Jueves, Septiembre 20 2018

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La comisión de la verdad

Se acerca la hora de la verdad para el proceso de paz. En poco tiempo sabremos los colombianos si valió la pena tanto esfuerzo. El punto de quiebre para avanzar hacia la firma de la paz será la entrega de armas, porque damos por descontado que las partes ya encontraron la fórmula jurídica que impedirá …

La comisión de la verdad

Se acerca la hora de la verdad para el proceso de paz. En poco tiempo sabremos los colombianos si valió la pena tanto esfuerzo. El punto de quiebre para avanzar hacia la firma de la paz será la entrega de armas, porque damos por descontado que las partes ya encontraron la fórmula jurídica que impedirá que los miembros de las FARC paguen con cárcel los crímenes de guerra y de lesa humanidad que cometieron durante el conflicto armado.

Las FARC han dicho que no entregaran las armas sino que harán dejación de las mismas, es decir, que las tendrán en su poder como prenda de garantía de que el gobierno cumplirá con lo pactado. Por más argumentos que ofrezca la guerrilla para demostrar que en otras ocasiones los guerrilleros fueron objeto de persecución y exterminio después de la firma de acuerdos de paz con el gobierno, tal y como ocurrió con los dirigentes de las guerrillas liberales y más recientemente con algunos líderes del M19, EPL y el QUINTIN LAME, y que existen sectores de extrema derecha ávidos de venganza, el país no aceptará bajo ninguna circunstancia una paz armada.

Es probable que el asunto se resuelva permitiendo que la guerrilla entregue las armas al grupo de países garantes, para evitar la humillación que  implicaría a los curtidos combatientes de la insurgencia hacer dicha entrega al ejército nacional. Como sea el problema de las armas tendrá que resolverse con absoluta claridad o no habrá paz.

En cuanto a la justicia, un sector de la sociedad clama que se imponga algún tipo de sanción efectiva a los guerrilleros, especialmente a los máximos responsables. La guerrilla habilidosamente ha dicho que sí de mandar a la cárcel a los máximos responsables se trata, irían encantados, junto con los máximos responsables de las atrocidades cometidas a nombre del Estado.

La tesis de todos en la cama o todos en el suelo ha puesto a pensar incluso a los más radicales, porque no cabe duda que en esta guerra se han cometido excesos de parte y parte y así diga el Procurador que los guerrilleros no se pueden equiparar a las personas de bien, es absurdo calificar como buenos ciudadanos, buenos empresarios, buenos militares o buenos gobernantes a quienes patrocinaron masacres, desapariciones y torturas de supuestos colaboradores de la guerrilla. Ni que hablar de los cerebros de los falsos positivos.

La guerrilla tiene razón cuando exige igual tratamiento para todos los sujetos involucrados en el conflicto armado y así lo entiende el gobierno. Por ese motivo en lugar de guerrilleros presos tendremos una comisión de la verdad.

La comisión de la verdad será un verdadero sucedáneo de la justicia retributiva siempre y cuando tenga previsto un horizonte claro respecto al tipo de verdad que se exigirá a los desmovilizados y los mecanismos que habrá de crearse para recaudar la información. Bajo ningún motivo podrán repetirse los errores cometidos en la jurisdicción de Justicia y Paz, creada para la desmovilización de los grupos paramilitares. En ese escenario los paramilitares aún siguen rindiendo versiones libres, solo que ahora en lugar de colaborar con la justicia y honrar su compromiso con la verdad están dedicados a señalar a personas inocentes que se negaron a pagar extorsiones. Los fiscales de Justicia y Paz terminaron bajo el control de los paramilitares, los hechos así lo demuestran.

La comisión de la verdad deberá funcionar como un órgano independiente del gobierno y las Farc. Contrario a lo que sucedió en Justicia y Paz las víctimas no pueden ser convidadas de piedra, meros testigos de las verdad que los ofensores quisieron exponer, ni destinatarios de las limosnas que ofrecen a manera de reparación. La comisión tendrá que escuchar primero, de viva voz,  a las víctimas y a partir de sus reclamos iniciar el proceso de esclarecimiento de la verdad con los desmovilizados. Si queremos empezar a sanar las heridas causadas por el conflicto debemos exigir que las víctimas sean el centro de atención y no los ofensores. Estos tendrán que limitarse a  dar las respuestas, pedir perdón y reparar el daño a las víctimas.  De lo contrario la comisión correría el riesgo de convertirse en una mera tribuna de los desmovilizados para justificar sus acciones.

La principal tarea que tendrá la comisión de la verdad es lograr que los colombianos entendamos que fue necesaria la impunidad para alcanzar la paz.

 

 

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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