Jueves, Abril 26 2018

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La verdad y la reparación ejes del postconflicto

Los colombianos tenemos sed de verdad y sabemos que la verdad ayudará a sanar las heridas, abrirá el camino hacia la construcción de métodos pacíficos para resolver las diferencias políticas e ideológicas y contribuirá a evitar que surjan otros grupos armados organizados que sigan la espiral de violencia (con cualquier pretexto). Pese a las profundas …

La verdad y la reparación ejes del postconflicto

Los colombianos tenemos sed de verdad y sabemos que la verdad ayudará a sanar las heridas, abrirá el camino hacia la construcción de métodos pacíficos para resolver las diferencias políticas e ideológicas y contribuirá a evitar que surjan otros grupos armados organizados que sigan la espiral de violencia (con cualquier pretexto).

Pese a las profundas heridas que han dejado los bandos, la sed de verdad es superior a la sed de venganza. Por esa razón las voces que claman castigo ejemplar para los ofensores empiezan a perder eco y los pregoneros de la guerra deben conformarse con las caminatas domingueras y las pocas palabras que pueden transmitir a través de las sobredimensionadas redes sociales.  

El gobierno y las FARC acordaron que no habrá una verdad judicial sino histórica y que el órgano concernido será una comisión de la verdad. Independientemente de su conformación y funciones dicha comisión tendrá un papel protagónico en el post conflicto entendido este como el escenario en el cual se desarrollará el pacto por la civilidad y la tolerancia política.

Hacia ese horizonte debería estar dirigida la atención de los colombianos. Sin embargo, como en la época de la Patria Boba, seguimos peleándonos por  pendejadas, fomentando el miedo y la desesperanza, mientras los mercaderes de la guerra y la pobreza acechan como zopilotes, hambrientos de las viandas que ofrecerá la matanza si se reanudan las hostilidades.

Durante el post conflicto, es decir,  después de que la guerrilla haya entregado las armas al Estado colombiano o a un país garante del proceso, habrá que continuar con la  reparación integral a las víctimas, tendrán que ejecutarse las políticas públicas que garanticen la reinserción de los desmovilizados a la vida civil y aclarar los hechos de la guerra que defina la comisión de la verdad.

Seguramente las FARC buscaran administrar la verdad, ofreciendo una versión amañada de sus actos y pretenderán disolver su responsabilidad con el argumento de que “todos los colombianos” somos responsables, de una u otra manera, de los horrores cometidos por los actores del conflicto armado.

También es de esperar que las FARC acudan a la retórica  para justificar sus acciones en lugar de pedir perdón, para no mostrarse débiles y derrotados, pero, sobre todo, para evitar que el tribunal que les ahorrara el Estado se lo erijan las víctimas de sus innumerables crímenes.

No obstante las Farc deberán  responder a las víctimas por el paradero de los desaparecidos, la muerte en cautiverio de muchos secuestrados, también deberán dar cuenta de la comisión de múltiples atentados terroristas que en su momento se abstuvieron de reivindicar,  así como de la muerte selectiva de dirigentes políticos y sociales que contradijeron el dogma de la organización, además de los crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Por más que reconozcamos la necesidad de depurar el lenguaje de frases cargadas de odios y provocaciones innecesarias, la voz de las víctimas y de la sociedad se escuchará en la anunciada comisión de la verdad o donde quiera que los desmovilizados de las Farc hagan presencia. Nada podrá silenciar el justo reclamo de verdad, justicia y reparación de los colombianos.

Prepárense señores del secretariado  a responder por lo que hicieron. Tal vez se salgan con la suya y no paguen un solo día de cárcel, pero cuando ya no porten un fúsil terciado al hombro, tendrán que aclarar algunos episodios oscuros de la historia de Colombia y pedir perdón por todos sus vejámenes. A manera de ejemplo citaré uno cuantos casos de los muchos que seguramente les serán enrostrados cuando transiten por el camino de la civilidad:   la muerte de Monseñor ISAIAS DUARTE CANCINO, que de acuerdo con una investigación de la fiscalía fue ordenada por el secretariado y ejecutada por una oficina de sicarios,  el asesinato  de los diputados del Valle del Cuca y  el injusto cautiverio al que sometieron a SIGIFREDO LOPEZ;  también deberán dar cuenta del  homicidio de José Cardona Hoyos, ilustre profesor caleño ajusticiado por escribir el libro RUPTURA, donde conminaba a las FARC a renunciar a la lucha armada y a disolver el maridaje con el Parido Comunista y más recientemente por el asesinato de ALEXANDER QUINTERO, líder campesino que ajusticiaron por oponerse a los abusos de alias EL MEDICO y MINCHO, en la zona del Naya.

Durante el post conflicto no servirán perdices, tampoco correrán ríos de leche y miel, no lloverá maná del cielo, ni nos fundiremos en un abrazo fraterno. Es probable que se avecinen años de incertidumbre y temor y que aceptemos de mala gana que no les apliquen la justicia punitiva que merecen a cambio de  la renuncia de la violencia como arma política, pero el derecho a la verdad y a la reparación son irrenunciables. Que lo entiendan bien.

 

Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo. Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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