Sábado, Marzo 23 2019

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La demagogia de la paz

Las cifras de Medicina Legal de los últimos diez años calculan que el conflicto armado aporta menos del 14 % de las muertes violentas del país. El restante 86 % está distribuido en diversas causas como las riñas y la venganza. Ese 86 % no hace, ni hizo parte de “la guerra”.

La demagogia de la paz
Crédito de foto: David Vega especial para 90minutos.co

Hoy no escribiré nada nuevo en mi blog, porque este país es un eterno “Día de la Marmota”, hoy quiero compartirles una columna que redacté hace 21 meses para el portal Con La Oreja Roja, pero que debido a nuevos lineamientos editoriales ya no se encuentra alojada en la web de ellos, y podría decirse que hoy sigue vigente salvo que algunos nombres han cambiado.

Publicado el 20 de febrero de 2016

“Demagogia (Del gr. δημαγωγία dēmagōgía.)

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. ” Tomado del Diccionario de la lengua española – Real Academia Española ©

La demagogia con la que el Gobierno ha vendido a la opinión pública los diálogos con las Farc es perfecta. Hay colombianos que realmente piensan que, una vez se firme lo que sea que se vaya a firmar en La Habana, automáticamente entraremos en un estilo de vida digno de Suiza. Se acabará la violencia que según todos los discursos, intervenciones, alocuciones, comunicados, boletines, documentales, medios de comunicación públicos, privados, comunitarios, locales, regionales, ha desangrado al país.

Lastimosamente para los escuderos de lo que llaman “la Paz”, y lo pongo en mayúscula porque se ha convertido en un objeto de mercadeo, todavía quedamos personas que no tragamos entero. No deseo ser ave de mal agüero, pero la realidad no es como la pintan y no es que yo sea Nostradamus o Walter Mercado para predecir el futuro, solo basta con entender un poquito el país en que vivimos.

El Ejército de Liberación Nacional, ELN, grupo guerrillero que, aparte de que ahora ahora es responsable de absolutamente todo lo que sucede en este país, ha emprendido una escalada terrorista conmemorando la muerte del cura Camilo Torres recordándonos que si bien se puede llegar a unos acuerdos con las Farc, no significará que después de eso cese la horrible noche.

“La guerra” como llaman los escuderos de la paz a todo lo que no es su “Paz” y que para ellos es el enfrentamiento del Estado con las Farc, dista de ser el principal problema de nuestra tierra. Por ejemplo, las cifras de Medicina Legal de los últimos diez años calculan que el conflicto armado aporta menos del 14 % de las muertes violentas del país. El restante 86 % está distribuido en diversas causas en donde resaltan las riñas y la venganza. Ese 86 % no hace, ni hizo parte de “la guerra” y muy seguramente no presentará variación después de que lleguemos a la paz que nos están ofreciendo.

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El Gobierno y sus abanderados nos están vendiendo la idea de refrendar los acuerdos de La Habana a través de un plebiscito en el que los colombianos debemos escoger entre un s y un no. Como están las cosas se puede votar un sí en ese plebiscito pero mientras sigan los Reficar, los Montealegre, las Springer, las comunidades del anillo, las chuzadas, los seguimientos a los colegas periodistas, la mermelada, los Pretelt, las puertas giratorias en las cortes, los carruseles de reintegros, la apatía hacia La Guajira, olvídense que lo que nos están ofreciendo es acabar con uno de los problemas y ojo ni siquiera el mayor de los que tiene nuestro país.

Hay que tener presente que ante la eventual firma de los acuerdos de La Habana, así se diga lo contrario, habrá integrantes de las Farc que no querrán reincorporarse a la vida civil,  lo que implicaría o una mutación de lo que eran a un nuevo grupo ilegal o un traslado a grupos ya existentes que buscarían copar las rutas, los cultivos, la producción de drogas y todas las actividades ilícitas que generan ganancias millonarias.

Existen informaciones que hablan de lugares del país en donde miembros de las Farc estarían siendo reclutados por el ELN para eventualmente copar los territorios con poca o nula presencia fariana como estaría sucediendo en el norte del Cauca con la columna Milton Hernández. El País publicó: “En el 5 Congreso del ELN,  realizado en enero del 2015, se dio la orden a esta comisión (columna Milton Hernández) de hacer presencia en zonas de las Farc. Informantes y desmovilizados nos revelaron que tras la muerte en el 2013 en un operativo de alias Zeplin, ideólogo del Frente 6 de las Farc, los miembros de su anillo de seguridad pasaron a otros frentes y otros quedaron a la deriva. Algunos de estos fueron reclutados por el ELN”, aseguró un oficial de la Policía.

Por eso ante los posibles panoramas de un posconflicto y la corrupción enquistada en muchos aspectos de nuestro país, me parece que ofrecer paz para toda Colombia solo por firmar los acuerdos de La Habana es un absurdo o lo que vulgarmente llaman un “pajazo mental”. El enfoque de la campaña que se está haciendo por el sí del plebiscito es una falacia “Ad populum”:  en donde el fin justifica los medios.

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Sin embargo me encantaría quedarme con la boca cerrada porque si, como lo prometen, después de aceptar los acuerdos en el plebiscito vamos a ser un remanso de paz estilo Suiza, este país va a ser “la verraquera”. Ya me imagino viviendo sin cuatro por mil, sin el pésimo transporte público, sin las tasas usureras que nos quitan cada mes por entregar nuestro dinero para que otros ganen a costillas nuestras, sin los huecos en las calles que se tragan carros enteros, sin los sobrecostos de cuatro mil millones de dólares, sin las vendettas por microtráfico y sobre todo sin las noticias de niños muertos de hambre en la Guajira.

Porque déjeme decirle algo: un sí en el plebiscito no significa paz y un no tampoco significa guerra. No dejemos que nos metan los dedos a la boca. En lugar de usar la retórica lo que, no solo el presidente si no también todos los que están en trabajo de marketing de la paz, deberían decir es que con el famoso sí, sin lugar a dudas mejoraran algunos aspectos de la vida de los colombianos pero que todavía queda mucho camino para alcanzar la paz que ofrecen a los mil vientos.

Y es que mientras la corrupción, el narcotráfico, la impunidad y la injusticia continúen, por más que digamos sí y se firme todo en La Habana, dentro de otro par de años nos estarán ofreciendo otra vez la paz después de haberse sentado a negociar con otro grupo ilegal.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Carlos Polanco

Periodista. Nuestro lugar común será ese momento en que no estamos de acuerdo. Fui testigo mudo del orden público por los últimos 6 años desde las instituciones, ahora puedo opinar. Consejo gratuito: sostenga fuera del micrófono lo que valientemente dice frente a él. Actualmente estoy en el sector privado y lo que digo acá solo me representa a mi. No insista aquí no se fia.

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