Ellos (niños) como están chiquitos no entienden muy bien lo que está pasando, pero se estresan al ver voltear a sus padres. Uno afanado los grita, o les dice algo indebido”,  comenta Aura Milena Cadena, habitante del sector.

El circo imaginario parece cerrar ya su presentación. La risa que se posó por minutos en el rostro de los pequeños, se desapareció al ver a esos hombres “grandototes” armados. “Esto se va formar”, se escuchan los comentarios de los niños. Cada uno se pone de pie y corre hacia su vivienda.

Ilana narra con su voz casi quebrantada que “hay niños escondidos, asustados, la gente de la comunidad está muy asustada, es cierto, la ciudad tiene que progresar, construir las carreteras, pero esto es una política de exterminio porque no les están dando una oportunidad diferente a las personas, no hay un mediador, eso es violencia que genera más violencia”.

Poco a poco vuelven a quedar los escombros solos, y el ambiente en la invasión Las Orquídeas regresa al mismo que se vive desde hace 8 días. “Me voy corriendo para mi pedazo, porque mi pedazo no me lo tumban”, grita Hellen, madre de dos niñas.

“¡Se acabó la diversión!”, cometan los padres de familia llamando a sus hijos para encerrarlos en las viviendas.

 “La próxima vez les terminamos el espectáculo”, les grita dulcemente a los pequeños ilusionados espectadores, Ilana. Mientras los niños con sus ojos opacos continúan corriendo para llegar rápido a su vivienda.

Los hombres armados de sus grandes implementos, su ropa oscura, y sus rostros rígidos pasan de largo y empiezan a ubicarse en los alrededores de las viviendas. Mientras se escucha el sonido fuerte de la retroexcavadora que va subiendo por medio de los escombros preparada para tumbar el resto de viviendas que quedan.

Los cincos payasos no quieren dejar que el show termine ahí, a la mitad, ni tampoco dejar que la sonrisa de los niños se vuelva a convertir en un mar de lágrimas y rostros rudos por la presencia de las autoridades.

Se paran al frente del aparto grande, encargado de demoler las viviendas, y junto con la comunidad gritan ¡No más desalojos, no es justo!  Y de inmediato comienzan a interactuar con el personal del Esmad y la Policía, quienes al inicio parecen ser distantes, pero no pueden resistir y comienzan, también, a reír de las ocurrencias de los payasos. De una de las viviendas sale música para amenizar el ambiente, los payasos con los niños bailan, al igual que algunos de los policías.

Caía el sol más fuerte sobrelos hombros de payasos, niños y fuerza pública, señal de que el medio día se aproximaba. La música guapachoza se apaga, y el Esmad pregunta a las funcionarias del ICFB, -¿qué hacemos?, quienes le dijeron: “hagan lo que tienen que hacer”.

Mientras los cinco payasos van bajando hacia la carretera, los del Esmad se ubican alrededor de la primera vivienda. “Esto se va a poner feo, no vale la pena que sigamos aquí, podemos complicar la situación”, comenta Ilana que fue el mensaje que le dieron los defensores de derechos humanos. El fuerte sonido de la retroexcavadora se vuelve a escuchar y los gritos de los adultos son más potentes. Los niños se esconden de nuevo en sus viviendas.

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