Martes, Noviembre 21 2017

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James: ¡el pusilánime!

Su tartamudez es prueba de sus temores. De ausencias inconscientes o inconfesables. Lo tiene todo, pero no lo que le sobra a Ronaldo -al que imitó sin vergüenza- y lo que jamás condenó a Maradona mientras jugó fútbol: carácter.

James: ¡el pusilánime!
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Si no es el mejor jugador de todos los tiempos en Colombia -lo que puede discutirse-, si es el más exitoso. Ha ganado lo que ninguno en nuestro país ha logrado. Y esas ganancias se miden en títulos y dólares a raudales, así sea en la banca. Dudo que otro colombiano pueda siquiera igualar su botín de oro en un mundial, con un país cuya asistencia a la cita orbital es intermitente. Aunque es probable que equiparen su cuenta bancaria, una de las diez más amplias de deportista alguno este año. Esas cifras parecen no tener límites. Es una máquina de hacer dinero. Una figura rutilante del mundo del espectáculo que deconstruye ídolos del pasado con una ligereza suprema para que suenen las cajas registradoras. Pero como nadie es perfecto, James, nuestro James, es un manojo de nervios con muy poco carácter.

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Eso lo sentó en el Real Madrid. No su fútbol, sino su miedo. No Zidane, sino su pánico. Y no es un miedo al balón, con el que vive un romance permanente. Ni a su responsabilidad creativa, que no descansa cuando pisa el terreno de juego. Ni a su condición de volante, que engalana con una zurda prodigiosa. Ni a echarse el equipo al hombro, como hace con el de su patria. Ni al arco o los espacios de la cancha que los tiene calcados en el alma, no en la memoria. Es ese miedo a expresarse sin el balón, porque su único lenguaje es el fútbol. Su tartamudez es prueba de sus temores. De ausencias inconscientes o inconfesables. Lo tiene todo, pero no lo que le sobra a Ronaldo -al que imitó sin vergüenza- y lo que jamás condenó a Maradona mientras jugó fútbol: carácter.

Y no debe ser como ellos, como ninguno, porque es único. No que hable más rápido, pero sí mejor. Personalidad sin arrogancia, sin insolencia, sin irrespeto por el otro, solo fundamentada por la convicción. Pero todo lo que conforma y rodea a James es el fútbol, el universo fútbol, esa religión que siguen millones de fanáticos que idolatran y crucifican con la misma devoción. Solo es fluido cuando juega, así lo haga mal. Esa es su mejor expresión. Ser habitante del planeta fútbol es su microcosmos. Su espacio natural es la cancha, no las pasarelas, ni las ruedas de prensa, ni las discotecas. Aunque trate de disimularlo, o lo preparen para ello, muere de terror en cada entrevista. Languidece ante cada pregunta, que casi siempre es la misma pregunta. La misma que deben repetir hordas de periodistas, obligados a seguir al héroe moderno, a ese semi Dios, imperfecto.

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Condenados como estamos a seguir más los triunfos de nuestros deportistas que el ejercicio de nuestros gobernantes, el tartamudeo de James es apenas comparable con el silencio -por momentos autista- de Messi. Son de pocas palabras. De poquísimas, casi monosilábicos. La  avanzada de su cuerpo sobre el mundo no es con la palabra, sino con la pierna izquierda. Niños prodigio para los que el mundo se reduce a una pelota. Llevados por sus familias, mimados por técnicos, puestos entre algodones por preparadores físicos, obnubiladas sus mentes por estrategas y publicitados por empresarios que pulieron el diamante solo por una de sus infinitas caras. La del negocio alrededor de un esférico que no se infla con aire sino con dinero. La de un sueño que se les cumple a muy pocos y del que casi ninguno sale sin alguna pesadilla.

Con todo y lo que significa para Colombia, James no es el mismo que descolló en Brasil 2014. Puede haber ganado experiencia, pero ha perdido la sensatez de ese muchacho ingenuo al que le han sobrado manejadores. Me atrevería incluso a decir que la figura paterna que más reconoce es la de Pékerman. La falta de carácter y los reflectores de la fama hicieron que cometiera algunos errores que hoy lo sacan del Real Madrid. Excesos que sin ser extremos afectaron su rendimiento. Miedo a seguir siendo el mismo joven disciplinado que alcanzó su sueño. Miedo a decir no a las tentaciones del efímero mundo de la fama, esa máquina que exprime jugosos frutos y desecha bagazos.

Cedido a préstamo por dos años, James llegó al Bayern Múnich con la misma actitud asustadiza y pusilánime de siempre que lo ha llevado a la banca de Envigado, Banfield, Porto, Mónaco y Real Madrid, a pesar de sus excelsas condiciones futbolísticas. No es una cuestión de humildad, sino de realidad. No compromete una sola de sus declaraciones. No demuestra trayectoria. No impone criterios. No asume responsabilidades. No se apropia de su jerarquía. No valora su palabra. No toma posiciones de fondo. No exige. En suma, sigue siendo un gatito que no marca territorio. Un muñeco de su ventrílocuo Jorge Mendes. El esclavo de un relacionista público que vive de negociar con seres humanos. Porque eso son los agentes, esclavistas modernos.

El negocio ha sido -como la pelota- redondo para todos. Para el Real que no pierde dinero y puede esperar una resurrección de James, para llevarlo de nuevo a sus toldas o para venderlo bien. (Hoy a lo sumo tres equipos en el mundo pagarían una cifra cercana a la que costó). Para el Bayern que se hace a un crack del fútbol mundial. Para James, que como todo jugador normal, lo que anhela siempre es jugar. Y para la selección Colombia que rumbo a Rusia 2018 le viene bien que juegue.

¿Y si no juega? Pues que recuerde la rabia que le daba que lo llamaran “tatareto” o “metralleta” ahora que solo entrega declaraciones armadas -como lo estipula su contrato-, para que jamás haya que rebautizarlo como James´El Pusilánime´ Rodríguez.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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