Lunes, Agosto 26 2019

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El largo camino de una corta visita

Entre risas, llantos  y música de un equipo que hay en el segundo piso del patio, se pasan las horas para la triste salida.

El largo camino de una corta visita
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Cada fin de semana, a las afueras del centro penitenciario de Cali, realizando una larga fila, los familiares de los internos aguardan pacientemente para el tan esperado encuentro.

Todo inicia a las 6:00 am, la cárcel de Villa Hermosa se alista para recibir amigos y familiares de los internos tras la paciente fila que durante horas deben realizar. La visita en ésta cárcel se divide en dos días: sábado y domingo, realizándose la visita en unos patios el primer día y en otros el segundo. Éste encuentro se rige bajo una plataforma en la página del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), donde los familiares ingresando su número de identificación, y el NIU que hace referencia al número de identificación del interno en la cárcel, les asigna el día y la hora en la que pueden ingresar al centro penitenciario. Desde el lunes muchos de los familiares sacan la cita para así obtener la hora más temprana pues ésta va hasta las 11:00 am.

INGRESO A LA CÁRCEL.

Ese día en la cárcel se comentaba algo bien particular, pues hablaban de lo que sería su boleto a la libertad, la llegada del Papa a Colombia. Los internos le contaban a sus familiares con gran entusiasmo y anhelo lo que sería la llegada del sumo pontífice. Esto se había convertido para ellos en su visita más esperada,  hasta al punto de pensar que la llegada del Papa es aún más deseada por los presos que por los mismos religiosos. Y no es para menos, pues con la llegada del Papa Francisco, la pena de muchos de los presos en el país podría reducirse en una sexta parte y hasta tener la posibilidad de quedar en libertad.

Para Danny Córdoba, uno de los internos de la cárcel. Joven de 26 años, estatura mediana, tez trigueña, sin un diente que se notaba pues no paraba de sonreír tras la inmensa ilusión que representa para él la llegada del sumo pontífice. Este muchacho lleva 3 años detenido y lo que le espera es aún más, puesto que, está condenado a 9 años y 3 meses de prisión por porte ilegal de arma y tentativa de homicidio.

-¿Ha cuanto se le reduciría la pena?

-Yo estoy condenado a 9 años y 3 meses de prisión, pero ya he pagado 3. Si el Papa llega a venir, la pena se me reduciría a 5 años más o menos, de los cuales podría pedir detención domiciliaria-.

-¿Si esa rebaja no llega a ocurrir?-.

Su voz se apaga y contesta con desánimo.

-Pues toca pagar otros 3 años físicos y pedir mi detención domiciliaria. Estoy tan aburrido pues aparte de que la vida aquí es el infierno, no quiero que mi mamá se tenga que seguir mamando esas filas y ese solazo. Entonces empecé a estudiar para ir descontando horas y rebajar mi pena, ya que, no había podido hacerlo antes porque recién estoy condenado-.

El ingreso a Villa Hermosa se da en la larga fila, que en muchos casos le da la vuelta a la manzana. Afuera de la cárcel se localizan varios vendedores ambulantes que se han establecido bajo sombrillas grandes y bancos de madera, muchos gritan “le alquilo la chancla” y otros “bolsas y cocas a dos mil”.

La visita de mujeres se da cada ocho días, la de los niños una vez al mes y la de los hombres cada dos meses. Cada visitante, que en esta oportunidad son todas mujeres, cuelgan en su pecho un bolso pequeño transparente en donde está la cédula de cada una, así mismo, en sus pies todas llevan las mismas chanclas que al igual que el bolso son transparentes, pues así lo ha estipulado el INPEC. No pueden ingresar con ningún otro tipo de calzado, pues entre la suela se puede camuflar cualquier tipo de objeto peligroso o droga.

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Siendo las 9:00 am del 9 de marzo del 2017, en la espera para poder ingresar, se encuentran dos mujeres conversando. Las dos de tez trigueña y las mismas chanclas transparentes, una de pelo negro con una blusa roja que dejaba ver su ombligo y un jean. La otra de cabello rojo largo y un vestido gris ceñido al cuerpo.

¡No marica! Yo me metí esa plata por allá y me puse una toalla higiénica, ojala eso no me pite-.

¡No parce! hoy está jodido no ves que están las guardas de la cárcel de Jamundí y esas son más chimbas-.

Pues ojala mami pueda pasar, porque vos te imaginas donde me sancionen y no pueda entrar. Además ese pobre está sin plata-.

En la misma fila un hombre de tez blanca, alto, robusto, de aspecto serio y con su uniforme, así como el de los militares pero de color azul, es el encargado de poner los sellos. Un número puesto en el brazo derecho que señaliza la enumeración de las visitantes. El 3028 es tatuado en el brazo de una mujer alta, tez blanca y ojos azules. Más adelante, el segundo sello va en la mano izquierda y es el número del patio al que van a ingresar. Puesto por Dragoneantes que se encuentran en más o menos cinco cubículos, constatando con cada una de las cédulas de las visitantes la relación con el interno y si ésta saco la cita previamente. Posterior a esto, toca atravesar un lugar que tiene aspecto de laberinto. Un túnel encerrado y sofocante que conduce a las tediosas requisas, compuesto por 3 pasadizos divididos por mallas de alambres y cada uno lleno por las visitantes.

La primera de las requisas consta en la revisión de los alimentos, un lugar con olor fuerte de toda la comida decomisada y tirada en el piso. Requisa llena de lamento y suplicas para poder ingresar todo lo que con esfuerzo ellas preparan.

Con tono de voz alta y lanzando con fuerza la comida al suelo. Rosa Cano, una de las madres de los internos, se dirige a uno de los guardas y expresa “antes aquí esto no era así, pues ya voy para 10 años entrado a este moridero, antes visitando a mi esposo y ahora a mi hijo. Anteriormente no había problema por entrar la comida, uno la entraba en unos baldes grandes y eso les duraba toda la semana, pero ahora en estas cocas tan pequeñas y con tanta joda, no les entra es nada.”

Siguiendo a su próxima Requisa, los nervios de las visitantes se acrecientan, pues deben pasar por una de las partes más temida por ellas, la requisa de las guardas. En este caso se deben hacer dos filas que conducen hacia ellas, Las mujeres van pasando rápido y abren sus piernas para que pase un aparato, que detecta si se lleva algo extraño. El pasar de manos de las guardas es brusco, son mujeres robustas, altas, con el mismo uniforme que el de los hombres pero estas con aspecto mucho más serio. No toleran ningún chiste, ni falta de respeto por parte de las visitantes, al contrario de los guardas hombres, pues en muchos no se hace esperar el coqueteo hacia las visitantes. Rápidamente se pasa a la requisa de los perros. De a 10 mujeres se van sentando en sillas plásticas, en este caso los caninos son los encargados de detectar cualquier tipo de droga. Uno de ellos, pastor alemán y el otro un criollo de pelaje dorado. Cada uno de los perros pasa olfateando detenidamente, si detecta algo raro posa su mano sobre la mujer sino, sigue derecho y el guarda da la señal de poder continuar al lugar donde se dejan las cédulas y se recoge la comida antes de entrar al patio.

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Patio 3

El olor en ese patio es repugnante, hay restos de comida por todos lados y la mirada de los presos es penetrante, pero con mucho respeto. Pues al ser ellos su propia ley, tienen estipulado el máximo respeto hacia la visita, -el que piropee o le falte el respeto a la mujer de otro preso, le dan palo- afirma Willie uno de los internos del patio mientras retira su mirada hacía el infinito.

En el patio, el paso es casi imposible, pues entre los presos y la visita se calcula más de 500 personas y cada quien se acomoda como puede, unos de pie, otros en unas mesas de cemento que hay a lo largo del pasaje, donde se sientan muchos presos con sus familiares, y otros pocos privilegiados en sus celdas o en las que alquinal por algunas horas. El comercio abunda, galletas, jugos, chocolatinas y otros pocos que se divisan entre la multitud vendiendo droga, así mismo el tráfico de dinero, pagando sus compras.

“Llegó el loco” es la señal entre ellos para saber que la comida ya llegó.

Familiares que miran asombradas ese almuerzo, atónitas, pues muchas han ingresado por primera vez.

-Qué cosa tan horrible mijo, ¿qué es ese ñervo de carne?-.

– mamá esto es lo que toca aquí-.

– ¡Jah! antes toda esta gente no se enferma, ni se le cae un diente.

Entre risas, llantos  y música de un equipo que hay en el segundo piso del patio, se pasan las horas para la triste salida. Llegadas las 2:00 p.m.  se alista la primera tanda de mujeres para salir, frente a la reja del patio esperan que el dragoneante les abra; otras por el contrario, esperan hasta las 3:00 p.m.  ultima hora de salida. Abrazos largos, llantos y muchas muestras de afecto son la despedida entre quienes no quisieran dejarse ir.

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