Martes, Mayo 21 2019

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La Minga Indígena y el gobierno de Duque

La propaganda mediática contra los indígenas también resultó un fracaso porque a nuestros hermanos ancestrales los tiene sin cuidado lo que opinen los más destacados columnistas de este país.

La Minga Indígena y el gobierno de Duque
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Iván Duque está atrapado en sus propias maquinaciones. Cuando comenzó la Minga Indígena, Duque pensó que el asunto lo resolvería de un plumazo, enviando al ESMAD y desplegando una campaña desinformativa para desprestigiar la lucha indígena.

Después de varios días de enfrentamientos entre la fuerza pública y los indígenas que dejaron un saldo de un policía asesinado y decenas de indígenas heridos, el gobierno debió llegar a la conclusión que por esta vía quedaría ante los ojos del mundo como un régimen peor de represivo que el venezolano.

La propaganda mediática contra los indígenas también resultó un fracaso porque a nuestros hermanos ancestrales los tiene sin cuidado lo que opinen los más destacados columnistas de este país.

Los uribistas, amantes del orden y la autoridad (aplicados a los otros), creen que si Duque se sienta a conversar con los dirigentes de la Minga Indígena, estaría claudicando y la credibilidad del gobierno quedaría reducida a escombros. Del mismo tenor son los empresarios caucanos que “jartos” de los bloqueos de los indígenas, consideran que llegó la hora de pararles el macho, de ponerlos en su sitio y enseñarles a respetar al gobierno nacional. Los líderes de la economía caucana están seguros que ha faltado mano dura contra los indígenas a quienes consideran abusivos despojadores de  tierras de las familias más distinguidas de este país.

La clase política caucana, históricamente alejada de la realidad de ese bello departamento, guarda cauteloso silencio para no comprometerse, haciendo uso de la estrategia que ha funcionado siempre: dejar que los problemas se arreglen solos. Hay que reconocer que el gobernador del Cauca es uno de los pocos dirigentes que ha insistido en el diálogo abierto y franco entre los indígenas y el gobierno nacional, pero su voz es ahogada por los duros reclamos del resto de la dirigencia que exige garrote democrático.

El gobierno uribista de Duque no ha entendido la lógica de la Minga Indígena. La vicepresidenta Martha Lucia Ramírez, expresó este desconocimiento al plantear que los indígenas pretenden hacerse a mas tierras para mantenerlas improductivas, “Este gobierno no va a expropiar porque sí, para darles tierras a los que las tienen ya en cantidad suficiente y no las están produciendo en condiciones suficientes”. (Diario El País de Cali, 31 de marzo de 2019, página A16)

La vice reduce el problema de una manera simple y ramplona, dejando ver entre líneas  que la única solución posible es que los indígenas levanten el paro y se pongan a trabajar las tierras de engorde que atesoran en sus cabildos y resguardos.

El gobierno sufre de una especie de ceguera experiencial que le impide ver el cuadro de realidades complejas que expresan los indígenas a través de la Minga. Los altos funcionarios del Estado, comprometidos en la búsqueda de una solución, solo ven manchas negras y blancas donde los indígenas ven las condiciones de marginalidad y pobreza a las que están siendo arrastrados.

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El gobierno tiene la idea preconcebida de que los indígenas son unos oportunistas, holgazanes, cuya dirigencia vive en la opulencia, al punto de ser la envidia de acaudalados colombianos que no han dudado en expresarlo públicamente. Contaminados de este prejuicio, que alimenta la extrema derecha caucana, los delegados del gobierno creen que están agotando las vías del diálogo para justificar una intervención armada, que cuenta con el respaldo de la mayoría de colombianos de bien que defienden la consigna, “tu derecho a la protesta termina donde comienzan mis derechos”.

Estos ciudadanos de bien que lograron que una aerolínea aprovechara la ocasión para poner a disposición 2000 cupos adicionales, hacia y desde Popayán, creen que llegó la hora de dejar el asunto en manos de la fuerza pública, y que Dios nos perdone.

Los buenos muchachos que Duque envió a los territorios con el objetivo de apaciguar a los indígenas, creen que están frente a un conflicto sindical de poca monta que pueden resolver con unos cuantos pesos y la promesa de no ejercer represalias en contra de los manifestantes.

Desconocen que los indígenas caucanos han luchado por la supervivencia desde los tiempos de la conquista. Feroces guerreros, doblegaron a los españoles que pretendieron aniquilarlos y enfrentaron con valentía a los terratenientes caucanos, especialmente crueles y codiciosos.

A comienzos del siglo pasado los indígenas caucanos contaron con la dirigencia de Manuel Quintín Lame, un indígena autodidacta e ilustrado que conocía al dedillo las leyes de “los blancos” y las usó para exigir el respeto de los derechos de sus comunidades. Quintín Lame soñó con un pueblo indígena organizado capaz de luchar por la identidad y supervivencia de la cultura Nasa y Paez. En los 80s, un puñado de indígenas se alzaron en armas en defensa de estos ideales, pero finalmente comprendieron que esta sería la excusa perfecta para quienes deseaban exterminar a los pueblos indígenas  y abandonaron la lucha armada aprovechando el proceso de paz liderado por el M-19.

Desde entonces la lucha de los indígenas caucanos se ha llevado a cabo dentro de los cauces de la legalidad, digan lo que digan sus detractores, eso sí con un elevado nivel de organización que les permite exigir sus derechos mediante las llamadas Mingas Indígenas, que dejan estupefactos a los más expertos en temas logísticos y sirven a sus enemigos para predicar que son financiados por dineros de dudosa procedencia y por organizaciones al margen de la ley.

Un farmaceuta de Chaparral, Tolima, me contó la siguiente anécdota: “Quintin Lame paso sus últimos años en esta zona del país, más concretamente en el corregimiento La Vega. Una vez, riñó con el alcalde de Chaparral porque no le había contestado un derecho de petición escrito a mano, donde le hacía algunas exigencias que consideraba justas. El alcalde era un buen tipo y siempre  daba respuesta a los reclamos de  Quintín Lame, pero por algún motivo había demorado en responderle. En esos días el alcalde se encontró por el camino a Quintin Lame, quien se dirigía a su comunidad situada a más de 10 kilómetros. El alcalde detuvo su vehículo y amablemente ofreció llevarlo, pero Quintin Lame le respondió tajante: “usted no me dirija la palabra hasta que no me responda lo que le escribí.”

Está no será la primera, ni al última Minga Indígena que tendrá que enfrentar el gobierno de Duque, por lo tanto debe obrar con mayor inteligencia y ser predictivo. Ni el ESMAD, ni el ejército tienen la capacidad de doblegar la voluntad de los indígenas, su historia está llena de actos heroicos de resistencia y como Quintin Lame, no se doblegan, ni abandonan sus objetivos con facilidad. Por eso, el gobierno debe replantear su estrategia y pensar en un punto intermedio que no represente una humillación para el pueblo indígena ni para el gobierno nacional.

Aquí no se trata de dejar satisfechos a los defensores del “orden y la autoridad”, sino de construir con los indígenas caucanos soluciones que los pongan a salvo del exterminio que algunas palomas apocalípticas vienen anunciando.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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