Jueves, Junio 21 2018

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La letra tiene poder (y la música también)

El otro día mencioné en este blog una pregunta que ronda mi cabeza desde hace mucho, y voy a citarme: “¿Qué va a recordar esta generación dentro de 20 años si no existen propuestas masivas con la calidad y el nivel de permanencia de la música de otras décadas? ¿Cómo va alguien a saber lo …

La letra tiene poder (y la música también)

El otro día mencioné en este blog una pregunta que ronda mi cabeza desde hace mucho, y voy a citarme: “¿Qué va a recordar esta generación dentro de 20 años si no existen propuestas masivas con la calidad y el nivel de permanencia de la música de otras décadas? ¿Cómo va alguien a saber lo que es buena música si no se ve expuesto a ella?”.

Llámenme anticuada, pero sé que el club es grande. No soy mojigata, ni me creo la Madre Teresa. Tampoco pertenezco a la venerable Inquisición. Respeto las preferencias ajenas, pero defiendo mi derecho a la libre expresión cuando algo me molesta. Al punto: El tema de moda para indignarse en Colombia -esta semana- es el uso de nombres ofensivos para distinguir colores de una reconocida marca de esmaltes de uñas… (aquí voy al punto: es igual sentirse “Fufurufa” que “Bendecida”. Son estereotipos. Pero si a usted no le gusta algo, ¡NO LO CONSUMA! ¡NO LO APOYE!). Se puede saber (perdón por la impertinencia de preguntarlo) ¿qué hacen las indignadas del esmalte de uñas cuando suena un reggaetón? Me atrevería a decir sin temor a equivocarme – y para no ser exagerada ni injusta calcularé por lo bajo- que por lo menos el 50% se para a bailar. (Y dije bailar para no usar un término que se salga de lo “políticamente correcto”).

¡Seamos consecuentes! Vivimos indignados pero se nos olvidó lo que es dignidad.
Y no hablemos sólo del reggaetón porque no quiero “sectorizarme”. Hablemos de la música –y la cultura- en general. Ahora a falta de talento, lo que se vende es polémica. En la era de la “irreverencia”, el reality show y la narco-serie… en una época en la que lo más chocante, ofensivo, ordinario, tramposo, absurdo, cliché, barato, hiriente, chabacano, burdo, desagradable o agresivo es simplemente “lo que vende”, observo lo que domina el mercado y me dan ganas de llorar.

Dirán que son pequeñeces. Pero de pequeñeces se compone lo grande. Estamos llenos de pequeñeces y frioleras desde hace mucho y éstas se han convertido en una bola de nieve que va rodando y recogiendo más… y ya se salió de control. Para remitirme a la música, primero nos escandalizaba Madonna en los 80 con actividades que se salían de los límites. Por lo menos ella revolucionó la música. La prueba es que a sus muchísimos años todavía convoca público a donde vaya. Aunque su voz jamás fue extraordinaria, no puedo acusarla de usar auto-tune en los 80, ni de ser aburrida. Es una cantante que se ha reinventado docenas de veces. Y sigue haciéndolo, aunque sus inventos a veces resultan siendo desastrosos.

Ahora vemos a cantantes adolescentes –Madonna ya era adulta, estas chicas no- recreando –y sobrepasando por mucho- los actos que antes a muchos les parecían inaceptables ¡y eso vende!

Se puede saber ¿a qué horas dejamos de comprar música por comprar lo grotesco? Hoy existen personajes “famosos por ser famosos”. Y a esos les da por grabar un disco o decir que son genios y esta sociedad desinformada –porque al haber demasiada información disponible, no sabemos cuál es la verdad- los sigue como borregos y les cree. ¡Y les compra! Sólo ver a Kanye West masacrando un ícono sagrado como Bohemian Rhapsody en el festival de Glastonbury me hizo llorar de impotencia. ¿A qué le estamos apostando? ¿A la baratija? ¿Al oropel?

A otro punto sin salirme del mismo: ¿Cómo va a saber esta nueva generación de valores, de cosas positivas, de sentimientos grandes, si tampoco se ve expuesta a ellos?

Ahora mismo lo doloroso, lo que avergüenza, lo que antes permanecía oculto es lo que todo el mundo quiere ver y en ocasiones tristemente imitar. La drogadicción, el maltrato, el pasado oscuro, eran cosas que los artistas de antaño trataban de esconder infructuosamente porque no se sentían orgullosos de ser sus exponentes. No apoyo la hipocresía: es bueno que la gente sepa que los ídolos también sangran. Pero al menos no hacían apología a cosas que por más reales que sean, no implica que sean buenas ni correctas. Los artistas somos –lo queramos o no, nos guste o no-, ejemplos. Paradigmas de vida. “Con gran poder, viene gran responsabilidad” decía el Tio Ben de El Hombre Araña; y la popularidad es poder.

Ahora todos los antivalores se exhiben como medallas al mérito. No hablemos de la trágica vida y muerte de Amy Winehouse cuyo talento rayaba en lo absurdo y cuyo deceso demasiado temprano dejó un enorme vacío y un montón de preguntas entre las que se destaca “¿Y si alguien le hubiera ayudado a tiempo?”. Hablemos de Miley Cyrus –una niña desubicada sin norte ni sur-, Lindsay Lohan –una niña MUY desubicada-, Rihanna –una chica maltratada-, Demi Lovato –al menos de ella rescato que lucha contra sus problemas y adicciones- y si me extiendo, la lista es bastante larga. Pese a su belleza y a su –cuestionable- talento, son tristes exponentes de lo grotesco de nuestra sociedad. Una no se ubica en el mundo. No sabe si es niña, niño, bicho raro o ejemplar de laboratorio. Otra pasa más tiempo en la cárcel que en su casa. La otra en vez de ser adalid de otras maltratadas, hizo apología a los golpes premiando a su novio al volver con él-. A muchas les gusta exhibir sus cuerpos de forma exagerada. Y sospecho que pronto habrá que usar un atlas de anatomía para saber qué presa están mostrando. ¡Ah! El viejo Hollywood… aquel en el que sugerir una pantorrilla era más sensual que destaparse el escote… ese murió.

Quisiera que tocáramos fondo de una vez por todas, porque una vez se alcanza el límite, lo único que queda es ir hacia arriba. No estoy obligando a nadie a ponerse hábitos o a retirarse al Tíbet. Pero si usted se queja de la falta de respeto, de lo superficial de la vida actual, de la falta de sentido que tiene todo, de lo escandaloso y de lo agresivo, recuerde que la palabra tiene poder. La letra tiene poder. Y la música… también. Fíjese en lo que oye. En lo que consume. En lo que sintoniza por televisión. En lo que hace en las redes sociales y en todo lo que aplaude. Así verá qué clase de universo está creando a su alrededor.

No soy Osho, el Dalai Lama, ni Chopra. Pero le aconsejo algo desde el sentido común: ¡Deje de quejarse y cambie lo que no le gusta! Escoja lo que quiere para su vida y transfórmela. ¡Funciona! Créame. Lo sé por experiencia. En fin… cada cual que haga lo que quiera con su vida pero ahí les dejo el tip. Yo por lo menos miro mi playlist y no veo en él ni un solo reggaetón. Y cuando voy a hacerme el manicure sólo digo “Francés, por favor, con rayita al medio”.

(Y si va a oír música, esta semana le recomiendo a los clásicos irreverentes: Los Beatles… Los Rolling Stones… Mozart… ¡Beethoven! (Es en serio. En su época fueron absolutamente escandalosos).

Addendum:

 "Pronta mejoría a Elkin Ramírez, la voz líder de Kraken. Es un luchador y queremos que salga muy pronto de esta pelea!"

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Acerca del Autor

Diana Serna

Hija de periodista y madre con mucho talento musical. Estudié Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente. Soy Adicta al cine y la tecnología. A los siete años, un locutor me sugirió dedicarme a otra cosa porque cantaba muy “pasito”. Efecto: he cantado con algunos de los más grandes y tengo una mención de Grammy Americano en la pared. El nuevo reto es este blog. Imposible no existe. Solo hay gente incapaz.

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