Viernes, Abril 20 2018

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La hoja en blanco

11 de septiembre de 2015. Un nuevo aniversario para un día absurdo que convirtió al mundo en lo que hoy es. Ahí está ella. Omnipotente frente a mis ojos. Pálida. Aterradora. Abismal. Un mar de nieve, de profundidad incalculable. Una hoja en blanco, así como una partitura sin armaduras ni notas, son cosa de pavor …

La hoja en blanco

11 de septiembre de 2015. Un nuevo aniversario para un día absurdo que convirtió al mundo en lo que hoy es.

Ahí está ella. Omnipotente frente a mis ojos. Pálida. Aterradora. Abismal. Un mar de nieve, de profundidad incalculable. Una hoja en blanco, así como una partitura sin armaduras ni notas, son cosa de pavor cuando uno no tiene una idea preconcebida antes de acceder a ellas.
Ya no se usa papel, para fortuna y salvación de algunos árboles –de ser así, yo estaría invadida por un insoportable sentimiento de culpa contemplando el cesto lleno de cadáveres macilentos y arrugados de textos que no funcionaron. Puedo incluso imaginar una resma de páginas vírgenes temblando horrorizadas ante la posibilidad de terminar sacrificadas inútilmente.

Es la misma plantilla vacía de Word que tengo frente a mí cada quince días y que hoy me plantea preguntas como: ¿Qué digo? ¿Cómo empiezo? ¿Qué escribo? ¿Cómo hago para entretener a la gente que me leerá esta semana? Y en fin… no soy Garrick… por tanto me declaro incapaz de hacer reír llorando, como el actor suicida de marras.

En serio… ¿qué escribe uno cuando la realidad lo deja sin palabras? La musa escapó. Y entonces llego a la conclusión: No es a la plantilla vacía a lo que le temo, sino a mi mente en blanco. Vacía de notas.

Trabajo haciendo música. Creándola. Conjurándola de la nada. Y he cumplido con mis tareas a carta cabal. Pero no he sido capaz de escuchar ninguna canción por simple disfrute en las últimas dos semanas. La música, pese a ser la mejor cura para todos los males y la substancia más efectiva e inocua capaz de levantar el espíritu a alturas inverosímiles, parece frívola y pueril frente a las tragedias que el mundo ha presenciado durante los últimos quince días. O quince años. O quince siglos. Ya no sé. ¡La humanidad con todo y sostenidos tiene tantos bemoles!

Comenzó con la decisión arbitraria de un personaje que sentado por azar del destino en un puesto de poder, un día amaneció con la ventolera de castigar inocentes. Miles de rostros de compatriotas agobiados por el dolor de perderlo todo de un momento a otro, atravesando un río con su vida a cuestas no inspiran líneas festivas. Tampoco fue alegre contemplar la imagen de un nene acostado en la playa. No estaba jugando. Ni  con sus padres. Estaba ahí, solito. Indefenso. Inocente. Con la cabecita sobre las olas como si el mar fuera un gigantesco caracol para escuchar el sonido de lo eterno. Es la imagen de un héroe que acaba de sacudir al mundo entero sin decir ni una sola palabra. Y su nombre era Aylan Kurdi. Creo que no necesito decir más.

Ver los noticieros plagados de colombianos llorando necesidad. Poderosos de turno subiéndose el ya de por sí estratosférico sueldo, mientras otros no tienen ni qué comer. Sirios desplazados , saliendo de ciudades en ruinas, mendigando un lugar en el mundo en el que puedan reconstruir sus vidas desbaratadas por una guerra que como todas es absurda y un niño muerto, en un lugar en el que debería estar jugando, rompe el alma.

Eso sumado a las catástrofes naturales, los despropósitos políticos, la crisis y el caos en Cali –y en muchos lugares del planeta- por la falta de agua debida a la imprevisión y a mil causas que me abstengo de mencionar por no alargarme eternamente…

He decidido finalmente refugiarme en el “Réquiem en Re Menor” de Wolfgang Amadeus Mozart. Y aquí les dejo por esta vez… “una hoja en blanco con huellas de llanto. Porque esta semana… no me inspira el canto”.

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Pero no se preocupen. Como soy una bloguera responsable, les dejo también una lista de sugerencias para que ustedes mismos se inspiren y si están en Cali, escojan lo que quieren tener como banda sonora de su vida durante estos quince o veinte días. Música para escuchar y danza es lo que sobra de aquí a fin de año, para quienes tengan ánimo de celebrar.

Si le gustan los concursos de talento para escuchar nuevas voces, si se considera romántico y amante de la balada de los años 60, 70 y 80, prográmese para esta noche en Tardes Caleñas.

Hoy viernes se dan cita los semifinalistas del concurso “El nuevo romántico”, organizado por Cali TV y la Secretaría de Cultura de Cali. La grabación comienza a las 5 PM y no hay cover para ingresar. Vaya temprano. Todos estarán defendiendo su paso a la gran final que tendrá lugar en el Teatro al Aire Libre Los Cristales el próximo sábado. -Hora de inicio de la gran final, por confirmar-.

En el aniversario N°15 del festival Ajazzgo, que arranca del 22 al 27 de septiembre, estos son los invitados:

Eddie Palmieri Salsa Orchestra, Poncho Sanchez and His Latin Jazz Band, Jose Feliciano (Sexteto), Danilo Perez Trío Featuring Adam Cruz And Ben Street, Lavo Ensemble, Michael Fleiner & Septeto Internacional, Melissa Pinto Quinteto, Siguarajazz Cuarteto, Taxi Brown, Ruda Jazz Ensamble, Jazz Gamblers, Haga Que Pase Y Banda Infantil San Basilio.

Toda la programación detallada del Festival, la pueden encontrar en este enlace:

http://ajazzgofestival.com/                          

Inmediatamente después, el 28 de Octubre arranca el Festival Mundial de Salsa, con invitados de varios países. Diez años cumple la muestra más representativa de ritmo, color, ensambles musicales, gracia, historia y talento para derrochar que usted no se puede perder.

Y uno de los protagonistas más esperados del festival es el Grupo Niche de Jairo Varela, ahora bajo la batuta de Jose Aguirre y estrenando un fabuloso trabajo discográfico que rescata la esencia de uno de los grupos insignia de nuestra bella Sultana del Valle. Este año, Niche celebra su aniversario número 35 de presencia sin interrupción en el escenario. Pese a todas las vicisitudes que ha tenido que afrontar a lo largo de su historia. ¡Hay Niche para rato!

¡Que viva la música! ¡El show debe seguir!

Acerca del Autor

Diana Serna

Hija de periodista y madre con mucho talento musical. Estudié Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente. Soy Adicta al cine y la tecnología. A los siete años, un locutor me sugirió dedicarme a otra cosa porque cantaba muy “pasito”. Efecto: he cantado con algunos de los más grandes y tengo una mención de Grammy Americano en la pared. El nuevo reto es este blog. Imposible no existe. Solo hay gente incapaz.

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