Jueves, Julio 19 2018

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La música del tren

Cuando Aureliano Centeno y Aureliano Triste -hijos del coronel Aureliano Buendía-, pensaron en extender el fabuloso invento del hielo a otras poblaciones de la ciénaga, no dudaron en que ello sería posible si llevaban el ferrocarril a Macondo. Algo similar ocurrirá en Cali esta noche, no con el ferrocarril sino con un tren. Aureliano Triste, …

La música del tren

Cuando Aureliano Centeno y Aureliano Triste -hijos del coronel Aureliano Buendía-, pensaron en extender el fabuloso invento del hielo a otras poblaciones de la ciénaga, no dudaron en que ello sería posible si llevaban el ferrocarril a Macondo. Algo similar ocurrirá en Cali esta noche, no con el ferrocarril sino con un tren. Aureliano Triste, descendiente directo de José Arcadio Buendía, partió un miércoles en su búsqueda. No habían cesado del todo las lluvias y esperaba llevar la maravilla en la plenitud del verano. Ha llovido en Cali, pero el calor acecha. Y otro miércoles hará historia.

Pero Triste no llegó, no hubo noticias, volvieron las primeras lluvias del invierno siguiente y un día, una mujer que lavaba ropa en el río a la hora de más calor, atravesó la calle central de Macondo lanzando alaridos en un alarmante estado de conmoción. “Ahí viene -alcanzó a explicar- un asunto espantoso como una cocina arrastrando un pueblo”. No habrá alaridos, en el Teatrino del Municipal se escucharán voces y sonidos e imágenes para sentir. La encomillada es otra de las frases inmortales -o que harían inmortal- a Gabriel García Márquez, tantas veces citado y tan pocas veces leído a conciencia plena. Sin duda una de sus más célebres sentencias macondianas. Hoy, por cuenta de un Sevillano -Luis Alberto (productor)-, y de Manuel Sevilla (director), los ecos del Pacífico resonarán como una sentencia de nuevo en Cali.

La locomotora -como ya se ha dicho bastante- fue asumida como un monstruo casi inefable, para el que las palabras no bastaban y se quedaban cortas en su descripción. Algo similar ocurre con un espectáculo que ha tenido llenos totales en 2015 y vuelve hoy -esta noche-, en este octubre de brujas, lluvias y sopores. En la misma Inglaterra, tierra que parió la locomotora, hubo protestas y demandas por el peligro que representaba transportarse en un aparato que transitaba a la escalofriante velocidad de 20 kilómetros por hora. Un riesgo al que hoy se sobrepone el corazón y los sentidos de quienes asistan al Teatrino del Municipal.

Y qué decir, ahora que la polémica nacional se centra en la esquiva titularidad del Chachachá Martínez. No sabrá el hasta hace poco omnisapiente José Néstor Pékerman, que en la negredumbre converge toda la fuerza rítmica de una región que es la punta de un continente que se regó por el mundo en barco y se abrió para el mismo por no abandonar nunca sus raíces. El Chachachá del tren nació en Lisboa, pero se regó por el mundo, como los goles del Jackson desde Quibdó.

‘La música del tren’ es una tríada maravillosa donde se conjuga la danza, la música y el teatro; y las tres regiones del Pacífico colombiano: el sur con el currulao, los valles interandinos con las jugas y bundes, y el norte con los aires de aguabajo y porro chocoano, además de la Salsa en la ciudad de Cali. Allí emerge toda la fuerza cultural de una región hecha de retazos históricos, pero con una profusa e indivisible unidad que desde hace un tiempo se traza un futuro haciéndose sentir, pero sobre todo, haciéndose escuchar, también bailar y hasta degustar.

Es un viaje musical por nuestra región, por el suroccidente, por el Pacífico, por las rutas de la libertad. Lo que vislumbrara don Francisco José Cisneros mientras le rompía las entrañas a la cordillera para llevar el ferrocarril hasta Buenaventura; las líneas románticas de María que Jorge Isaacs escribía en el campamento de La Víbora como inspector de dichas obras; el sabor del saxofón de ‘Peregoyo’ y su combo Vacaná, que aludía en acrónimo a Valle, Cauca y Nariño; las armónicas y nostálgicas notas de la guitarra de Petronio Álvarez, que más que el maquinista del tren, fue el alquimista de la música bonaverense; las endiabladas fintas de Delio ‘Maravilla’ Gamboa, Fredy Rincón o ‘El Tren’ Valencia, que eran danza pura con el balón; hasta los pregones de Yuri Buenaventura, Marquitos Micolta o cualquiera de los cantantes nacidos en la orilla del Mar de Balboa.

Todo eso y más se lo debemos al tren, que ahora asusta pero no por su presencia sino por su ausencia, que poco corre, que ya no echa humo, que como cantara Odilio González, parte lento sobre los hilos de acero y el él se va despidiendo el amor que yo más quiero. La historia. Ha dejado una estela de enseñanzas, de saberes, producto de un intercambio cultural de proporciones tan vastas como inmenso es el horizonte y tan profundas como el Océano Pacífico. Una mixtura que se gestó en Colombia por allá en el siglo XIX, cuando tras perder Panamá ganamos el tren. En eso se gastaron los 25 mil dólares que nos dieron por ese pedazo de patria.

Una obra para toda la familia, ganadora de becas dentro del programa de Estímulos de la Secretaría de Cultura y Turismo de Santiago de Cali (2015) y el  Ministerio de Cultura (2014). Un espectáculo que nadie puede dejar de disfrutar esta noche de luna llena y todas las noches que suene el piano del selva, la marimba de chonta; los violines europeos que ahora suenan caucanos; los clarinetes ilustrados que recobraron sabor en los labios gruesos de negros y negras preciosas; la percusión africana que sigue comunicando en clave.

Hoy a las 8:00 de la noche en el Teatrino del Teatro Municipal “Enrique Buenaventura”, integrantes de los grupos Canalón, Palmeras y Martina Pombo, dejarán sonar el repertorio de ‘La música del tren’, una locomotora de melodías que lo atraviesa todo.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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