Lunes, Diciembre 17 2018

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La carta de García-peña

Hace 13 años, el 4 de diciembre de 2003, Rodrigo Pardo publicó una columna en El Tiempo titulada ‘El país de los jóvenes’, que le valió el premio Simón Bolívar de Periodismo al año siguiente, en la categoría -cuál otra sino- periodismo de opinión. Todo colombiano debería leerla. Si cada cierto tiempo nos llega a …

La carta de García-peña

Hace 13 años, el 4 de diciembre de 2003, Rodrigo Pardo publicó una columna en El Tiempo titulada ‘El país de los jóvenes’, que le valió el premio Simón Bolívar de Periodismo al año siguiente, en la categoría -cuál otra sino- periodismo de opinión. Todo colombiano debería leerla. Si cada cierto tiempo nos llega a través de las redes y los spam ‘La carta a García’, ese viejo folletín que versa sobre la iniciativa, porque no leer, aprender y multiplicar la carta de García-peña.

Los García-peña son estirpe. Nombres comunes y destacadas carreras periodísticas: Su abuelo Roberto García-Peña -que firmó su columna ‘El rastro de los hechos’ con el seudónimo ‘Áyax’ y escribió más de 20 mil editoriales- dirigió el diario El Tiempo durante 42 años y fue designado director emérito hasta su muerte en 1993. Su primo, Roberto Posada García-Peña, D' Artagnan, fue columnista y director de Credencial y Lecturas Dominicales. Defensor acérrimo de Samper y deleite de caricaturistas y comensales. Otro primo, Daniel García-Peña, ex columnista de El Espectador. Muy cercano a Petro y cruzado por una cicatriz en el alma y otra en la cara que nada le importa. Destacadas carreras pero -todo hay que decirlo- no exentas de escándalos asociados a relaciones plutócratas, con ele, valga la claridad. Todos periodistas, académicos, funcionarios públicos y, en algunos casos, diplomáticos.

Fue el grado de su hijo el que lo motivó a escribir esa carta abierta a Daniel, José Manuel, Camilo, Rodrigo, Adrián, el otro Daniel… a todos. Para utilizar un lugar común, es una excelente radiografía que deja ver el esqueleto en ruinas de la nación y un tejido social maltrecho, descosido. Pero la metáfora quedaría coja, sin decir que el diagnóstico es certero, amén de la precisión de los medicamentos y las recomendaciones de rigor para la cura. Rodrigo Pardo emerge allí como padre, como amigo, como consejero, como visionario, como político, como estadista y claro, como periodista. Es fácil calificar textos que otros han premiado. Y muy difícil descalificar personas que otros tantos y tanto han elogiado.

Es el Director Editorial de la Revista Semana y su hoja de vida más que una sucesión de cargos, es un palmarés de triunfos y eventuales derrotas victoriosas. Es uno de esos tocados por los dioses, que contraría la fuerza de la gravedad y siempre se cae para arriba. Es el destino de los capaces y eso nada tiene que ver con cuestiones maniqueas. Tiene fama de sereno, de hombre muy tranquilo, diplomático en esencia. Pero es un vórtice de ideas que se convierte en caudal de decisiones pausadas y eficaces. Tal vez le deba eso a la Economía y a la Cancillería. Estuvo subido en el Barco… de Virgilio, fue uno de los gladiadores de César… Gaviria y sirvió a la importancia de llamarse Ernesto… Samper.

Desde Bogotá o París, Nueva York o Madrid, ha servido a las ideas liberales y a la construcción de país. Desde siempre ha tenido acceso a información privilegiada y al diálogo directo con las fuentes y el poder. Le encantan los análisis y contrastar fuentes. Gerardo Reyes, en el libro ‘Don Julio Mario. Biografía no autorizada’, le dedica un capítulo a El Espectador y allí -en medio de ese estilo que le permite escribir una investigación como si fuera una novela- descubre a un Rodrigo Pardo que podía colgar con Julio Mario Santodomingo y hablar de inmediato con Gabriel García Márquez. Desayunar en Madrid con Augusto López y almorzar con Daniel Samper Pizano.

En la página 354, luego de relatar cómo llega Pardo a ocupar el espacio físico de don Guillermo Cano, escribe Reyes la lección de periodismo más preclara que deba conocer reportero alguno. “En los meses siguientes, Pardo comprobó que la independencia y la libertad no eran más que los comodines retóricos para los discursos del día del periodista”. A pesar de una declaración de principios, todo terminó en intromisiones y conflicto de intereses económicos del grupo que había comprado el periódico de los Cano. No era extraño, Santo Domingo consideraba los periódicos, revólveres que se tienen guardados para dispararlos cuando se necesita. Con tintes macondianos, la frase -lo mismo que la carta- debería imprimirse y pegarse en todas las salas de redacción del mundo. No para impresionar incautos o decepcionar recién egresados, sino para intentar -como bien lo dijera Ryszard Kapuściński-, ser buenas personas y buenos periodistas. Para comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse en parte de sus destinos.

Todos sabemos que los medios de comunicación tienen dueños, ideologías, intereses. Que su entramado es complejo. Son organismos sociales vivos y, por ende, dinámicos y cambiantes. No trabajan a pérdidas y sus ganancias trascienden las ventas de publicidad. Un periodista debe comprenderlo y asumirlo. Para derrotar la ignorancia y no someter la verdad al olvido. No es mala leche, Lanata lo sabe. Debe descifrar su tiempo y repensar su entorno, su contexto, para seguir viendo como pasa la historia y él está en primera fila. Donde está Rodrigo Pardo, que estará dictando su ‘Cátedra Semana’ en el auditorio Xepia de la Universidad Autónoma de Occidente, el próximo miércoles 24 de febrero a la 10:00 a.m. Están todos invitados. Quizá escriba la segunda parte de ‘El país de los jóvenes’. La carta de García-peña II.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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