Sábado, Octubre 19 2019

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Irma y Acoso textual

Irma y Acoso textual son dos actos de fe. Una película y un libro que se lanzarán este jueves 10 de octubre en Cali.

Irma y Acoso textual
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Hacer una película o publicar un libro en Colombia, es un acto de fe. Nadie puede negar eso sí, que los avances tecnológicos han facilitado las cosas, pero solo en términos de producción. Hoy, después de concebir una obra cinematográfica o literaria, lo más fácil es rodar o imprimir, que la cinta o el texto existan como producto tangible. Pero luego viene lo costoso y, la mayoría de las veces, inalcanzable: la promoción, la distribución y la exhibición. A la luz de los postulados rutilantes del negocio, estas tres etapas son la inversión imprescindible que garantiza la masificación de la creación. Dicho en términos más coloquiales: el que no muestra no vende. Y si ese contenido, está por fuera del circuito y los conglomerados económicos o mediáticos, no bastará con la difusión en redes, porque contrario a lo que se pregona, las plataformas televisivas siguen siendo las más influyentes. Nada más vivo que aquello a lo que se le vaticina la muerte. Nada más vivo que la fe en tiempos de desesperanza.

Irma y Acoso textual son dos actos de fe. Una película y un libro que se lanzarán este jueves 10 de octubre en Cali. La primera, en la sala Izi Movie en el centro comercial Aquarela; y el segundo, a las 4:30 pm en el Aula Geup (Grupo de editoriales universitarias del Pacífico) del Bulevar del río, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Cali. Dos ejercicios culturales de perseverancia y resistencia. Una película zafada de los cánones del cine comercial y un libro que recoge en sus páginas, ejemplos de uno de los últimos bastiones del ejercicio periodístico: la columna de opinión. Ese género que las empresas periodísticas y sus grupos dominantes no han logrado someter del todo al antojo de sus intereses –no porque no tengan escribanos a su servicio-, sino porque el espectro es tan amplio y diverso, que difícilmente podrían controlar el ejército de interpretaciones que navegan por el universo digital.

La película y el libro, son dos piezas que luchan por fuera de los rutilantes destellos del ring comercial, que se ancla solo en el espectáculo y, con escasas excepciones, en la banalidad. Como en el boxeo, la agilidad del púgil está más la cabeza que en las piernas. Pero siempre hay que moverse, porque la quietud es el nocaut. Aunque los puños parecen veloces, detrás de cada golpe, hay un movimiento calculado cuya pretensión es la victoria. Eso hace un periodista o un guionista. Irma parece una película lenta, pero es solo una estrategia narrativa que se detiene con destreza en la iluminación, en el sonido, en la ambientación, y por supuesto, en los diálogos breves, para perfilar esa pesadilla interna que atormenta a una joven que pretende forjar su futuro a través de los puños. Una contradicción metafórica donde la fuerza física emerge como una prolongación de la tremenda fuerza interior del legado paterno, esa sombra que se cierne sobre todos sus espacios, los reales y los mentales. Los de la vida cotidiana y aquellos donde a través de los sueños, los seres humanos proyectamos todas las ilusiones. Donde la vida se para en lo que sea necesario para seguir, así sea en los despojos de la muerte.

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Es un hecho irrefutable que desde cualquier escenario creativo, el autor se enfrenta a la soledad, a ese momento absorto donde en un acto de masoquismo placentero desafía la espantosa página en blanco; también se enfrenta a la búsqueda de la precisión, de la trascendencia, a esa propensión tan humana -y siempre derrotada-, de la perfección; y se enfrenta a la construcción de un relato que desde la verosimilitud y la verdad –para la película y el libro periodístico-, no muera en el intento. Y algo similar le ocurre a Irma, una joven afrocolombiana que explora y experimenta desde la soledad y la intimidad de sus anhelos, la violencia psicológica que se le atraviesa en un proyecto de vida que por momentos pareciera una condena. Una madre que intenta alejarla del boxeo y un padre que desde la magia de la herencia africana, no solo no la abandona en sus sueños, sino que le impone un derrotero insalvable. Le ata unas cadenas que la unen a un destino trágico, que su madre intenta revertir con rituales de endulzamiento.

La salvación es la condena. La búsqueda de su identidad es la búsqueda también de su pasado, de sus raíces, de una resistencia que es cultural y personal, colectiva e íntima. Irma se mueve entre dos mundos: el de la pobreza desgarradora pero digna; y el de la gloria, esquiva pero sublime. Entre la ternura de la infancia y la provocación de la adolescencia. Entre el cariño por sus míseros objetos personales y la devoción por alcanzar ese legado que pesa sobre su humanidad, como los sacos llenos de arena que golpea para hacerse fuerte e imbatible. Entre la negredumbre obediente que quiere emanciparse de la exclusión, aunque la resignación la obstruye la oportunidad; y el mestizaje inquisidor, pero tan marginal como todos. Todas, desnudas pretensiones para hacer voltear el girasol del dinero a su favor. Amarillos simbólicos en medio de la opacidad.

Luchadora precoz, Irma es la metáfora de todo aquello que sana las trompadas que da la vida, que rebota de la lona con la plasticidad propia de quienes construyen escaleras y plataformas, con peldaños como la adversidad y el desconsuelo. Irma significa aquella con gran fortaleza. Es ternura y caricia, es golpe y redención, es mujer valiente y, por qué no decirlo, un hombre reencarnado. Es perseverante y metódica, es, para no darle más rodeos al asunto, la confirmación sacrílega de que los milagros son cosas más de los humanos que de los dioses. Teje su vida con la misma destreza con la que su mamá le hace sus trenzas o con las que su panita asesinado, rapeaba en los buses articulados del MIO. Porque Irma también es un retrato de Cali, de la ciudad hecha de retazos culturales, de oleadas migratorias que la inundan una y otra vez, y de las que emergen sobre las crestas de sus olas, personajes y películas como ella. Hay que verla, porque a Irma su padre, o cualquier persona, podría haberle construido un acróstico tan elemental como eterno: Inolvidablemente Recordándote Mi Amor. Irma es escritura audiovisual, tanto como Acoso textual, periodismo literario. Hay que leerlas, son obras hechas a pulso.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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