Miércoles, Octubre 17 2018

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La pederastia es incurable

Admitamos el siguiente punto de partida: los pederastas, pedófilos o abusadores de niños, sometidos a la justicia reciben solamente el tratamiento establecido en el código penal, es decir, la pena privativa de la libertad correspondiente para el tipo de delito, sin derecho a obtener beneficios legales, salvo los descuentos por trabajo y estudio. El Estado …

La pederastia es incurable

Admitamos el siguiente punto de partida: los pederastas, pedófilos o abusadores de niños, sometidos a la justicia reciben solamente el tratamiento establecido en el código penal, es decir, la pena privativa de la libertad correspondiente para el tipo de delito, sin derecho a obtener beneficios legales, salvo los descuentos por trabajo y estudio. El Estado no les ofrece ninguna clase de atención sicológica para evitar que reincidan, ni existen programas que permitan hacerles seguimiento cuando salen de la cárcel. Más aún, de acuerdo con un reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, quienes hayan purgado la totalidad de las penas principales y accesorias tienen derecho a que sus nombres sean suprimidos de las decisiones judiciales que obran en las bases de datos de la Rama Judicial y quien haga difusión de las mismas deberá respetar el anonimato de quien haya saldado sus cuentas con la justicia.

Ahora un argumento de autoridad: a lo largo de 14 años de ejercicio como fiscal seccional en Buenaventura y Cali (en la Casa de Justicia de Distrito de Aguablanca) adelanté centenares de investigaciones por delitos sexuales cometidos contra menores de 14 años. Por mi despacho pasaron padres, padrastros, abuelos, hermanos, tíos, vecinos, médicos, abogados, ingenieros, tenderos, drogadictos, pastores, sacerdotes, etc., sindicados de pederastia. La gran mayoría recibieron las penas aflictivas de la libertad que les impusieron los jueces de la república. No fueron pocos los casos de abusadores y violadores que reincidieron.

Además de indagar sobre las circunstancias en que eran ejecutados estos delitos, tuve el interés por conocer las motivaciones que tuvieron estos sujetos para cometer crímenes tan despreciables. La respuesta en todos los casos, itero, en todos los casos fue siempre la misma: “no puedo controlarme, no puede evitarlo, sufro una pulsión irrefrenable, estoy poseído por un demonio que me gobierna”. A quienes indagué sobre este particular, abrumados por la evidencia en su contra, reconocieron su culpa, pero se declararon enfermos, víctimas de un desorden que los obligaba a buscar niños para satisfacer  un deseo que consideraban repulsivo e insaciable.

Recuerdo al padre Víctor Blanco, director del orfanato MI CASITA, quien durante más de 20 años abusó de niños desamparados que la arquidiócesis de Cali había dejado bajo su custodia. Cuando advirtió que las pruebas eran irrefutables lloriqueó y gimió como si estuviese poseso y con la mirada fija en el techo  pidió perdón a sus superiores.  Luego me imploró que lo enviara el resto de su vida a la cárcel no tanto para expiar su pecado sino para evitar caer en la tentación de abusar de otros niños. “Si salgo libre volveré a hacerlo doctor, me dijo muy quedo”.  Ahora, me cuentan, vive sus últimos días bajo la protección de los miembros de su comunidad, luego de pagar una pena ridícula.

Por la misma época denunciaron al rector de un colegio del Distrito de Aguablanca de Cali, porque supuestamente había abusado de varios niños entre los 8 y 12 años. Cuando se produjo su captura pudimos constatar que el sujeto había estado varios años preso por el mismo delito. Mientras los policías leían sus derechos les esputó en tono de reproche: “la culpa no es mía sino de ustedes por haberme dejado en libertad”.

Hace pocos días la columnista Salud Hernández denuncio que un sujeto identificado como LUIS ALFONSO CANO BOLAÑO,  quien purgó 5 años de cárcel  porque “abusaba de niños, los grababa y comercializaba los videos”, había sido nombrado rector de una institución educativa en el departamento del Tolima. El  secretario de educación defendió el nombramiento argumentando que desconocía los antecedentes de CANO BOLAÑO y puso de manifiesto que la comunidad respaldaba al rector.

El secretario advirtió que el servicio civil no reportó los antecedentes del rector y era claro que no podía hacerlo porque al haber purgado la pena los antecedentes desaparecen.  Esto pone de manifiesto la urgencia de legislar sobre la materia. Una condena por pederastia debe traer como consecuencia la inhabilidad permanente e inconmutable para trabajar con niños. De igual manera el estado debe hacer un seguimiento escrupuloso a los ex convictos por delitos sexuales, especialmente contra niños, evitando que tenga relación con lugares o dependencias donde se concentren potenciales víctimas.

Estoy convencido que los pederastas son incurables. Lo único que puede ayudarles es un control efectivo del Estado que les disminuya los escenarios en los cuales puedan cometer sus vejámenes. Este tipo de delincuentes son meticulosos y dedican mucho tiempo para seducir a sus víctimas. Solo actúan cuando las condiciones  son verdaderamente propicias y tienen el control total de la situación. Vigilarlos los pone fuera de su centro, los desubica.

Mientras tomamos conciencia de la necesidad de ir más allá de la sanción penal a los abusadores de niños, el gobierno del Tolima y algunos despistados padres de familia deben reconocer el enorme riesgo al que estarían sometiendo a los estudiantes del plantel regentado por LUIS ALFONSO CANO BOLAÑO, quien más temprano que tarde volverá a sus andanzas.

Ninguna persona sensata permitiría que un abusador sexual dirija la educación de sus hijos y ningún funcionario medianamente inteligente defendería semejante locura.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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