Viernes, Junio 22 2018

Isaacs: ¡120 años de ausencia!

En abril se mueren grandes escritores. El 17 de abril de 2014 se murió Gabriel García Márquez. Y también un 17 de abril, pero de 1895, Jorge Isaacs. Tal vez deba corregir y decir que en abril 17 se mueren los grandes escritores colombianos, pero un repaso a abriles lejanos me dice que al despuntar …

Isaacs: ¡120 años de ausencia!

En abril se mueren grandes escritores. El 17 de abril de 2014 se murió Gabriel García Márquez. Y también un 17 de abril, pero de 1895, Jorge Isaacs. Tal vez deba corregir y decir que en abril 17 se mueren los grandes escritores colombianos, pero un repaso a abriles lejanos me dice que al despuntar la primavera de 1839, otro 17 de abril, se fue la escritora Johanna Trosiener, madre de Arthur Schopenhauer. Y la luz de Aimé Césaire, el ideólogo del concepto ‘negritud’, se apagó el 17 de abril de 2008. Lo asombroso es que el 22 de abril de 1616, abandonó este mundo Cervantes, la máxima figura de lengua española. Y al día siguiente, el 23 de abril, Shakespeare, la máxima figura de la literatura inglesa. Y ayer no más, el 13 de abril, nos dejaron Günter Grass y Eduardo Galeano. Es un hecho irrefutable: en abril se mueren grandes escritores.

               En Alemania no cesan los medios de analizar y valorar el trabajo de quien fuera la conciencia crítica de su país en la posguerra. Su vida tan polémica como representativa su obra, son hoy en Europa ejes de eventos académicos y culturales para que jamás deje de sonar ‘El tambor de hojalata’ y toda su literatura. Es herencia su elocuencia, su irónica fantasía, su sarcástica visión del mundo, tan precisa para sus admiradores y tan obtusa para sus detractores. Hasta pronto Günter Grass.

                En Uruguay, se detuvo la pulsión creativa del más importante referente de la intelectualidad de izquierda latinoamericana, pero el país entero -y en buena parte del continente- todo palpita con la vehemencia de ‘Las venas abiertas de América Latina’ y ese caudal de crítica social que nunca abandonó su combatividad. Su serenidad casi divina para decir las cosas, retumbará en el alma de quienes admiraron la agudeza de su pensamiento y la gravedad de su voz.Hasta pronto Eduardo Galeano.

               En Colombia los medios televisivos reseñaron tímidamente -al final de sus emisiones- la muerte de Günter Grass y Eduardo Galeano. Se lamenta la partida, pero se desconoce el aporte infinito de sus voces literarias. Se anuncian homenajes y trabajos periodísticos con motivo del primer año de la muerte de ‘Gabo’, que desafió la perpetua invisibilidad que esta civilización otorga a los escritores y se convirtió en una figura tan rutilante como cualquier estrella de rock o del fútbol. Hasta siempre ‘Gabo’.

               El próximo viernes se conmemorarán 120 años de la muerte de Jorge Isaacs y el periodismo ha guardado hasta ahora un silencio sepulcral y vergonzante. Ni los grandes telediarios, ni los periódicos nacionales, pero tampoco los pequeños regionales y locales, preparan reseñas para la fecha. Hasta cuándo.

               En Cali Jorge Isaacs presta su nombre a un teatro. Su legado está, como su estatua en el Parque de los Poetas, olvidado. Un Centro Virtual en Univalle lucha contra la indiferencia. Ni en vida ni muerto se le ha reconocido su inconmensurable valor. Y eso que lo hicieron Borges, Carranza, Manuel Mejía Vallejo, Álvaro Bejarano. Y lo hacen Darío Henao, Fernando Cruz  Kronfly, Umberto Valverde y Fabio Martínez, entre otros pocos. Su nación, la que ayudó a gestar, no le rinde tributo. No en vano el que debería ser nuestro himno nacional fue escrito por Jorge Isaacs, pero Rafael Núñez -ya como presidente- impuso el suyo por la fuerza de la rivalidad y el poder. Habría que agregar solo la insondable desmemoria que genera la ignorancia provocada.

               En Ibagué, capital del Tolima y donde Isaacs vivió los últimos quince años de su vida -en una casa cedida por su amigo Emiro Kastos-, se realizarán varios actos conmemorativos. La proyección del documental ‘Cuando bramó el Combeima’, en la Biblioteca Darío Echandía, que hace un recuento de esa etapa; una lectura de poemas en la Plaza de Bolívar; una caminata de allí hasta ‘La Casona’, que se resiste a los embates del tiempo y el olvido; un evento musical y dos conferencias: ’40 años de arquitectura en Ibagué’, a cargo del arquitecto restaurador, Mario Fernando Cifuentes; y ‘El legado periodístico de Jorge Isaacs’ que correrá por cuenta de quien esto escribe.

                 Bastante poco sabemos de cuánto escribió Isaacs -diferente a ‘María’-, pues tanto su pluma como él -viajeros incesantes y exploradores perpetuos- fueron relegados e invisibilizados por quienes definen y deciden lo que debe ser historia. Como nadie ignora, Jorge Isaacs fue poeta, escritor versátil, activo combatiente, guerrero eterno, inspector de construcciones, político intenso, diplomático prudente, jurista en ciernes, etnógrafo crédulo, explorador minero, soñador de quimeras doradas, y, perseguidor perpetuo de una riqueza que le fue esquiva. Su vida sintetiza todo el espíritu de nuestro siglo XIX.

               Corresponde a los hombres de letras un espacio en la historia, pero casi nada en la actualidad, esa capa superficial de la realidad que construyen todos los días los medios de comunicación. No deben los caleños seguir alimentando la idea del ‘calibalismo’ y ese rencor que pareciera perpetuo, ante un hombre que abandonó la ciudad en 1880 y jamás regresó a ella. Dispuso que sus restos fueran a Medellín. Su recio carácter, acrecentado por la decepción que le habían causado sus otrora amigos en Cali, dilataba en él la íntima percepción de ser otro judío errante, trashumante y permanente desterrado. Aún es tiempo de resarcirse.

               Un hombre que como atañe a los buenos escritores, presagió el futuro: “Si en Colombia no luchamos por nuestras regiones, crearemos un gobierno centralista, a espaldas del país (…) Y sentenció una realidad que en escencia no ha cambiado: “Mientras en Chile los problemas se resuelven por la vía diplomática, en Colombia seguimos matándonos entre nosotros”.

               Preguntémonos, como el poeta Jorge Roa: "¿Habremos descendido tanto para no honrarnos a nosotros mismos honrando a nuestros grandes hombres?”. 

La respuesta deben darla la nación, la ciudad y la historia.

 

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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